October 19, 2001

Antrax-Manía

Por María Elena Salinas

El terror ya no está llegando por aviones secuestrados, sino por correo. El cartero, sin darse cuenta podría ser el portador de un arma letal. Y el peligro de abrir un sobre ya no es sólo encontrarse con el balance de su tarjeta de crédito, sino con un polvito blanco que podría ser mortal. Todo esto forma parte de la nueva ansiedad colectiva por el ántrax que se vive en Estados Unidos y que comienza a cruzar las fronteras.

Con cada día que pasa aumentan los casos de personas expuestas a la bacteria del ántrax y aumenta también el temor de la gente. Aun antes de que surgiera el primer caso que resultó en la muerte de un hombre de Boca Raton, Florida, ya había preocupación de que el siguiente paso de los terroristas fuera un ataque bactereológico. Esa preocupación dio paso al nerviosismo que en algunos sitios se ha convertido en pánico y hasta en histeria.

Por ahora el blanco favorito parece ser la prensa. Aunque muchos sospechan que los terroristas vinculados a la red Al-Qaeda de Osama Bin Laden podrían ser los que han enviado sobres con la bacteria mortal, no se sabe a ciencia cierta quién es responsable. Lo cierto es que la mayoría de los casos que se han estado presentando han resultado ser una falsa alarma. Siempre hay algún loco que quiere aprovechar la situación para satisfacer su propio morbo o para vengarse de alguien. Y no sería tan difícil. Durante décadas el ántrax que se producía en un laboratorio de Iowa se vendió a varios países incluyendo Irak. Y aquí en Estados Unidos cualquiera que se identificara como científico o representante de algún centro de investigación también lo podía adquirir con facilidad.

Por ahora el blanco favorito parece ser la prensa. Aunque muchos sospechan que los terroristas vinculados a la red Al-Qaeda de Osama Bin Laden podrían ser los que han enviado sobres con la bacteria mortal, no se sabe a ciencia cierta quién es responsable. Lo cierto es que la mayoría de los casos que se han estado presentando han resultado ser una falsa alarma. Siempre hay algún loco que quiere aprovechar la situación para satisfacer su propio morbo o para vengarse de alguien. Y no sería tan difícil. Durante décadas el ántrax que se producía en un laboratorio de Iowa se vendió a varios países incluyendo Irak. Y aquí en Estados Unidos cualquiera que se identificara como científico o representante de algún centro de investigación también lo podía adquirir con facilidad.

Pero cualquiera que sea la razón y cualquiera que sea el culpable, parece estar logrando el objetivo de atermorizar y aterrorizar. Estamos como en la película del cineasta español Almodóvar, "al borde de un ataque de nervios". Entre mis compañeros de trabajo hay varios convencidos que tienen ántrax o carbunco como se le dice en español. Segura de que su resfriado es el resultado de un ataque terrorista, una de las chicas hasta llegó a apostarle a otra una cena de langosta sin pensar que si realmente tiene la enfermedad, nunca llegará a la cena. Es cierto que el ántrax es algo muy real, no es producto de nuestra imaginación. Los expertos han logrado identi-ficarlo positivamente en la Florida, Nueva York, Nevada y hasta en la capital de la nación. Pero por cada caso real de una persona expuesta al ántrax, hay miles más que se lo inmaginan.

Es por eso que las farmacias y los consultorios médicos están abarrotados por gente que quiere asegurarse que su resfriado no es algo más serio, y que quieren estar preparados en caso de que sus peores temores se hagan realidad. De esta forma el antibiótico "Cipro", que es el más efectivo para curar el ántrax, se ha convertido en el producto más codiciado del momento y el fármaco más dificil de conseguir.

En lo personal, he tratado de razonar y no caer en la histeria colectiva que sacude al país, pero reconozco que yo también he buscado el antibiótico "Cipro" por varias razones. Vivo en la Florida donde varias personas han sido expuestas. Soy miembro de la prensa, que ha sido blanco de los atentados con ántrax, y aunque por un momento pensé que por ser prensa hispana nos habríamos librado, me enteré que uno de los terroristas que secuestraron los aviones el 11 de septiembre se había suscrito a la revista Mira que publica en español la empresa American Media. Y por último soy madre, y me aterra la idea de que mis hijas puedan estar expuestas a un acto terrorista sin sentido, producto del odio.

La pediatra de mis hijas me ayudó a poner las cosas en perspectiva. Reconoció que no sería mala idea tener una dosis inicial de Cipro en casa, por si las dudas y para mi tranquilidad personal. Pero me adviritió sobre el peligro de auto-recetarse sin haber sido diagnosticada positivamente con carbunco, ya que se puede desarrollar una resistencia a los fármacos y eso es lo peor que pudiera pasar. También me advirtió que el antibiótico es para adultos y que resulta peligroso dárselo a los niños. Quizas lo más importante es que me recordó que tomando las precauciones necesarias que han estado recomendando las autoridades, un ataque bio-químico que afecte a miles de personas a la vez es sumamente difícil de realizarse.

Aun recuerdo las patéticas palabras de Osama Bin Laden el día que comenzaron los bombardeos sobre Afganistán. Nos advirtió que Estados Unidos no volvería a vivir en paz. Y aunque no podemos bajar la guardia, es posible que los que temíamos una guerra bioquímica, estemos sufriendo las consecuencias de una guerra psicológica. Para ese mal no hay fármaco que funcione. Pero quizás el mejor antídoto podría ser lo que hizo una amiga mía el pasado fin de semana. Se fue a ver no una sino dos películas cómicas, y se pasó cuatro horas riéndose sin parar. Cuatro horas en las que no sufrio de ántrax-manía.

(Salinas es una de las figuras más reconocidas del periodismo hispano de Estados Unidos. Junto a su coelga Jorge Ramos conduce el Noticiero Univisión, el de mayor audiencia en el país, tiene un espacio en la emisora nacional Radio Unica y escribe una columna frecuente sobre temas latinos).

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