October 4, 2002

Un Título Universitario — Solamente Para Los Ricos en Tijuana

Por Mariana Martinez

Intenté dos veces entrar a medicina a la UABC, ya para la segunda estaba súper de-sesperada, se le da preferencia a los hijos de médicos, más si son egresados de ahí. No podía estar otro año sin estudiar y así entre a la Ibero, a estudiar ingeniería, que también me gusta. Ahora trabajo como becaria en mis horas libres de la escuela para poder pagar la universidad.

-- Testimonio de Hilda
Estudiante de Ingeniería Electromecánica en la UIA

TIJUANA, BC. — En la ciudad de Tijuana historias como la de Hilda se han vuelto cada vez más comunes. Con más de 2600 rechazados en la Universidad Autónoma de Baja California-UABC- a nivel estatal, muchos estudiantes que planeaban cursar su carrera en la escuela pública se enfrentan a la disyuntiva de seguir intentando o entrar a una de las muchas universidades privadas de la ciudad.

Según reportes de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior-ANUIES-La ciudad de Tijuana tiene en total 30 escuelas de estudios superiores.

Ocho de ellas son públicas; dos dedicadas exclusivamente a procesos de enseñanza, un centro de investigaciones en la que se imparten maestrías y doctorados (el COLEF) y el resto, universidades que ofrecen principalmente licenciaturas e ingenierías.

La Universidad Autónoma de Baja California es la mayor y más concurrida de estas universidades públicas, con planteles en cuatro de los municipios del estado, ofrece 35 carreras en Mexicali, 11 en Ensenada, una en Tecate y 20 en la ciudad de Tijuana.

En este último período entraron en esta ciudad casi 3000 jóvenes a sus distintas facultades con un costo promedio por semestre de entre 1000 y 2000 pesos.

Su alto nivel académico y bajo costo hacen de la UABC la primera opción para muchos estudiantes.

A diferencia de las Universidades en Estados Unidos, la educación superior en México se estructura de manera que la carrera debe estar declarada desde antes de entrar a la universidad, que esta dividida por facultades, cada una con diferentes estructuras y capacidades de cupo.

Pero la demanda es desequilibrada, para carreras como comunicación, derecho y negocios la demanda supera hasta 3 veces la capacidad de la Universidad, mientras que la facultad de ciencias químicas o ingeniería electrónica o industrial presentan pocas solicitudes.

Después de la publicación de los resultados del examen de admisión, las oficinas de la UABC se inundan de quejosos, preocupados, la angustia en el aire desespera. Las citas con el director y los intentos de “hablar con alguien” son el drama repetido de cada semestre.

Del diez al quince por ciento de los aceptados a la Universidad no se inscribe, y entonces se le da el lugar al siguiente candidato según el puntaje del examen, también se les sugiere cambiar de carrera a una menos concurrida.

Yo no tenía idea de que estudiar, pero me dijeron que Literatura no estaba muy lleno, y entraría fácil; curse la carrera y hace dos años que salí, la neta, me arrepiento de no haber pensado mejor, o esperarme a entrar a algo que me gustara mas. ¿Qué hago ahora con mi carrera de literatura aquí en Tijuana?.

--Testimonio Alex.

Oportunidades ¿para quién?

Debido a la desesperación de muchos jóvenes tener una universidad privada se ha convertido en un gran negocio en esta frontera, donde en los últimos años se han abierto un gran número de escuelas-muchas de ellas sin la validación correspondiente o en trámite- que anuncian títulos uni-versitarios en poco tiempo, y mucho dinero.

22 universidades privadas, para una ciudad de 3 millones de habitantes sería un lujo, si no fuera porque muchas carecen del RVOE: el reconocimiento de validez de estudios- sin él, no le es posible a la institución expedir títulos universitarios.

Este RVOE lo otorga la autoridad educativa SEP o el gobierno del estado después de que la institución presenta un informe detallado sobre sus planes de estudio, instalaciones, profesorado y directivos encargados de la institución.

Muchas universidades de la ciudad han decidido estructurarse en cuatrimestres, tres en el año, para así ofrecer carreras terminadas en menor tiempo, los anuncios panorámicos que inundan la ciudad, dicen licenciaturas en tres años.

Los precios de las universidades privadas varían mucho, pero en general la inscripción cuesta aproximadamente unos 3500 pesos y 4000 por mes.

¿Qué hacen las autoridades educativas al respecto?

Ante las quejas, las autoridades de educación realizan la inspección correspondiente a la institución denunciada. También se planean abrir nuevas escuelas con recursos estatales. Entre los grandes retos que presenta esta ciudad, está el de saber la demanda real de su población respecto a educación; ¿cuantos somos? ¿Cuántos seremos?, para así cuantificar necesidades.

Para una ciudad con una dinámica social como la de Tijuana, con el flujo de migrantes que no llegan a Estados Unidos, o que vuelven de él y se instalan en esta ciudad, el crecimiento y variación de población es un constante fluctuar que no permite fácilmente establecer necesidades en lo que parece ser un nudo en movimiento.

Como tantos otros cambios necesarios, crear más y mejores escuelas de educación superior en el área de Tijuana tomará mucho tiempo y recursos que tal vez no estén disponibles. Las personas necesitan estudiar ahora, y encontrar soluciones personales.

Esto es muy preocupante para los padres de familia que contaban con la educación universitaria gratuita de sus hijos. Una familia con 3 hijos, digamos, 2 en preparatoria y uno en universidad tendría que gastar diez mil pesos al mes en colegiaturas, sin incluir los gastos de inscripción y compra de uniformes que muchas de estas escuelas requieren.

Las familias tienen que encontrar nuevas maneras de procurar la educación de sus hijos.

Por ello no es de sorprenderse que según estadísticas del INEGI, 18.2 % de la población entre 12 y 19 años de edad sea económicamente activa, y 67.5% de los jóvenes entre 20 y 25 también.

Este porcentaje es mucho más alto que en el resto del país, y se debe en parte a la gran exigencia de recursos que requiere vivir y estudiar en esta ciudad.

Estudiar entonces es un lujo.

Cambiando el rostro del universitario.

Yo preferí pagar por una carrera que estudiar en una universidad pública, pero las cosas están difíciles en mi casa, así que me metí a tra-bajar tiempo completo durante toda mi carrera, de tres de la tarde a medianoche como operadora en una compañía de teléfonos.

Estuvo muy difícil pero al salir de la carrera no quería deberle nada a nadie.

--Testimonio de July.
(Mejor promedio de su generación 1997-2002)

Muchas de las universidades de la ciudad adoptan el slogan “rápido y sencillo”. Tijuana parece una ciudad en que lo importante es el título y no la experiencia formativa que representa. Así como las universidades de la ciudad parece que se adaptan a la dinámica utilitaria del mercado, así también sufren una transformación los estudiantes: La idea que muchos tenían de la vida universitaria es una llena de libros, de clases y de compañeros, en la que el ambiente e intercambio de ideas facilite el uso del tiempo en actividades extracurriculares.

Esto resulta una ilusión perdida para muchos estudiantes en Tijuana, no solo la idea ser estudiante de tiempo completo se desvanece, debido a la desigual relación de precios-sueldos que existe en la ciudad, muchos estudiantes son trabajadores de tiempo completo. Con 40 horas a la semana dedicadas al trabajo, estudiar es más un acto “extra” en la vida de un trabajador que una verdadera vocación.

Al ser egresados de preparatoria únicamente, pocos son los estudiantes que pueden utilizar la necesidad como una experiencia formativa en su campo de trabajo, no se les ofrece un trabajo en su área de interés. La gran mayoría trabaja en lo que le de más dinero y mejor horario. Por eso, las empresas de telemarketing de la ciudad están llenas de estudiantes de universidad, incluso ajustan los horarios de trabajo-tiempo completo o mínimo 6 horas diarias- para que los estudiantes puedan ir a la escuela.

Algunos, los más afortunados logran pagar su universidad como becarios, trabajando en algún área de la escuela, a cambio de un porcentaje de beca para sus estudios. Cada semestre este tipo de arreglo entre estudiante y escuela es evaluado por el comité... la angustia de esos días de deliberación es enorme ¿qué tal si no me renuevan la beca? ¿Qué hago entonces?

Cambiar de universidad no es muy viable, ya que SEP solo permite una revalidación del 40% de los estudios realizados en otra universidad.

No es de extrañarse que la mayoría de los campus universitarios no cuenten con instalaciones deportivas llenas de estudiantes, clubes de ajedrez o compañías de teatro.

“Yo quisiera estar otra vez en un equipo de basquetball, pero trabajo en un despacho de abogados de 9 a 5 y de 5 a 10 a la escuela, solo quiero dormir cuando vuelvo a mi casa”

--Rodrigo.

En muchos casos los entrenamientos de los equipos deportivos se realizan a horarios que van de las diez de la noche a las doce o una de la mañana, ¿por qué? Porque no tienen otro tiempo para hacerlo.

Poco a poco lo que era visualizado como un momento de formación, búsqueda y fortalecimiento de carácter se ha convertido en un extra, otra tarea más para el joven, a quién la sociedad apura, empuja y presiona hacía la vida productiva sin demasiados elementos de juicio ni oportunidad de decisión propia.

La misma economía hace que cada vez menos familias puedan apoyar a sus hijos en sus estudios, y que cada vez se adelante la entrada de las personas a la vida productiva de tiempo completo.

Independientemente de la apremiante necesidad económica, y de la necesidad del mercado de gente “entrenada” sería importante ver a largo plazo que conlleva que las universidades sucumban ante estas exigencias.

Sería ilusorio pensar en que el gobierno pueda satisfacer las necesidades de educación de toda la población en un futuro inmediato, la existencia de la universidad privada es muy importante, pero también lo es la vigilancia que de cierta uniformidad a la educación superior de esta ciudad, como apunta el investigador Benedicto Ruíz en Frontera (21-Sept-02), “Se vive un acentuado proceso de “desacademización” que consiste en el empobrecimiento de la vida académica asociada con el intercambio de ideas, el análisis y el debate... se ha impuesto la visión profesionalizante que concibe a la universidad como el paso necesario e intermedio para acceder al mercado laboral, el que demanda habilidades y destrezas no siempre compatibles con horizontes culturales más amplios”.

¿Cómo salvar el conocimiento frente al torrente de exigencias del mercado?

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