October 12, 2001

Encienda Una Vela
Mons. Jim Lisante
Director, The Christophers

No Perdamos Tiempo en Resentimientos

Hace poco, mientras revisaba una caja llena de viejos papeles de mi escuela, me encontré con un boletín de calificaciones de mis estudios —de matemáticas y lenguaje, de primero a sexto grado. La mayoría de mis notas eran bastante buenas, pero en el sexto grado en matemáticas había bajado en forma dramática. Y precisamente, pegado al boletín había una nota recomendando ayuda especial en mis lecciones de matemáticas. Pero nunca tuve esa ayuda especial, y seguí luchando día tras día por mi cuenta.

Cuando encontré el boletín con la nota del profesor a mis padres pensé, ¿por qué no me mandaron a clases especiales de matemáticas? La verdad sea dicha, matemáticas fue terriblemente difícil para mí, todos esos años de escuela —y a veces hasta con resultados cómicos.

Una vez, por error, me pusieron en la clase de honor de trigonometría avanzada. Y cuando me quejé, me dijeron que debía permanecer en la lista, aún si no iba a las clases. Y al final del año me dieron la nota más alta de toda la clase. Y cuando por fin ingresé a la universidad, pues me encontré con que me habían colocado otra vez en clases de matemática avanzada. Y cuando me quejé, me dijeron que había sido un error de la computadora. Me llevó cierto tiempo, pero por fin me liberé de las matemáticas.

Hace poco, con el viejo boletín de calificaciones en mano, le pregunté a mi madre por qué no siguieron las recomendaciones del profesor, y me consiguieron esa ayuda especial. "Quizás mis días de estudiante podrían haber sido menos problemáticos". Mi madre me escuchó calmadamente y luego se echó a reir y dijo, "Jim, muchos de tu generación se pasan el tiempo quejándose. Pero la verdad es que los padres también cometemos errores. Y ya es hora de que tu generación deje de quejarse y de acusar, y simplemente vivan la vida". Y me recordó que, "aún sin grandes habilidades en matemáticas, has tenido una buena vida. Aprecia lo que tienes, y no te quejes por lo que no has tenido".

Y mi madre tiene razón. Nos pasamos demasiado tiempo mirando los errores que nuestros padres cometieron, y pensando cómo hubiera sido nuestra vida si hubieran hecho lo correcto. Por supuesto, hay casos extremos en que los padres, sí, merecen ser criticados. Pero en la mayoría de los casos, pienso que hicieron más bien que mal.

Sí, es importante reconocer los errores en nuestra vida —los cometidos por los demás, y que tuvieron efecto en nosotros, y también los errores cometidos por nosotros mismos. Pero se llega a un punto en que debemos detenernos y acabar con el resentimiento, debemos perdonar y seguir adelante. Permitir que el pasado controle el futuro es una lamentable pérdida de tiempo. Y Dios, nuestro Creador, no quiere que desperdiciemos la vida en esa forma. ¿No les parece?

Para obtener una copia de ECOS S-223 "Sanando las heridas de la vida", escriba a The Christophers, 12 East 48th Street, New York, NY 10017.

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