November 12, 2004

Midiendo el sexo, no el amor

Kinsey relata la revolución social de los ‘50

Por Jose Daniel Bort

Si hay alguien meritorio de una película en su nombre es el doctor Alfred Kinsey. El investigador literalmente cambió el mundo con un libro. El reporte Kinsey sobre la conducta sexual en el hombre fue publicado por primera vez en 1948. Desde ahí revolucionó la forma como los occidentales han visto el sexo entre humanos, decididamente endorsó la revolución sexual de los sesenta e influenció la forma como vemos el sexo hoy en día.

Kinsey es particularmente resaltante en el clima político de hoy gracias al interés del gobierno en la formación de parejas y su conducta en el dormitorio, y es por eso que el científico no ha podido tener mejor emisario para su experiencia de vida que Bill Condon. Ganador del Oscar por Gods & Monsters, nominado por Chicago, abiertamente gay y considerado uno de los más interesantes escritores de Hollywood hoy en dia, Condon parece tener lo que se necesita para contar la vida del gran sexólogo del siglo pasado.

Y el director no decepciona con su texto y sus actores, aunque Kinsey tiene innumerables problemas técnicos que a veces impiden su disfrute. Un fuera de foco más en la película hubiera llevado a este crítico a la insanidad, y no precisamente por lo que sucedía en pantalla, que era considerado en su tiempo bastante insano.

Kinsey desarrolló el estudio más importante de avispas Golab de su tiempo. En el estableció que estos pequeños insectos que tienen alas pero que no pueden volar son únicos en su especie, y que ninguno era igual que el otro. Esto llevó a Kinsey a formular la teoría de que la sexualidad humana no era un sistema de condiciones pre-existentes, sino más bien fluía en altos y bajos, diferente en cada persona. Esto, aunque usted no lo crea, era impensable en los cuarenta.

Para comprobar su teoría, Kinsey decidió preguntarle sobre su actividad sexual a todo el que quisiera contársela. Para eso, viajó por toda América, con suficientes sujetos como para definir la sexualidad en Norteamérica. Un equipo de investigadores se le unió en el caso, pasando a formar parte de la familia adquirida y complicando las cosas cuando el sexo se mete en el medio de las rela-ciones.

La premisa es ideal para el cine, y en manos de Liam Neeson como Kinsey y Laura Linney como su esposa Mack funciona de maravilla. Aunque Linney se ve muy joven para envejecer cuarenta años, ella es suficiente actriz como para crear esa suspensión de descreimiento necesaria para que los actores puedan hacer su trabajo. El otro que merece mención (y con mucha probabilidad consiga su primera nominación al Oscar) es Peter Saasgard.

Saasgard no se desgarra las ropas ni aumenta o rebaja de peso para actuar. De hecho, es irónico que el actor va a ser nominado en su actuación más comedida. Como el bruto animal que mata Brandon Teena en Boys don’t cry, Saasgard pudo haber sido estereotipado en personajes de forajido. Pero en cada uno de sus posteriores trabajos (K-19, Garden State), el actor ha demostrado la innata capacidad de camaleónica en transformarse en alguien radicalmente diferente cada vez.

Kinsey funciona en las conversaciones y en las relaciones de los personajes, descomponiendo algo tan complicado como el sexo en una fascinante cebolla sin fin, que lo único que queda es pelar y pelar y pelar…

Kinsey
Con: Liam Neeson, Laura Linney, Peter Saasgard
Dirigida por: Bill Condon
Clasificación: R
Chiles: 4 de 5

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