November 16, 2001

Encienda Una Vela
Mons. Jim Lisante
Director, The Christophers

Justo a Tiempo, Con Oración y la Gracia de Dios

Cuando somos niños, la oportunidad de ir a algún lado es siempre apasionante, tanto sea a un campamento como a una conferencia. Es el ir a otro lado lo que suena como una aventura. Y recuerdo una experiencia así que cambió mucho mi forma de pensar.

En mi escuela secundaria había abierto un concurso, donde el alumno debía presentar sus puntos de vista sobre "por qué el comunismo no podía en ninguna forma compararse a los valores de la democracia". Y les cuento que no sólo gané el concurso sino también un viaje a Washington DC. Ya había ido una vez, con mi familia, pero ahora era distinto. Esta vez estaría con cientos de personas de distintas partes del país. Y sería un invitado especial, junto con otros adolescentes.

La conferencia enfocaba los peligros del comunismo. Y había varios oradores de renombre, incluyendo el dinámico gobernador de California, Ronald Reagan. Y lleno de entusiasmo juvenil, volví a mi casa convencido de que sólo esfuerzos sociales, económicos, militares y políticos —como los que se habían analizado en la conferencia— podían acabar con la amenaza totalitaria.

Mientras tanto en mi parroquia, como en muchas otras comunidades religiosas, seguíamos una larga tradición de rezar por la conversión de Rusia. Y yo me unía a quienes rezaban oraciones especiales al final de la Misa. Pero debo admitir que, en mi corazón, dudaba de que en realidad —esas oraciones— tuvieran algún efecto. Después de todo, yo pensaba, el comunismo era una poderosa fuerza del mal. No iba a ser vencido con palabras murmuradas en una iglesia casi vacía. En ese entonces no sabía cuán equivocado estaba. Pero ahora lo sé.

El comunismo cayó en Europa oriental no porque Estados Unidos y otras democracias tuvieran más armas o más recursos políticos. Nuestro arsenal nuclear no fue el victorioso. Nuestro poder económico no fue el que cerró el trato. No, el verdadero final vino por la transformación de corazones y mentes, en especial el corazón y la mente de Mikhail Gorbachev.

Líder de la Unión Soviética hacia fines de la década del 80 y principios de los 90s, se le preguntó muchas veces que fue lo que le hizo ver que el comunismo no tenía futuro. Y él nunca mencionó las armas y el poder material. Sí, se dio cuenta que el sistema económico colectivo tenía una falla irreparable. Y así se convirtió en el campeón del socialismo democrático, reconociendo las ansias universales de libertad y el deseo de hombres y mujeres de ejercer sus derechos. Un sentido de algo "más poderoso que él mismo" lo llevó a poner en práctica dos objetivos paralelos: glasnost (apertura y transparencia) y perestroika (reforma).

Y eso, creo yo hoy, fue el poder de la oración. Durante tantos años, en iglesias alrededor del mundo, millones de personas pidieron al Todopoderoso la gracia de la libertad. Y ese poder, la fuerza de la oración sincera, es el elemento más grande en este mundo. En realidad, me había olvidado de algo que se dijo en aquella conferencia en Washington, DC, y también en muchas iglesias: que tarde o temprano, el mal se rinde frente a la gracia de Dios.Y esa gracia fue nutrida por las súplicas de tantos que se atrevieron a soñar con un mundo de libertad.

Hay un canto religioso que dice: "Quizás no esté allí cuando tú lo quieras, pero siempre, el Señor está justo a tiempo". A su tiempo y a su manera, Dios ayuda a que todo lo bueno se convierta en realidad. Y con oración y buenas acciones, es nuestra misión estar listos para él.

Para obtener una copia gratis de ECOS S-218 "Viviendo la fe", escriba a The Christophers, 12 East 48th Street, New York, NY 10017.

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