November 22, 2000


Encienda Una Vela
Mons. Thomas J. McSweeney,
Director de The Christophers

Abraham Lincoln y el Día de Gracias

Las siguientes palabras fueron dichas hace más de cien años y sin embargo aún hoy tienen vigencia. "El año que está llegando a su fin ha sido bendecido con campos productivos y cielos diáfanos. A esta abundancia que tanto disfrutamos, al punto que olvidamos la fuente de la que proviene, le han seguido otras gratificaciones, tan extraordinaria que no dejan de penetrar el corazón usualmente indiferente a la constante providencia de Dios Todopoderoso".

Es obvio, en estas líneas, el profundo aprecio por las bendiciones de Dios. Tanto que sería fácil pensar que el autor las pronunció en tiempos de paz y prosperidad.

Pero no fue así. Pues se trata de las primeras palabras de la proclamación presidencial de Abraham Lincoln en el Día de Gracias de 1863 —en medio de una guerra civil de inmensurable magnitud.

El sabía bien de la matanza, el odio y el dolor que destrozaban al pueblo de Estados Unidos. El sabía de sus propios fracasos personales, desiluciones y derrotas, incluyendo la muerte de sus dos hijos jóvenes. Pero aún así el presidente Lincoln podía reconocer las bendiciones que, sí existían: la paz con otras naciones, el orden civil que se había podido sostener, la prosperidad del comercio y la industria.

"Son los preciosos dones de Dios, el Altísimo". Y agregó, "Me ha parecido justo y apropiado que se reconozcan solemnemente, con reverencia y gratitud, como si fuera todo el pueblo norteamericano en un solo corazón y una sola voz". Y fue así que se dispuso que un Jueves, en el mes de noviembre, fuera el Día de Gracias.

En realidad la idea —y exhortación— de proclamar ese día se inició con Sarah Hale, editora de una revista y líder de la educación avanzada para la mujer. Algunos estados, especialmente en el noreste de EE.UU., habían observado un día de gracias mucho antes de la historia de la nación —en base a la celebración de los Peregrinos junto con los indios de la tribu Wampanoag, lo que comúnmente se conoce como "el Primer Día de Gracias". Aunque no debemos olvidar que dedicar un día para celebrar al Creador, especialmente durante la época de la cosecha, es una antigua tradición. En Estados Unidos, se estableció como fecha nacional en 1940.

Lo que Abraham Lincoln y quienes celebran el Día de Gracias tienen en común es el reconocimiento de que dependemos de la Divina Providencia. No es difícil agradecer las cosas buenas que nos han dado. ¿Pero podemos apreciar todo lo que forma parte de nuestra vida, incluyendo lo doloroso y difícil? ¿Y podemos decir "gracias, Señor"? Por supuesto que si.

Dios merece nuestras gracias, no sólo cuando nos sentimos satisfechos con la vida y felices, sino también cuando no entendemos las circunstancias que nos rodean y no las podemos controlar. La gratitud es una expresión de nuestra fe, es abrir nuestra alma a la gracia y la paz de Dios. Más aún, estoy convencido que un corazón agradecido es un corazón feliz.

En su primera carta a los tesalonicenses, San Pablo dice, "constantemente procuren el bien entre ustedes y con los demás. Estén siempre felices, oren sin cesar y den gracias a Dios en toda ocasión; porque ésto es lo que Dios quiere de ustedes".

En el Día de Gracias, agradezcan a quienes los rodean y agradezcan a Dios.

Y no se olviden de seguir agradeciendo, también al día siguiente.

Para obtener una copia gratis de ECOS Cristóforos S-213 "Viviendo la regla de oro", escriba a The Christophers, 12 East 48th Street, New York, NY 10017.

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