November 15, 2002

LA COLUMNA VERTEBRAL
El Soporte Informativo Para Millones de Hispanos
Por Yhamel Catacora

El SIDA se puede prevenir hablando

Hace poco un oyente se indignó ante un anuncio de servicio público radial que destacaba la forma correcta de utilizar un condón; según el oyente el hablar del condón, en un medio de comunicación, era de mal gusto, grosero, y  tenía la vil hazaña de pervertir a los oyentes.

Entrando en la tercera década de la existencia o el conocimiento de la existencia del SIDA, ese tipo de comentarios es asombroso, y sobre todo doloroso. Nuestra comunidad constituye casi un cuarto de los nuevos casos de VIH sólo en los Estados Unidos. Además, según el Centro para la prevención  y el control de las enfermedades, los casos de SIDA entre hispanos suma la alarmante cifra de 145,220.

Es más, los Institutos Nacionales de Salud y el CDC confirman que los preservativos, cuando se utilizan correctamente, son un medio eficaz para prevenir la infección por el VIH, en hombres y mujeres.

Pero si mencionar la palabra condón, en nuestro entorno social, causa espanto y vergüenza, es de imaginar que se censure todo lo que se relaciona con la sexualidad humana. Así se alimenta el tabú, y la vergüenza. Si ni siquiera podemos hablar de la utilidad de un condón, ¿será posible hablar de nuestras preferencias sexuales? ¿Podemos hablar del SIDA?  Pasan los días, los años y las generaciones, se omiten preguntas, se genera el silencio y en nombre del pudor, nos sumergimos en las tinieblas de la ignorancia.

Esa falta de información o el acceso a la información, es solo uno de los temas que se destacó al llevarse a cabo la reciente Conferencia Internacional del SIDA, en Barcelona; uno de singular importancia para países desarrollados y ricos como Estados Unidos, cuya accesibilidad a medicamentos y la efectividad de los tratamientos han hecho que, según los ana-listas médicos, se tema menos a la enfermedad.

El condón o el preservativo masculino es quizás la forma más efectiva de prevenir el contagio de la enfermedad, pero según estudios realizados al respecto, las poblaciones en los países desarrollados están utilizándolo con menos frecuencia.

Esta doble preocupación nos sitúa como comunidad a los hispanos en una punto peligrosísimo ya que tendemos a asimilar las tendencias del mundo desarrollado que habitamos y las costumbres del mundo en desarrollo del que inmigramos. Por un lado no queremos hablar de sexo, no importa cuántos maridos tenga Maria, o cuántas amantes tenga el galán de la telenovela; no solo el sexo, también la sexualidad, se limitan a las recámaras o más propiamente a los armarios, o al closet, como mejor se le conoce. Por otro lado vemos que las generaciones que brotaron en este suelo de padres inmigrantes, comienzan a vivir una vida totalmente diferente, con costumbres totalmente diferentes y sobre todo con un comportamiento sexual que tal vez escandalice a sus progenitores. Basta ver como bailan en la noche de promoción, los pequeñuelos.

Todos los días, 6000 jóvenes de 15 a 24 años de edad y 2000 niños menores de 15 años se infectan por el VIH. Los niños y los adolescentes menores de 18 años constituyen cerca del 10% del total mundial de 40 millones de personas que viven con el VIH.

¿Cómo se dan estas estadísticas? La respuesta en su mayoría es muy simple y muy aparente. Los chicos, los muchachos o las muchachas, tienen relaciones sexuales mucho más temprano de lo que los padres imaginan; y las están teniendo sin prever el peligro, sin protección. Ese es uno de los principales problemas que han convertido al SIDA en una epidemia que puede acabar con cualquier ser humano y con cualquier comunidad.

¿Qué se debe hacer entonces?  Como indica ONUSIDA en sus planes de prevención, es estar conscientes de que el SIDA continúa siendo una amenaza para oriente y occidente, para pobres y para ricos, para blancos y negros y gente de todo color, para hombres y mujeres, para heterosexuales y  homosexuales, para jóvenes y adultos, en si que el SIDA es una amenaza para toda la raza humana. Nada nos aparta de esa realidad y por lo tanto debemos tomar precauciones.

Hablar, están de acuerdo los médicos y educadores, puede ser la mejor forma de prevenir que se propague la epidemia. Hablar con los jóvenes, hijos e hijas por igual del desarrollo humano de la sexualidad. Hablar si se quiere de la abstinencia, de cómo éste es quizás el medio más eficaz de evitar cualquier contagio de transmisión sexual, sin cegarse, claro está a que no todos los jóvenes le dicen no al sexo; como quienes nos trajeron al mundo.

Nada se puede dar por sentado cuando se trata del SIDA. Y es por lo tanto importante que aprendas a conversar con tus hijos. La línea de ayuda puede guiarte a los recursos llama gratis al 1-800-473-3003.

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