October 5, 2001

Encienda Una Vela
Mons. Jim Lisante
Director, The Christophers

Cumpliendo Con Su Deber

Hoy deseo comentarles algo sobre mi padre. Nació en 1920, en un hogar italiano-norteamericano. Trabajó para pagarse sus estudios, y después de prestar servicio en la Segunda Guerra Mundial llegó a ser oficial de la Policía de Nueva York. Además, mientras servía como policía, estudiaba leyes en la universidad, por la noche. Al mismo tiempo, se casó con mi madre y formaron una familia. Y en la década de los 80 se jubiló, y desde entonces ha disfrutado de muy lindos momentos con mi madre y con los nietos.

En las historias que mi padre nos cuenta, de su vida y su carrera, casi nunca menciona los años que sirvió como capitán en la Infantería de Marina, en el Pacífico. Cuando le preguntamos, nos da solamente respuestas breves. Sé, por las medallas que tiene guardadas en una caja en el garage, que sirvió con honor. Pero nunca muestra las medallas, ni las menciona. Algo que para la gente de mi generación es difícil de entender. Me cuesta imaginar que uno luche en una guerra mundial, que sea herido, o que vea a los amigos morir en nombre de la libertad, y no hablar sobre el tema.

Y un día insistí. "Papá, ¿por qué no nos cuentas más sobre tus experiencias en la guerra? Tiene que haber sido una de las experiencias más significativas, ¿verdad?" Pues no lo negó, y me dió detalles sobre el entrenamiento militar, recordando los desafíos y dificultades que enfrentaban esos muchachos jóvenes. Sí, era interesante, pero otra vez dejaba a un lado la guerra misma. Y le pregunté, "¿y los campos de batalla?" Se detuvo un momento, y finalmente me habló de los combates y la tristeza. Pero también me hizo entender el silencio de su generación.

"Lo que pasa, Jim, es que lo que hice no era nada especial. Estábamos allí. Cumplimos con nuestro deber, y corrimos riesgos, todos por igual. Lo que hice no fue mejor ni peor que lo que hicieron los demás. Debíamos cumplir con nuestro deber, y lo hicimos. Y el precio fue muy alto. Muchos murieron, otros fueron heridos. Muchos jóvenes, de dieciocho o diecinueve años, pagaron el precio más alto. Nunca llegaron a vivir la vida como la he vivido yo. Casándome con tu madre... teniendo hijos... jugando con mis nietos... habiendo estudiado una carrera. Hicimos lo que teníamos que hacer, y no es necesario darle ninguna atención especial. Y los que volvimos a casa, fuimos los afortunados".

Y ahora entiendo. Mi padre no fue el único. Todos ellos respondieron al llamado, debían cumplir con su deber, y lo hicieron con espíritu pleno. Obviamente no tenían esos intereses que parece tener mi generación, y aún los más jóvenes. Para muchos de nosotros, todo lo que requiera nuestro tiempo y energía debe darnos algo a cambio. Hoy día, la idea de hacer algo por el bien de todos, sin beneficio propio, no es muy popular. Y es una pena. Porque hay algo muy noble en esos seres humanos que hoy vemos como ancianos. Dieron sin reparar en el sacrificio. Ofrecieron sus vidas por un mundo mejor. Dieron en silencio. Esos ancianos son, y deben ser, los héroes de mi generación y las venideras.

Mis padres se conocieron antes de la guerra, pero se casaron después. Como muchos en aquellos tiempos, decidieron poner sus intereses personales en suspenso. Y al final de la guerra finalmente llegaron al altar. Mi padre recuerda que ese día fue de felicidad y pena. Felicidad por él mismo, por su nueva esposa y sus familias. Pena por aquellos amigos que no volvieron, y nunca vivirían esa experiencia ellos mismos.

Es por eso que la próxima vez que veamos a nuestros ancianos, ¿por qué no rezamos una oración de gracias en silencio? Son nuestros héroes, los que representan el verdadero significado del amor desinteresado. Y gracias a sus sacrificios, hoy vivimos en un mundo mejor.

Para obtener una copia gratis de ECOS S-198 "Una cuestión de conciencia?, escriba a The Christophers, 12 East 48th Street, New York, NY 10017.

Return to the Frontpage