October 10, 2003

Politica a la Mexicana

Futuro Incierto

Por Luz Aída Salomón

Hoy, el Presidente mexicano, Vicente Fox está ante un dilema: retomar el camino del crecimiento económico y el desarrollo social en un clima de democracia política, y para enfrentarlo se ha propuesto sacar al país del estancamiento a partir de las reformas de Estado, energética, fiscal y laboral.

El primer obstáculo parace superado, en sus tres primeros años de gobierno –a la mitad del sexenio-, Fox ya se percató que con el solo hecho de llegar a la Presidencia no puede resolver los grandes problemas del país. En otras palabras, sacar al Partido Revolucionario (PRI) de la residencia oficial de Los Pinos ha sido insuficiente. La gran promesa foxista de campaña del “cambio” será también imposible si tampoco logra romper con la arraigada creencia de la cultura política mexicana de que el gobernante tiene en sus manos las soluciones mágicas para cada mexicano ya sea en los terrenos económico político y social.

Sin embargo, ahora viene la parte más difícil porque si antes todo giraba alrededor de la Presidencia, ahora, después del 6 de julio del 2003, quedó claro que la democracia mexicana está fallando porque si bien el sistema electoral resultó impecable, los partidos políticos todavía no se conciben como instituciones que con dinero público tienen la obligación de acercarse a los electores con candidatos que presenten propuestas claras a partir de los reclamos ciudadanos, para que ya como representantes en el Congreso estén dispuestos a garantizar un trabajo a favor de los mexicanos y no en función de intereses personales, de grupo o de ideologías partidistas. Así, de un presidencialismo autoritario pasamos a una partidocracia burocrática. Veamos por qué.

En primer lugar, la reforma de Estado —Ejecutivo, Legislativo y Judicial— lleva tres años de discusiones entre el Congreso y la Secretaría de Gobernación, responsable de la política interna, pero el principal objetivo de esta reforma que es democratizar al país ha resultado infructuoso pues significa romper al interior de los partidos con paradigmas, inercias y atavismos de una cultura política que durante 71 años ha visto en el acuerdo un acto de capitulación y en la coincidencia política, prueba plena de cooptación. Aquí está el meollo del resto de las reformas estructurales porque para lograrlas hay que pasar por acuerdos con los tres principales partidos políticos representados en el Congreso (PAN, PRI y PRD) para fijar el rumbo de México a partir de nuevas instituciones democráticas, redefinir el modelo económico y alcanzar los beneficios que estos cambios representen para el desarrollo social.

Así, vemos que desde 1997 la reforma energética está entrampada porque el Partido Revolucionario Institucional (PRI) con mayoría relativa en el Congreso aduce que en los documentos básicos de ese partido no está contemplada la reforma al artículo 27 con-stitucional, que daría certidumbre jurídica a la inversión privada que ya existe y abriría a la inversión extranjera la generación de electricidad, que para cubrir las necesidades del país en los próximos años requiere una inyección de capital de 55 mil millones de dólares .

Hasta hora, en octubre del 2003, ni siquiera al interior del PRI hay acuerdos sobre las reformas constitucionales para una reforma energética integral que comprendería también la inversión privada en PEMEX –Petróleos Mexicanos-. El senador Manuel Bartlett y el gobernador oaxaqueño José Murat, ambos priistas, encabezan la oposición a cualquier cambio que no sea fortalecer a dichas empresas paraestatales (CFE Y PEMEX) sin modificaciones a la Constitución, que permitirían abrir el sector energético a los “empresarios y los extranjeros”. Y ante la eventualidad de un acuerdo del dirigente nacional del PRI, Roberto Madrazo, con el Presidente Fox para una reforma energética, los opositores pri-istas retan a su líder a con-vocar a una asamblea nacional, integrada por 18 mil miembros de ese partido. Y por lo que hace a la tercera fuerza política en el Congreso, el izquierdista Partido de la Revolución Democrática (PRD) tampoco apoya las propuestas foxistas y de su partido –Partido Acción Nacional (PAN)-, aduciendo un nacionalismo trasnochado que impide en éste y otros temas modernizar a México con una economía de libre mercado, competitiva, para insertarlo en la globalización.

En este panorama, Fox escandalizó a los círculos políticos mexicanos al declarar en Nueva York, el pasado 24 de septiembre, que ante una eventual privatización de PEMEX “la Constitución General de la República prohíbe que nos asociemos al capital extranjero, pero fuera de México lo podemos hacer y PEMEX lo está haciendo con algunas de sus sucursales que ya tiene en Texas para refinar” (La Jornada, 09/25/03).

En cuanto a la reforma fiscal, la realidad es que en México existe una ancestral evasión de impuestos que sumado al contrabando creciente en los últimos años han dejado al gobierno sin recursos para la inversión, al grado de que que para el 2004 deberán generarse ingresos adicionales por 10 mil millones de dólares por concepto de impuestos; sin embargo, el PRI y el PRD se oponen en el Congreso a la aprobación de una reforma fiscal de tipo recaudatorio, es decir que pretenda aumentar los impuestos para incrementar los ingresos del gobierno. El último llamado de Fox sobre este tema fue también desde Nueva York: entre todos debemos buscar de dónde deben venir los recursos, la recaudación hacendaria resulta urgente para México pues se desviarían recursos destinados al desarrollo social si se utiliza el presupuesto público para invertir en materia energética.

Por último, la reforma laboral deberá pasar por la aprobación en el Congreso de las reformas de Estado, energética y fiscal pues los objetivos de ésta es liberar a los trabajadores mexicanos del corporativismo sindical y, sobre todo, generar recursos e inversiones para crear un millón de empleos.

El Presidente Vicente Fox ya entendió que sólo no puede con el paquete, ahora el Congreso tiene que asumir la responsabilidad de los cambios estructurales que el país demanda. Por el bien de México, ojalá termine la parálisis legislativa.

Correo electrónico: luzaidasalomon@hotmail.com

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