November 18, 2005

Curar El Alma, Sanar El Cuerpo

Médicos indígenas oaxaqueños visitan Estados Unidos para compartir sus conocimientos.

Eduardo Stanley
New America Media

Durante siglos, la arrogante medicina occidental negó cualquier valor a la medicina tradicional. Quienes acudían a los curanderos eran vistos como ignorantes. Pero algo está cambiando en esta percepción. Quizá saber que en su breve historia, el todopoderoso antibiótico está perdiendo la guerra con las enfermedades. O que numerosos males no tienen cura a pesar de las declaraciones altisonantes de organizaciones y empresas que ganan millones a costa de la salud—y enfermedad—de la población.

La llamada medicina tradicional, o indígena, nunca desapareció a pesar de los esfuerzos en este sentido de la propia cultura médica occidental. “La base de nuestra medicina es la relación de los seres humanos con la madre naturaleza y tiene un sentido comunitario”, dice Enriqueta Contreras, una partera zapoteca con amplios conocimientos de hierbas medicinales. “El respeto y la comunicación son muy importantes para una curación”.

Contreras, nacida en Oaxaca, México, en 1931, tuvo seis hijos, ha recibido numerosos reconocimientos locales y participa en entrenamientos oficiales de parteras. Además, es una reconocida vocera de la medicina tradicional en conferencias internacionales. “Una enfermedad es casi siempre producto de una afección del alma”, dice Contreras en un estilo enérgico y convincente. “Hay que hacer desaparecer lo que afecta al cuerpo, no simplemente atacar el síntoma”. Y como ejemplo explica que un susto genera una alteración en el funcionamiento de los riñones, “que siete días, siete meses, siete o catorce años después traerá una enfermedad si no es curado”. Siete, el número mágico, en similitud a las siete chacras del yoga y en referencia a los siete centros de energía del cuerpo.

Ella, acompañada por el maestro Juan Julián Caballero, historiador y lingüista mixteco, y por el especialista en plantas medicinales Erasto Camacena Zorrilla, participaron en la Conferencia de Medicina Tradicional presentada por el Frente Indígena de Organizaciones Binacionales (FIOB) en Fresno. A ésta asistieron numerosos representantes de agencias médicas y trabajadores sociales.

La tarde del lunes, los tres visitantes participaron de la inauguración de un jardín comunitario dedicado a plantas medicinales en la ciudad de Madera, proyecto impulsado por inmigrantes indígenas oaxaqueños.

Al día siguiente, Doña Enriqueta realizó algunas consultas.

Primeramente, habla con el paciente, le revisa el iris de cada uno de los ojos (“las ventanas del cuerpo”), le pide que se relaje, respirando y estirándose. Este se acuesta y después de hacerle “tronar” los huesos, comienza un recorrido mental guiado por los órganos principales del cuerpo afectado. Doña Enriqueta canta, invocando al todopoderoso para que la ayude a sacar las fuerzas negativas del cuerpo enfermo. El paciente explica lo que siente. Una salpicada con agua, unos golpes en el pecho hacen reaccionar al cuerpo que se expresa. Un poco de perfume natural en la naríz y un lento volver. Y hablar, porque el paciente participa del proceso curativo. Entonces Doña Enriqueta prescribe gotas o tés. Y recomendaciones sobre hábitos saludables—“Tratar bien a nuestro cuerpo, tratarnos bien a nosotros mismos”.

“A cada paciente le dedicamos el tiempo que necesita”, explica. Y luego aclara que en casos de gravedad, el médico no pierde tiempo en mandar al paciente a un hospital. “No jugamos con la salud del paciente pues su confianza es parte importante de la curación”.

La llamada medicina tradicional es milenaria. Los conocimientos de los curanderos sobre hierbas y técnicas curativas se pasan de generación en generación. Los curanderos o médicos tradicionales son aquellos que muestran interés y dedicación desde temprana edad. Pero además, quienes tienen esa capacidad especial ya que ellos son intermediarios entre el ser humano enfermo (el paciente) y el alma (la divinidad). Muchos de ellos aprenden de sus padres o abuelos. Y con la práctica orientada por uno de ellos, que incluye un amplio conocimiento sobre hierbas.

El creciente interés académico por el tema demuestra que esta rama de la medicina no es “cosa de ignorantes”. En realidad, es el común denominador de la Medicina General, a pesar de la división posterior, antes que pasara de ser asunto social a privado, lucrativo.

En México, debido a la fuerte influencia indígena, ciertos elementos de la medicina tradicional fueron incorporados hace tiempo en la práctica médica—como es el caso de las clínicas del Seguro Social. En otras sociedades y países, el uso de tés y el reconocimiento de la necesidad de una vida sana convivieron con la medicina occidental—o química.

“He notado que los problemas de salud se están agravando en muchos de nuestros migrantes”, asegura doña Enriqueta, quien describe cómo decenas de jóvenes enfermos de SIDA regresan de Estados Unidos a Oaxaca a morir en silencio, en los pueblos que los vieron salir dispuestos a dar su juventud y energía a otra economía. Se estima que más de medio millón de indígenas oaxaqueños viven en Norteamérica.

Según los médicos tradicionales, los cambios de hábitos alimenticios— “ahora se come mucha basura, como refrescos y papitas”—y el alejamiento de la naturaleza crean las condiciones para las enfermedades. Y esto es peor entre los inmigrantes, quienes adoptan conductas ajenas a sus costumbres. Ante comidas grasientas donde hasta el sabor es artificialmente incorporado, doña Enriqueta propone una alternativa, “un plato de frijoles cocinado con epazote y un chilito… Y después caminar un poco. Ah! Y no olvides el tecito antes de irte a dormir!”.

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