October 17, 2003

Politica a la Mexicana

Cruel realidad

Por Luz Aída Salomón

“El gobierno del ‘cambio’ es una mentira. El presidente Vicente Fox no acabará con la corrupción y vendrán otros presidentes de otros partidos y seguirá México igual de corrompido y sin oportunidades para los pobres. Vivimos como en tiempos de Porfirio Díaz, explotados, sin poder mantener a nuestras familias”.

Estas son las palabras de Jorge Pluma Sandoval, trabajador indocumentado, quien “desesperado por no tener ni para comer”, tomó la decisión de dejar a su mujer embarazada y con dos hijos más en casa de su padre en el pueblo de La Magdalena Tlaltelulco, Tlaxcala, para venir a California, sin imaginar la odisea que lo esperaba. Todo empezó con el envío de un mil 300 dólares a un amigo en Sacramento para ponerlo en contacto con un “pollero” en Mexicali, Baja California.

Con lagrimas en los ojos, Jorge narra cuando el 13 de junio del 2002, se despidió con un fuerte abrazo de su esposa y sus hijos para tomar el camión a Puebla; de ahí, siguió a la Ciudad de México para trasbordar al autobús que lo llevó hasta Mexicali. Habían transcurrido tres días y se encontró con el “pollero” en un hotel previamente acordado. Al día siguiente, hasta las diez de la noche con un galón de agua, él y otros tres compañeros empezaron a seguir al “pollero”. Caminaron hasta las dos de la madrugada, donde recibieron instrucciones de esperar hasta que les dieran “luz verde” para cruzar la frontera. Objetivo que no cumplieron porque se toparon con la patrulla fronteriza junto a la termoeléctrica de Mexicali. El “pollero” los abandonó y tuvieron que emprender el regreso a Mexicali por la misma ruta, pero ya sin agua y con hambre caminaron por horas a pleno sol de verano.

De nuevo en el hotel, uno de los tres compañeros dijo conocer a una amiga. Descansaron una noche y fueron a buscarla. Ella les dió de comer y les aseguró que cruzarían la frontera por Tijuana, atravezando un cerro durante la noche. Ahí, entre gritos de mujeres que estaban violando les robaron el dinero que traían y al amanecer los detuvo “la migra”. La misma patrulla los llevó hasta la “línea”. Regresaron a buscar a la “amiga”, quien les prometió que por 2 mil dólares les conseguiría pasaporte y visa a cada uno, pero sin dinero resultó que los vendió a 100 dólares por persona. Así pasaron por cuatro contactos más. Jorge interrumpe el relato y con coraje dice: todos nos tratan como animales, como perros; yo como primerizo no sabía nada.

Pero aun faltaba lo peor. Fueron llevados a Calexico, a las orilllas de un río de aguas negras. Ahí estaban 35 personas y cuatro “polleros”. Les entregaron siete salvavidas —cámaras de llanta infladas— para que en cada una se ayudaran cinco a cruzar el río. Muchos se negaban, entre ellos una mujer embarazada, pero con amenazas de abandonarlos tuvieron que asirse a los salvavidas. Eran las ocho de la noche y los dejaron llevar por la corriente de donde salieron hasta las dos de la madrugada porque llegaron a un retén y había que esperar el cambio de guardia. Hasta las tres de la tarde estuvieron escondidos entre la maleza, temblando de frío, con sed, hambre y con un olor pestilente por el lodo negro que les cubría los cuerpos. Ya estaban cansados pero los “polleros” les gritaban: no se duerman cabrones porque aquí se quedan. Hasta el atardecer, esperaron el chiflido de un “pollero” como aviso de que salieran corriendo hasta un punto donde los recogió una camioneta.

Así, llegaron a San Diego ya aleccionados de que si los detenía una patrulla dijeran que venían de Indio de trabajar en el campo. Efectivamente, los detuvo una patrulla pero al no creerles, decomisaron la camioneta. Los “polleros” los encerraron en un túnel cercano y desde ahí hicieron una llamada por teléfono. A las pocas horas llegaron automóviles para llevarlos a una casa localizada en el centro de Los Angeles, donde estaban otras decenas de indocumentados pero también estaban empacando droga. Ahí, empezaron a cobrarles y Jorge se comunicó con su amigo en Sacramento, quien envío el dinero que él previamente le remitió desde Tlaxcala.

Ya libre de los polleros, su amigo José le mandó 200 dólares para que se fuera a Sacramento con la promesa de conseguirle trabajo. No fue así y en la segunda semana ya le daba de comer de mala gana. Jorge decidió por sí mismo salir y se encontró con un desconocido que lo invitó a San Francisco, a Las Vegas, y de nuevo a Los Angeles y a Sacramento. Ahí, le ofreció darle “mercancia” para venderla y resultó que era droga. Se libró de este “trabajo” pero no de la paliza por no aceptar beber y drogarse.

De nuevo en la calle, esta vez si corrió con suerte al encontrarse con un amigo de Toluca, Estado de México, quien le dijo que iba a Los Angeles y luego a San Diego, pero necesitaban 400 dólares y los pidió a México. Aquí, en San Diego Jorge dice: después de dos meses volví a nacer. El amigo le encontró trabajo con el suegro de un primo, pero resultó racista y lo humillaba constantemente. Entonces, le pidió buscar un trabajo en la construcción porque en Tlaxcala era albañil.

Ahora, Jorge, trabaja en la remodelación de casas y apartamentos de 7:00 a las 15:30 horas y de 17:00 a las 11:00 horas en una licorería. Gana 700 dólares por semana, de los cuales 600 envía a su familia en Tlaxcala, para construirse su casa.

“Todo se lo debo a la Virgencita de Juquila, Oaxaca, quien me ha protegido, me ha dado una esposa y tres hijos. Pero si hubiera sabido a qué venía no me arriesgo. A mis compatriotas les digo que no vengan. El sueño americano no existe. Las películas de braceros son mentiras. No se hasta cuando aguante porque para un indocumentado el tiempo no existe: hoy estás y mañana puede agarrarte la migra y de regreso a México”.

Correo electrónico: luzaidasalomon@hotmail.com

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