November 11, 2005

Comentario:

Intolerable Ofensa Al Pueblo De EU.

Por: Manuel R. Villacorta O.

La Cuarta Cumbre de las Américas realizada en Mar del Plata, Argentina, evidenció desacuerdos políticos, económicos y sociales exacerbados. Los representantes de 34 países participantes demostraron falta de voluntad política y compromiso para con los casi mil millones de seres humanos que viven en el continente americano. Se impuso la intolerancia y se aniquiló la posibilidad de llegar a un consenso general. Debe considerarse que, si desde antes de la cumbre ya existían dudas respecto a la utilidad de los cónclaves regionales, con este hecho, los escépticos triunfaron. En síntesis, este encuentro no generó beneficio alguno.

Los presidentes Ricardo Lagos (Chile), Nestor Kirchner (Argentina), Hugo Chávez (Venezuela) y Luiz Inacio Lula da Silva (Brasil), formaron un bloqueo sistemático al interés mostrado por los presidentes George W. Bush (EU) y Vicente Fox (México) de impulsar el Área de Libre Comercio en las Américas, a partir de su inclusión en el documento final emitido al terminar la cumbre. Hugo Chávez lideró la oposición al ALCA. Propuso la llamada Alternativa Bolivariana (ALBA) y lo expresó sin reparos: “Hemos venido todos aquí, con una pala. Una pala para enterrar al ALCA. ALCA, ALCA, ALCA...AL CARAJO”.

El resultado principal de la presencia de George W. Bush en Latinoamérica, fueron las masivas manifestaciones de grupos desafectos con la globalización y el libre comercio que pidieron su expulsión de la región. Argentina, Brasil y finalmente Panamá, fueron los escenarios en donde el mandatario norteamericano y su delegación tuvieron que experimentar ese sentimiento adverso que se extiende por casi todo el mundo.

Hasta acá todo podría considerase válido. Los gobernantes gozan de la representación ciudadana ganada en las urnas, y pueden expresar sus posiciones de acuerdo a sus intereses ideológicos. Asimismo los sectores sociales organizados pueden manifestar públicamente sus criterios políticos aprovechando la libertad de asociación y expresión que existe en Latinoamérica. Pero hay algo grave que no debe permitirse jamás: la profanación de los símbolos patrios. Y las banderas así como los himnos, representan la consagración de la veneración a las naciones: más allá del idealismo, se insertan en la pertenencia humana hacia una región geográficamente delimitada. Son la esencia para que de generación en generación se preserven los valores hacia los Estados. Denigrar los símbolos patrios propios o ajenos, es denigrar el amor propio de los pueblos.

Nadie puede negar que la política externa de la administración Bush experimenta una reacción mundial evidente. Muchos estudios de opinión -a nivel global- muestran la pérdida de simpatía del actual gobierno norteamericano. Grave es el caso en los países musulmanes, pero no menos seria está tornándose la situación en Europa y ahora evidentemente, en América Latina. Dos son los principales argumentos que los detractores del presidente Bush explotan: la pobreza generalizada en el mundo, atribuible a la globalización y la internacionalización de la economía, y la presencia militar de EU en Irak y Afganistán.

En todo caso cualquier país -su gobierno y sus sectores sociales- pueden expresar su desacuerdo público con las políticas de una potencia económica y militar como EU. Pero no debe permitirse la nefasta irreverencia hacia los símbolos patrios estadounidenses, la quema de la bandera se ha convertido en una especie de “éxtasis colectivo”, que no puede dejar de ejecutarse en cualquier manifestación “antiimperialista”. Debe de recordarse que los gobiernos con sus aciertos y sus errores pasan, pero los pueblos se quedan.

En primer lugar los grupos desafectos no representan el criterio político de todo un país. Tampoco el gobernante de EU goza del respaldo político de toda la población estadounidense. Por lo tanto es doblemente condenable la profanación de los símbolos patrios. Si bien enfrentar a las turbas enardecidas siempre es difícil por parte de las fuerzas del orden, todo gobernante está moralmente obligado a impedir la profanación de los símbolos patrios de otra nación.

¿Qué pasaría si en suelo estadounidense manifestantes quemaran la bandera de Venezuela para evidenciar su rechazo al presidente Hugo Chávez? ¿Representan estos manifestantes a toda la opinón pública estadounidense? ¿Posee acaso Chávez el cien por ciento del apoyo político de la población venezolana como para “justificar” la agresión de los símbolos patrios de esa nación suda-mericana?

No se trata de defender oficiosamente a EU. Los desacuerdos internos o externos con la actual administración de gobierno pueden ser manifestados en un marco de libertad, pero no se justifica jamás la agresión contra la integridad moral del pueblo estadounidense. Es un grave error, una imperdonable afrenta. Jamás debieron sonreir algunos presidentes del cono Sur al presenciar esas manifestaciones que trascendieron el derecho al desacuerdo, para caer en el fanatismo irracional que tanto mal ha hecho a nuestros pueblos.

Razón tuvo Octavio Paz, cuando en su obra “El Ogro Filantrópico” expresó: “América es una región plagada de retóricos y violentos, dos formas de soberbia, dos formas de ignorar la realidad”.

Manuel R. Villacorta O. es Doctor en Sociología Política. Universidad Pontificia de Salamanca, España. E-mail Sr. Villacorta at manuelvillacorta@yahoo.com

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