October 14, 2005

Perú al Desnudo

Días de Santiago revisa las prioridades de la clase media peruana

Por Jose Daniel Bort

Con una poderosa actuación del actor Pietro Sibille la película Días de Santiago llega a las carteleras de San Diego, en el marco de las presentaciones mensuales de cine del Latino Film Festival.

Santiago es un veterano de guerra tratando de conciliar su nueva vida como civil, los horrores de la confrontación armada en su país y su ne-cesidad de empezar una vida que le fue robada muy temprano. A diferencia de otros entrenamientos militares, donde los reclutas generalmente salen con una formación académica, Santiago tiene que vivir la vergüenza de recibir las migajas gubernamentales, lo que le produce vergüenza y rencor.

Estos sentimientos encontrados escalan hasta un clímax lleno de sinuosidades, multifacético, que atrapa la compleja realidad que se vive ahora en Perú y sirve como metáfora para la mayoría de las clases marginales en toda Suramérica.

Su director Josué Méndez ejercita una hermosa fotografía en colores, aunque insiste en manipularla en la sala de edición con pietaje blanco y negro asepiado que tan solo confunde y grita ¡Primer largo! Veterano de varios proyectos en su haber, Méndez promete sorprendernos dentro de poco tiempo con un gran proyecto si se concentra en la historia y deja el artificio de lado.

Su aliado principal es Pietro Sibille en el papel principal de Santiago. Embestido en una profunda piedad católica (rayana en la mojigatería) Santiago trata en lo posible de aferrarse a una realidad concreta, evitando los sueños de misiones “imposibles” que sus compañeros de brigada quieren realizar robando bancos en Lima.

También Santiago se recata de los placeres femeninos, los cuales ocupan un gran espacio en la película. Sin capacidad para amar a su mujer, Santiago decide experimentar con “dating” en la discoteca popular de su barrio. El tratar de vivir lo que no vivió en su momento lo deja aun más desasistido y frustrado.

Pero la verdadera prueba de fuego se la dará un miem-bro cercano a su familia, quien lo seduce y le pide que la saque de donde está. Santiago no está enamorado de ella, pero la necesidad de Santiago de hacer el bien, explicado en voice obres demasiado largos como la imperiosidad de orden en su vida, lo obligan a ir en contra de su propia familia.

No que le importa mucho a Santiago. En esta sociedad matriarcal el amor al sexo opuesto a través de la madre, la hermana o la mujer es lo que cuenta, y la amistad entre miembros del sexo masculino es efímera y competitiva. Como pavo reales con las plumas estiradas los hombres se retan una y otra vez, ya sea el padre jugando un doble juego hipócrita a su hijo o los hermanos que nunca se profesan cariño.

El único verdadero amor que Santiago profesa muere demasiado rápido. El “Rata”, un compañero de armas herido en acción y confinado a una silla de ruedas, es la única persona que merece la devoción de Santiago. Cuando éste decide pasar a mejor vida, Santiago hereda el carro que le da el sustento. Hablando de relaciones verdaderas en la vida.

Tan solo los gritos desesperados de la madre de Santiago al final, pidiéndole que no haga una locura, son más poderosos.

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