November 21, 2003

¿Cuánto pesa el alma?

González Iñarritu intenta contestar las preguntas difíciles en “21 Grams”

Por Jose Daniel Bort

La nueva película de Alejandro González Iñárritu sufre de muchos de los problemas que geniales primeros directores cometen en la segunda producción. Sin embargo, la ambición con que discute sus temas y su urgencia emocional la hacen una impresionante y poderosa pieza del mejor cine “Americano”.

Concebida en español por el certero escritor mexicano Guillermo Arriaga y trducida al inglés para acoplar su producción, 21 Gramos investiga las opciones de vida de tres individuos ante la fatalidad. El pathos se produce vía un accidente automovilístico y una enfermedad seriamente amenazante. Tres completos extraños cruzan destinos en un instante, y las conscuencias de sus acciones influyen directamente en la vida de los otros. La idea original y la ejecución de la premisa son impecables cinematográficamente.

Cómo evoluciona la historia es otra cosa. La maravillosa ironía en esta película es que las decisiones de González Iñárritu en su lenguaje fílmico son a su vez sus mayores fortalezas y sus problemas. Sean Penn es Paul, quien agoniza en la cama de un hospital y lucha por asumir su fatalidad. Naomi Watts es Christina, quien pierde a toda su familia repentinamente y se aferra a su dignidad para poder seguir viviendo. Benicio del Toro es Jack, para quien su nueva religión es la única posible salida para su perenne rabia con el orden.

El director escoge fragmentar la historia y contarla sin sucesión lógica de tiempo y espacio. Se sabe que los personajes no tienen historias pasadas juntos, así que todo lo que sucede tan solo puede ser en el futuro. Cuando avanza la narración y ellos se contradicen, con lapsos en la narración que el espectador debe llenar por su cuenta, sugiriendo acciones que luego se revocan, en escenas tan cortas que parecen flashes de una cámara, el efecto es apabullante y deslumbrador. Prácticamente mimetiza el estado de ánimo en que viven sumidos sus protagonistas. Genial.

Pero González confía en que su audiencia lo seguirá apropiadamente durante la primera parte de la película, para luego sobreexplicar el desenlace y llenarlo de detalles innecesarios. El ritmo de 21 Grams cambia de vertiginoso a redundante alrededor del climax, y esto afecta el resultado final.

El salto de presente a futuro y vuelta al pasado también tiene otro problema, que es que cuando se tiene que acabar la historia y llegar a su punto final, mientras más concreto y sucinto mejor, por lo que la estructura se evapora ante los ojos del espectador.

Lo más impresionante de 21 Grams es el elenco. Cada actor, por mas pequeño que sea su personaje, está idealmente escogido. Los protagonistas se lanzan emocionalmente en picada sin malla de protección, dando un completo voto de confianza a su director.

Benicio del Toro y Sean Penn son los actores más creativos de su generacion (con la posible inclusión de Russell Crowe y Johnny Depp), y ambos se camaleonizan en esencias nada parecidas a lo que han venido haciendo. Penn es particularmente interesante ya que Paul es quizá lo opuesto al Jimmy Markun de “Mystic River”, con una energía pasivoagresiva que espeluzna. Del Toro tiene tanta rabia en su mirada que podría matar con la vista al que se le pase por delante, como en efecto sucede.

Naomi Watts es la que más arriesga en su interpretacion. Como un volcán a punto de estallar en cualquier momento, cuando lo hace destruye todo a su alrededor. Su personaje Christina tiene la lección más difícil de aprender de los tres, sumida en un intrinseco sentido cristiano incrustado en nuestra cultura latina. Pero el mejor trabajo de actuación pertenece a la actriz de Nueva York Melissa Leo, quien hace la esposa de Jack (Del Toro). La actriz deshoja la cebolla de su vida, y mientras más deshoja, más profunda es la herida.

21 Grams
Clasificacion: R
Con: Sean Penn, Naomi Watts, Benicio del Toro, Melissa Leo.
Dirigida por: Alejandro González Iñárritu.
Chiles: 4 ½ de 5

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