October 5, 2001

Comentario

Pacifismo -- Terrorismo:

El Impreciso Mensaje de Ciertos Pacifistas Norteamericanos

Por Jesus Hernández Cuellar

La paz es uno de los objetivos más importantes y maravillosos de la humanidad. La simbolizó el pintor español Pablo Picasso con la imagen de una paloma. Sus beneficios son conocidos por igual por el general Colin Powell, por el multimillonario Bill Gates y por el sub-comandante Marcos.

El mundo se prepara, sin embargo, para la guerra. Los pacifistas serios han condenado los ataques terroristas sufridos por las ciudades de Nueva York y Washington, que han dejado un saldo cercano a los siete mil muertos civiles sólo en las torres gemelas del World Trade Center, y han advertido cuidadosamente de los peligros de una guerra indiscriminada capaz de provocar una escalada de acciones y reacciones.

En Estados Unidos, como en cualquier parte del mundo, existe un movimiento pacifista y por lo menos un par de izquierdas. Muchos pacifistas norteamericanos han comenzado sus actividades, y de éstos algunos, desafortunadamente, las han comenzado con el confuso e impreciso mensaje de antaño: la culpa es de Washington. Ni una palabra sobre quienes originaron la violencia. Ni una palabra acerca de cómo se ha usado la violencia, como si hubiesen vivido durante los últimos 50 años en otra galaxia.

El mensaje de la coalición internacional que se prepara contra los agentes del terror ha dejado claramente establecido que se trata de una ofensiva contra el terrorismo, no contra el Islam. Una ofensiva contra quienes se proponen destruir los valores que hoy permiten la existencia de movimientos pacifistas que pueden expresarse libre y necesariamente, no una guerra entre Oriente y Occidente.

Por lo general, el mensaje crítico de ciertos pacifístas norteamericanos no está dirigido a Osama Bin Laden, a Sadan Hussein, o a Moamar Ghadafi, a ETA, o a Fidel Castro. De hecho, su mensaje nunca ha estado dirigido contra el terrorismo, que es el principal enemigo de la paz en la era moderna.

No hay dudas de que la política exterior de Estados Unidos presenta un largo historial de errores, contradicciones, pasos en falso y provocaciones. Por supuesto, también muestra un largo historial de contribuciones al mantenimiento de las libertades y las sociedades de derecho. Si los fenómenos políticos no se manifiestan en blanco y negro, sino con la inevitable gama de grises de todos los fenómenos, la política exterior de Estados Unidos presenta igualmente esa gama.

Pues bien, para ser tomados en serio, ciertos pacifistas debían usar la gama de grises a la que se han referido al acusar a Washington de ver el mundo en blanco y negro. Se podría empezar por ciertos aspectos de esa gama, como por ejemplo: cuando hay alrededor de siete mil familias, no sólo norteamericanas, de luto por los ataques contra Nueva York y Washington, ¿es el momento oportuno para guardar silencio hacia los perpetradores y dirigir las críticas al gobierno de Estados Unidos?

Las libertades norteamericanas, sin duda, otorgan ese derecho a criticar y el gobierno en cuestión es el encargado de garantizar esas libertades. Pero igualmente, quienes exigen a ciertos pacifistas un mensaje menos confuso, gozan de estos mismos derechos.

¿Se han preguntado alguna vez estos mensajeros de la paz qué espacio tendría el auténtico movimiento pacifista mundial en una humanidad gobernada por Sadam Hussein o por el Talibán afgano? ¿Sabe este grupo mínimo a dónde van a parar los amantes de la paz, los defensores de los derechos humanos y del medio ambiente en Irak, Libia, Cuba y Afganistán?

El mensaje que recibimos de estos pacifistas específicos no refleja esa preocupación. No la reflejó durante la Guerra Fría, cuando el mundo se debatía entre vivir bajo regímenes totalitarios colectivistas y represores de las libertades fundamentales o en las sociedades democráticas que ofrecen la oportunidad de defender el libre flujo de las ideas, el medio ambiente, los derechos civiles, el movimiento sindical organizado y la paz.

La Izquierda Norteamericana

¿Por qué ocurre esto? Estados Unidos vive una sociedad plural, y su movimiento pacifísta no es ajeno a esa pluralidad. No todos los pacifístas norteamericanos son imprecisos. Al movimiento pacifísta de este país le ocurre lo mismo que al movimiento antiglobalización. Ambos han sido secuestrados por elementos radicales dispuestos lo mismo a "defender la paz" que a incendiar Seattle por ser sede de la cumbre de la Organización Mundial de Comercio.

Estos elementos radicales son los que restan seriedad a la izquierda norteamericana e impiden que, por ejemplo, haya más representantes de los movimientos sociales auténticos en el Congreso de Estados Unidos. Simplemente, la llamada mayoría silenciosa de este país no favorece con su
voto libre a los representantes de este tipo de izquierda destructiva y atolondrada.

Es un tema viejo que viene desde los días del enfrentamiento Este-Oeste, cuando la izquierda norteamericana hizo oídos sordos a los cambios desarrollados por la izquierda europea. En la década de los 70, el español Santiago Carrillo, de vieja estirpe comunista, inauguró con otros líderes el archiconocido eurocomunismo. Esa doctrina sembró las bases de la separación de la izquierda europea de los férreos dictámenes de Moscú.

El eurocomunismo y el socialismo democrático abrazaron en Europa occidental los fundamentos de la libertad. Sus pasos iban encaminados a llegar al poder a través de elecciones libres y en competencia con otras fuerzas políticas, a las que respetarían rigurosamente si eran elegidos. Públicamente, condenaban la invasión soviética de Afganistán y las violaciones a los derechos humanos en el bloque del este, así como la política exterior de Estados Unidos en el Medio Oriente y en Vietnam. De esta teoría se beneficiaron gobier-nos socialistas de España y Francia durante muchos años, en medio de la Guerra Fría.

Mientras tanto, el Partido Comunista de Estados Unidos se quedó encerrado en la defensa de las obsoletas doctrinas de Moscú. Una contradicción inexplicable si se tiene en cuenta que Estados Unidos era el país apropiado para el desarrollo de una izquierda democrática, ya desembarazada desde mediados de los años 50 del feroz anticomunismo que desató el McCarthismo, una era de hostigamiento a los comunistas que fueron acusados por el senador republicano Joseph R. McCarthy de deslealtad a Estados Unidos. Según la mayoría de los historiadores, el McCarthismo se manifestó entre 1950 y 1954, especialmente durante la guerra de Corea. Murió no sólo por acusar a muchos norteamericanos sin pruebas, sino también porque violaba preceptos importantísimos de la Constitución de Estados Unidos. En aquel momento, la izquierda norteamericana no se percató de que había obtenido una victoria, y si lo hizo no aprovechó su victoria.

Muchos atribuyen aquella actitud del Partido Comunista en los días de la Guerra Fría al hecho de que la izquierda norteamericana pro-Moscú estaba convencida de que jamás ganaría una elección, tanto por los rezagos del McCarthismo como por lo poco que podía ofrecerle a sus electores en el país con el más alto nivel de vida del mundo.

A casi 30 años del fin de la tragedia de Vietnam y a una década de la muerte de la Guerra Fría, la izquierda norteamericana no se recupera. Sus elementos más visionarios se integraron al Partido Demócrata. Su momento de gloria en la era moderna fue durante la presidencia de Bill Clinton. El resto se quedó girando sin rumbo fijo, en la protesta por la protesta, carente de una propuesta inteligente y atractiva para las masas, e interminablemente traumatizada por el derrumbe del Kremlin.

Esa izquierda es todavía la misma que defendía "libertades y derechos" sólo para sí misma, al tiempo que se abrazaba y se abraza con los dictadores marxistas -muy especialmente los antinorteamericanos- que negaban y niegan a sus pueblos esas libertades y esos derechos. En tiempos normales, ningún norteamericano promedio dejaría a un lado su pasatiempo favorito para escucharla. Pero hoy, después del derrumbe de las torres gemelas del World Trade Center, podría estar dispuesto a volverse contra ella. Y esa izquierda ciega, podría perder otra vez las oportunidades que tuvo en sus manos cuando McCarthy fue derrotado, cuando nació el eurocomunismo y cuando terminó la guerra de Vietnam.

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