October 7, 2005

Comentario:

La Falta de ética y mesura en la nominada

Por Humberto Caspa, Ph.D.

El Procurador de Justicia Alberto R. Gonzales, el ex director de la Oficina Federal de Emergencias, Michael Brown, entre otras personas en Washington, tienen algo en común: Todos son figuras centrales del actual gobierno y todos fueron “ahijados” del Presidente George W. Bush antes de obtener esos puestos jerárquicos. Del mismo modo, la reciente nominada a la Corte Suprema de Justicia, Harriet E. Miers, fue casi todo, menos la niñera de la familia Bush.

En consecuencia, antes de indagar las facultades profesionales de la nueva nominada, el Senado de la Republica debe cuestionar la ética del Presidente Bush y el criterio que utilizó para nominarla.

Todo parece indicar que los reyes de Arabia Saudita, muy amigos de la familia Bush, le enseñaron al Presidente que a la fidelidad de los vasallos hay que saber corresponderle con oro. Como ya no es posible ofrecerles lingotes de este metal, el Presidente opta con regalarles puestos lucrativos en diversas instituciones del estado, a pesar de la ineptitud comprobada de algunos de esos personeros políticos. Michael Brown fue un ejemplo claro; vaya a saberse ¿cuántos más como él existen trabajando en el gobierno?

En este sentido, Miers estuvo bajo el sueldo directo e indirecto del Presidente por más de una década. En 1994 empezó su coqueteo laboral con George W. Bush, al convertirse en su consejera general en las elecciones para gobernador de Texas. Después de demostrar su fidelidad a los principios del nuevo Gobernador, Miers desempeñó el papel de jefe de una comisión de lotería de Texas entre 1995 y 2000. Este nombramiento fue el primer regalo político de Bush a esta señora. Para bien suyo, con su liderazgo se logró destrabar una serie de actos de corruptelas que habían empañado a esa organización financiera.

Cuando Bush ganó las elecciones del 2000 contra Al Gore, Miers recibió su segundo regalo político. Aceptó la invitación del nuevo Presidente para mudarse con su familia a Washington, desempeñando la función de secretaria de la Casa Blanca.

En el 2003 ocurrió otro regalito. Fue promovida como jefe general de los empleados de la Casa Blanca. Y sin conformarse al vasallaje ciego que le ofrecía Miers, el Presidente le bendijo con el puesto de Consejera de la Casa Blanca a principios del presente año. Este trabajo le había pertenecido a Alberto A. Gonzales, quién, por cierto, también tiene una historia parecida.

Como consejera de asuntos legales, Miers fue una figura notable en el proceso de elección de John G. Roberts para reemplazar al finado juez William Rehnquist. La pasada semana, Roberts fue aceptado por el Senado y tomó juramento como nuevo jefe de la Corte Suprema de Justicia. Asimismo, Miers jugó un papel significativo en la selección del nuevo nominado(a) que reemplazará a la juez federal Sandra Day O´Connor. Paradójicamente, ese puesto resultó ser para ella. Bendita la suerte que tiene esta mujer.

Así, el nepotismo o el “compadrazgo”, como vulgarmente se conoce a esta relación de vasallaje, siempre ha existido en nuestro sistema político. Si en México obtuvo su máxima expresión durante el régimen priísta, el nepotismo va por esos senderos en nuestro país con el actual Presidente.

Todos sabemos que a Bush le gusta rodearse de personas que tienen los mismos ideales políticos. El nombramiento de Miers establece, por otra parte, que al presidente no le importa romper ciertas éticas de comportamiento político que inhiben a un funcionario público actuar de una manera arbitraria. La imprudencia del Presidente es tal que no le interesa demostrar su falta de ética ante el pueblo norteamericano y ante los medios de comunicación mundial.

Puede ser que Miers tenga la capacidad intelectual y las aptitudes necesarias para desarrollarse en la Corte Suprema de Justicia. Eso que importa ahora. Tampoco importa si es liberal o conservadora, o si apoya o no al aborto, etc. Lo elemental aquí es lo siguiente: La forma cómo ha sido elegida, rompe con todos los hitos de ética pública. Señores Senadores Uds. tienen la palabra.

Dr. Humberto Caspa, Profesor de economía política en la Universidad Estatal de California San Marcos. E-mail: hcletters@yahoo.com

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