November 20, 1998


La Dictadura de Porfirio Diaz

Era Riesgosa

Por Jorge Fernandez Tomas

Los treinta años de dictadura de Porfirio Díaz significaron una profunda transformación para el país. La propiedad comunal se disolvió y muchos campesinos se quedaron sin tierras, obligados a trabajar para las grandes haciendas. Como consecuencia de esto, se inició la emigración hacia la frontera norte del país.

La Industrialización

La introducción del ferrocarril favorecía la integración del mercado interno y, con ello, la incipiente industrialización. A medida que se articulaba dicho mercado y la hacienda agroexportadora entraba en su etapa de auge y expansión, las relaciones de trabajo se fueron transformando. El campesino aparcero y mediero, privado de sus tierras, se convirtió en jornalero agrícola, mientras que, por otro lado, se inició la expulsión de la mano de obra rural hacia los nuevos centros de industrialización, formándose así los primeros grupos de trabajadores fabriles.

La Política

Políticamente, el Estado mexicano fué centralizándose y los intereses regionales se supeditaron a un proyecto de desarrollo nacional moderno. Ante las consecuencias sociales de este proceso, gran parte del país opuso resistencia. Desde los primeros años fueron frecuentes las sublevaciones campesinas, las huelgas en fábricas y minas y, antes de que terminara el siglo, amplios sectores del antiguo artesanado se movilizaron también, formando grupos de oposición.

La respuesta del régimen fué, en algunos casos, la manipulación y, en otros, la abierta represión.

El Partido Liberal Mexicano

Hacia 1906-1907 una serie de factores (la crisis económica mundial; los primeros intentos de los obreros por darse una organización autónoma; la presencia de una oposición crítica, armada y con un proyecto nacional representada por el Partido Liberal Mexicano) mostraron a los ojos de todos ese pobre espacio que tenía la dictadura para moverse: no poseía recursos que aliviara la crisis, no podía asimilar mínimamente las inquietudes, no tenía solución para las contradicciones que el proceso producía (por ejemplo, las necesidades de la agricultura moderna del norte y las plantaciones del sur). El gobierno echaba mano de su única arma: la imposición.

Grupos de propietarios progresistas y de la clase media cultivada intentaron sanear el ambiente regional. Dieron luchas por las gubernaturas (Sonora, Coahuila, Morelos), pero se toparon con la intransigencia del régimen.

Desde entonces (1907-1908), la situación de la dictadura era riesgosa: empezaba a formarse una conciencia pública sobre su incapacidad para mantener el orden y encontrar caminos para el futuro. Díaz intentó demostrar que tenía recursos para enfrentar nuevas situaciones; el juego electoral estaba abierto, dijo, y permitió la formación de partidos independientes.

La inquietud política —que aún no llegaba al campo, verdadero foco conflictivo— se centró en la lucha por la vicepresidencia de la Repú-blica y se extendió por todas las ciudades (1909). Ante esa efervescencia, Díaz retrocedió inmediatamente, haciendo renunciar al candidato de la oposición: el general Bernardo Reyes, gobernador de Nuevo León. Pero para entonces la brecha estaba abierta: la debilidad política del régimen era clara.

El Partido Antireeleccionista

Ante la renuencia del general Porfirio Diaz para atender sus demandas y peticiones tendientes a democratizar la vida del país, se organizó a principios de 1909 el Partido Antireeleccionista que postulaba el principio de "Sufragio Efectivo, No Reelección". Firmaron el manifesto de dicho partido, entre otros, Francisco Madero, Emilio Vazquez y Filomeno Mata.

En el mencionado manifiesto se criticaba a la administracion porfirista, afirmando que ella la justicia amparaba al mas fuerte, que la instrucción publica solo se impartía a una minoría, que los mexicanos eran postergados a los extranjeros, y se hacía un llamado al pueblo para que concurriera a las próximas elecciones, a efecto de que con su voto reconquistara sus derechos usurpados.

En un proceso rapidísimo, que no llevó más de un año (de 1909 a 1910), las clases media y obrera, y ese pequeño sector de agricultores progresistas, se unieron en torno a la figura de Madero (desconocido hasta poco antes, con un vago proyecto democrático). En los límites de la crisis, el gobierno intentó manejar la situación sin hacer uso de la fuerza y se dedicó a asegurar el fraude electoral que se cumplió en julio de 1910. Eran pasos hacia atrás, llenos de dudas y torpezas políticas, y mostraban la incapacidad interna del régimen de ponerse a la altura de las circunstancias. El sistema estaba a punto de derrumbarse. Cuando en septiembre, después del fraude, la oposición llamó al levantamiento armado con un programa que apenas tocaba los grandes problemas nacionales, demostró no tener fuerza suficiente y vivió tres meses difíciles, en los que la rebelión no consiguió extenderse por todo el país.

Sin embargo, ante la incapacidad del gobierno para controlar la situación, los movimientos populares que habían sido constantes durante la dictadura, especialmente las sublevaciones campesinas, encontraron un marco propicio en el que podían actuar con posibilidades de triunfo. Para Marzo de 1911 gran parte del país era escenario de levantamientos rurales y un marcado descontento urbano.

Porfirio Abandona el Poder

Militarmente Díaz no estaba vencido, pero brotes armados aparecían día con día. El brillo marcial de las tropas porfiristas ocultaba su creciente ineficiencia militar y el corrosivo efecto de la infiltración de la propaganda política maderista entre las filas de los suboficiales.

Representantes del régimen entraron en pláticas con Madero. En mayo se llegó a un acuerdo: Porfirio Díaz abandonaba el poder y se nombraba un gobierno interino bajo la dirección de un político porfirista: el embajador de México en Estados Unidos, Francisco León de la Barra; a cambio, se desmovilizarían los grupos revolucionarios armados, se sostendría el ejército regular y se llamaría a elecciones para el mes de noviembre.

Aparentemente, la dictadura llegaba pacíficamente a su fin, pero las fuerzas que ya había desatado el maderísmo no habrían de detenerse.

(Fuente: México historia de un pueblo/S.E.P.)

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