October 21, 2005

Comentario:

Los dos caminos de la democracia en Irak

Por Humberto Caspa

Existe una forma paradójica –hasta cierto ridícula— que expresa exactamente el proceso democrático en Irak: “va mal pero sigue avanzando”. Nada detiene a los iraquíes en su meta de alcanzar a la democracia, ni las bombas que estallan diariamente en la ciudad, ni los miles de civiles y soldados muertos. A pesar de todos sus logros, la penuria de los iraquíes continua hasta que sus líderes opten por el sendero de la democracia y no por el camino oscuro de la teocracia islamita.

La constitución de Irak que está en proceso de aprobarse, es un arma de doble filo: puede ser un documento democrático o puede convertirse en un instrumento político de dominación religiosa. Veamos por qué.

De momento, no existe ningún problema con las premisas de soberanía del Estado moderno de Irak. Tiene un territorio establecido y reconocido, no solamente por la comunidad internacional sino también por su propia gente. Empero, existe una parte de la población Kurda, asentada en la parte norte de Irak, que todavía mantiene aspiraciones de independencia. Como son un pequeño número de habitantes, estas facciones no ponen en entre dicho la soberanía de Irak.

En general, tanto kurdos, chiítas y sunitas, a pesar de sus diferencias culturales y religiosas, anteponen su nacionalidad de iraquí antes que sus cualidades étnicas. Es decir, primero son iraquíes y después kurdos, chiítas o sunitas.

La semana pasada, la población votante de Irak se congregó en los recintos electorales para hacer prevalecer su autodeterminación. Es decir, votaron por la validación (o invalidación) de un documento constitucional que les permitirá elegir al tipo de gobierno y a sus líderes políticos de acuerdo a su voluntad ciudadana, su cultura, sus costumbres y a su forma de vida.

Esta constitución es la gran paradoja de la democracia en Irak. A diferencia de las constituciones establecidas en el Occidente de Europa y en la mayoría de los países latinoamericanos, la de los iraquíes sostiene explícitamente a la religión islámica, concretamente al libro del Corán, como principio y fin de su gobierno. Sin embargo, este documento también realza los derechos civiles de los ciudadanos y las libertades individuales de sus habitantes.

En algunos países latinoamericanos, como Bolivia y Colombia, sus constituciones establecen al Estado como una entidad pública religiosa. “Bolivia es una Estado Católico,” dice su Constitución. En todo caso, el Estado boliviano no es laico (sin religión) como el de Estados Unidos. Pero a diferencia de la Constitución de Irak, el documento boliviano o colombiano no antepone a la Biblia como instrumento determinante de las leyes internas y externas de sus habitantes. Los gobernantes de estos dos países latinoamericanos decidieron expulsar a la religión Católica hacia los espacios privados de su gente. En la práctica, entonces, Bolivia y Colombia son Estados laicos.

En Irak puede o no suceder lo mismo, aunque se prevé que el Corán va a tener un papel preponderante en los procesos legislativos de ese país.

En todo caso, mucho depende en el liderazgo que se establezca el 15 de diciembre de este año. Una vez que se apruebe la nueva Constitución, el electorado nacional de Irak volverá a las urnas en dos meses para elegir a sus líderes parlamentarios, quienes en su turno asumirán la responsabilidad de nombrar al nuevo Primer Ministro.

Tanto el Primer Ministro como los líderes en el Parlamento tendrán en sus manos a un documento constitucional que tiene la flexibilidad de llevar al pueblo iraquí por el camino del dogmatismo religioso o por las vías democráticas. Todo dependerá de ellos.

En el caso de Bolivia y Colombia, sus líderes políticos prefirieron ignorar la religiosidad del Estado. Hoy la Iglesia Católica sobrevive como mero grupo de interés en estos dos países. Esperemos que en el futuro, Irak siga el ejemplo de los países latinoamericanos. El otro camino sería una democracia permisiva, dogmática, altamente autoritaria como la que se practica en Irán. A este último, muy pocos desean tenerlo.

Dr. Humberto Caspa, Profesor de economía política en la Universidad Estatal de California San Marcos. E-mail: hcletters@yahoo.com

Letters to the Editor Return to the Frontpage