November 12, 2004

Comentario

La Religión en la Política

Por Dr. Humberto Caspa

Analizar a la religión en forma crítica, se ha convertido en un tabú en nuestro ambiente político. A estas alturas, cuestionarla es casi insostenible, más aun atacarla. Esta situación se ha hecho más patente con lo ocurrido en el 11 Septiembre, en donde unos fanáticos islamistas del grupo Al Qaeda, por cuestiones religiosas, secuestraron unos aviones comerciales y prácticamente los “detonaron” en las Torres Mellizas.

A raíz de ese atentado, la sociedad norteamericana dio un giro de 180 grados. Cambió radicalmente su sesgo progresivo, visionario y humanista; ahora está siendo dominado por fuerzas conservadoras y altamente ideológicas. De acuerdo a encuestas de salida de las elecciones, muchos ciudadanos norteamericanos decidieron su voto en base a premisas religiosas. “Apoyé a Bush”, dicen algunos, “porque él realmente cree en Dios (cristiano)”.

Comparando con algunos hechos signi-ficativos del pasado, el 11 de Septiembre tiene una importancia singular en la historia de la humanidad. En términos políticos y religiosos, lo acontecido en Nueva York tiene alguna semejanza, aunque con resultados opuestos, con el periodo del Renacimiento del Siglo XV.

A diferencia del 11 de Septiembre, el Renacimiento no tiene una fecha exacta, pero empezó a mediados del año 1440. Algunos filósofos de ese periodo empezaron a cuestionar el poder político del prelado en Roma en medio de una estructura Feudal, sometida a una corriente filosófica dogmática, un Estado dominado por la religión, en donde la Iglesia Católica Romana era aparentemente la vertiente de la “verdad”.

Uno de sus más asiduos críticos, Nicolás Maquiavelo, en su obra seminal, “El Príncipe”, no solamente cuestiona el poder del Papa, sino también a la Religión como fuente legítima de organización política en una sociedad de hombres (y mujeres). Fue uno de los primeros en sostener que “el poder político no viene de Dios, sino de la sociedad, es decir de la gente”. En tal forma, Maquiavelo legitima en ese periodo la autoridad del Rey, y hace a un lado a la Iglesia. Por eso los obispos de Roma lo excomulgaron, la inquisición lo buscó por todos lados para degollarlo por blasfemia. Los Médicis, reyes de Florencia, a quienes defendió con sus escritos, lo ampararon y defendieron del papado.

A Maquiavelo le siguieron otras figuras políticas y religiosas notables. Entre los que se sumaron a la crítica al poder de la Iglesia Católica, Martín Lutero y Juán Calvino destacaron en el Siglo XVII, concretamente entre 1450 y 1550. Estos dos pioneros de la Iglesia protestante desconocieron, por un lado, al Papa como líder de la Iglesia; y por el otro, reconocieron implícitamente al Rey como autoridad máxima de la sociedad política. Su apoyo, empero, nunca fue completo.

Así, todo este periodo del Renacimiento fue una crítica al dogmatismo religioso del Estado Feudal, sobretodo a la Iglesia Católica. Fue en todo caso el reemplazo de la Racionalidad (uso de la razón) sobre la fe (creencias sobrenaturales), la ley del hombre (y mujer) sobre la ley intangible de Dios, del derecho positivo (de la sociedad) sobre el derecho natural. Fue un proceso de lucha que concluyó con la Revolución Francesa, en el que se instauró el actual Estado laico o irreligioso y democrático. La religión sucumbió en el ámbito de lo privado. Por supuesto, para bien de la gente.

En este sentido, los grupos extremistas de Al Qaeda y otros grupos religiosos de la actualidad buscan revertir lo alcanzado por el Renacimiento. Es decir tienen como meta la unificación del Estado con la Iglesia, concretamente la subordinación de la política a la religión. Su líder, Osama Bin Laden, cree que las sociedades de sistemas políticos occidentales son intrínsicamente “diabólicas” al tener en sus documentos de gobierno (constituciones) la exclusión explícita de Dios. Por eso, según él, estas sociedades viven hoy en un estado de promiscuidad. Esa fue, aunque con otra visión, la misma crítica de Jesús de Nazaret al Imperio Romano de Calígula, Claudio, entre otros.

Lo paradójico de la situación, sin embargo, el 11 de Septiembre también conllevó a la sociedad norteamericana a una autocrítica de sus más profundas creencias políticas liberales. El ámbito público poco a poco está siendo reducido por la religión y otras estructuras y creencias dogmáticas.

Lamentablemente, como sustentaron los padres del Renacimiento, los problemas que vivimos hoy no corresponden al ámbito de la religión. Por el contrario, son cuestiones materiales, es decir existen y son producidos por la gente. Por lo tanto, su solución radica ostensiblemente no en la religión sino en el terreno de la política, en donde el hombre (mujer) es el único actor soluble.

Dr. Humberto Caspa, especialista en temas políticos y económicos.

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