October 13, 2000


Encienda Una Vela
Padre Thomas J. McSweeney,
Director de The Christophers

La Escuela Católica - Ayer y Hoy

Ir a la escuela secundaria católica en el año 2000 es, sin duda, una experiencia muy distinta de lo que fue para mí 40 años atrás. Aparte del crucifijo en la pared, los únicos símbolos de mi época que aún permanecen son el retrato de John Kennedy, el primer presidente católico de EE.UU., y el del papa —ahora Juan Pablo II, en lugar de Juan XXIII.

Los cambios se ven por todas partes. Ya casi no hay sacerdotes, hermanas o hermanos religiosos en las aulas. De aproximádamente 157,000 maestros en escuelas católicas, los sacerdotes maestros representan sólo el 1%. Los maestros laicos el 93%, las hermanas religiosas el 5,5% y los hermanos sólo el 1%.

También la presencia de solamente estudiantes católicos ha cambiado. En la actualidad, a lo largo y a lo ancho de EE.UU., alrededor del 13,5% de los dos millones y medio de estudiantes en escuelas católicas, pues no son católicos. Y el 40% de las escuelas católicas, primarias y secundarias, cuentan con listas de espera de estudiantes de todos los credos.

Así como las escuelas católicas están experimentando esta extraordinaria transformación, también están evolucionando muchas de las características católicas que venían de tiempo atrás.

El castigo físico ha sido decididamente reemplazado por guía profesional. Los maestros aún ofrecen principios religiosos tradicionales, pero donde la religión acostumbraba ser doctrina, el énfasis ahora es en los valores. Los maestros invitan a los alumnos a meditar y actuar sobre temas de justicia social, proyectos de servicio a la comunidad y el desarrollo moral de la persona.

Junto con los Diez Mandamientos, a la vista de todos en aulas y corredores, se encuentran carteles que dicen, "Cree en tí mismo" y "Abre las puertas a Cristo". Cada día comienza con una oración. Los alumnos toman clases de liderazgo y van a retiros espirituales que fortalecen el carácter, así como el respeto y la consideración por distintos puntos de vista.

En Milwaukee, donde hay alrededor de 3,000 estudiantes católicos, se permite que los alumnos no participen en actividades religiosas, sin embargo nadie ha solicitado ser exceptuado.

Sin embargo, más allá de los cambios y las adaptaciones, algo en la experiencia católica se mantiene constante. El Padre Bill O'Malley de la escuela preparatoria de Fordham, en el Bronx, Nueva York, describe este fenómeno como el propósito inalterable de la educación católica —"estimular la curiosidad por el interrogante más fundamental: `¿para qué está la gente?' Si encontramos la respuesta, seremos felices, tendremos éxito y nos sentiremos realizados".

Por cierto, mis mejores recuerdos son de aquellos maestros que pensaban que su primera misión era provocar mi curiosidad sobre lo que significa ser humano. Esos maestros que nunca perdieron la paciencia con mi inagotable "¿por qué?".

Dios nos creó para que seamos curiosos, para que nos asombremos, para que pensemos. Abrir los brazos a personas de todos los credos es un signo de esperanza en el futuro. Es por eso que la escuela católica de hoy está bien ubicada para preparar a los jóvenes, para que marchen hacia "el mundo real".

Aprender sobre nosotros mismos, sobre el prójimo y sobre el mundo que compartimos, es la clave para conocer a Dios.

Para obtener una copia gratis de ECOS Cristóforos S-209 "Compartiendo el evangelio de la vida", escriba a The Christophers, 12 East 48th Street, New York, NY 10017.

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