November 24, 2004

Tijuana como nunca la habías visto

Por Pablo Jaime Sainz

A pesar de que he radicado en Tijuana por más de tres años, no fue hasta que tomé la clase “La región fronteriza E.U.-México”, ofrecida por el Departamento de Estudios Latinoamericanos en la Universidad Estatal de San Diego (SDSU, por sus siglas en inglés), que empezé a conocer la diversidad que ofrece la ciudad.

Enseñada por Victor Clark-Alfaro, director del Centro Binacional para los Derechos Humanos en Tijuana, la clase es única en el catalogo de clases de SDSU. Mientras que la mayoría de los cursos en SDSU se enseñan en un salón de clases tradicional, donde los estudiantes se sientan en un mesabanco y escuchan a la lección del profesor, la clase de “La región fronteriza” es todo menos eso.

Primero que nada, la clase toma lugar en Tijuana, por una razón muy particular.

“Cuando me invitaron a enseñar una clase acerca de la frontera en SDSU, pensé, ‘Si la frontera está a sólo 20 minutos, ¿por qué no enseñar la clase en la misma frontera?’”, indica Clark-Alfaro, quien ha ofrecido la clase desde 1998. “De esa manera, los estudiantes pueden tener la experiencia de conocer la frontera misma”.

Pero la clase tiene algo aún más interesante: en igual de sentarse en un salón de clases, cada semana los estudiantes van a un lugar diferente a conocer a sus invitados.

Y los temas tratados cada clase dan voz a personajes rara vez tratados en una clase tradicional: una semana los estudiantes se encuentran con un grupo de transexuales, otra semana los invitados son prostitutas que trabajan en la Zona Norte, la zona de tolerancia de Tijuana.

También hay semanas cuando los estudiantes se juntan con las autoridades de Tijuana para hablar acerca de temas de seguridad, o cuando los estudiantes van a la casa de una familia indígena mixteca de Oaxaca a celebrar el Día de los Muertos.

“El hecho de que ofrezcamos una clase donde le damos la oportunidad a transexuales de hablar acerca de su vida o el hecho de que vayamos a lugares reales a ver como viven en verdad los residentes de Tijuana, hace esta clase interesante para la mayoría de los estudiantes que quieren aprender acerca de la frontera”, afirmó Clark-Alfaro. “Mi idea es convertir la clase en una aventura para los estudiantes”.

Tanto así, que Estudios Latinoamericanos 580, el nombre oficial de la clase, se ha vuelto muy popular entre los estudiantes de SDSU.

“Cada semestre tengo entre 25 a 40 estudiantes matriculados”, dijo Clark-Alfaro.

Algo que encontré fascinante fue que a pesar de que la clase es totalmente en español, cerca de la mitad de los estudiantes son anglosajones que hablan muy bien español.

Otro aspecto que me pareció interesante es que cuatro estudiantes vienen del extranjero. Este año, por ejemplo, hay dos estudiantes de intercambio desde Alemania.

Uno de ellos es Philipp Greter, un estudiante de la Universidad de Colonia que estudia estudios latinoame-ricanos. Philipp está en SDSU por un semestre y dijo que su experiencia en los Estados Unidos se ha enriquecido gracias a la clase de “La región fronteriza”.

Pero hasta yo, una persona que pensaba que conocía Tijuana mejor que muchos, me he beneficiado al tomar esta clase.

Después de visitar El Bordo, el lugar donde docenas de inmigrantes esperan que la Patrulla Fronteriza cambie de turno para tratar de cruzar el cerco ilegalmente, empezé a entender las dificultades economicas que enfrentan muchos mexicanos a diario.

También, después de platicar con Juanita, una indígena mixteca de Oaxaca que habla poco español, aprendí que no todos los que viven en Tijuana ven el mundo como lo ve la mayoría de los mexicanos.

“Este curso tiene una microperspectiva al contrario de otras clases que tienen un enfoque global, e incluye material que no es enseñado con frecuencia en universidades en cualquier lado de la frontera”, indica el programa de estudios del curso.

Sin duda, esta “diferencia” es lo que la hace una de las más gratificantes –y controversiales—clases en el Departamento de Estudios Latino-americanos en SDSU.

“Siempre recibo buenos comentarios de los estudiantes y hasta de otros profesores”, afirmó Clark-Alfaro.

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