November 7, 2003

Comentario

El Meollo de la Problemática Migratoria

Por: Humberto Caspa, Ph.D.

La elección para destituir al gobernador de California Gray Davis ya es historia. Arnold Schwarzenegger venció con un porcentaje mayor al que se esperaba. Su inmediato perseguidor, el vice-gobernador Cruz M. Bustamante, sólo llegó a conjuntar 30.1% del voto general, una diferencia de 20% con relación al candidato oficial Republicano. La derecha californiana, cuyas bases gestionaron los trámites de destitución de Gray Davis, se ha conjuntado nuevamente para frenar, a través de la recolección de firmas y por medio del plebiscito, la disposición estatal democrática que concede el derecho a los inmigrantes –documentados o indocumentados— portar licencia de conducir. Según ellos, “Por razones de Seguridad Nacional”. Este argumento no hace mas que enmascarar el rostro xenofóbico de la pequeña facción conservadora del partido Republicano.

La ley firmada por el gobernador Gray Davis prevé que todo residente de California tiene la capacidad de remitirse a las oficinas del DMV para gestionar su licencia de conducir. Paradójicamente este documento también confiere al portador, aunque en forma de facta, la facultad de identificarse ante las autoridades del orden público, manifestarse en la sociedad y posiblemente abrir una cuenta bancaria. A pesar de algunas sustentaciones infundadas de la derecha, la licencia de conducir no cambia la condición legal del inmigrante, no le sirve para salir o entrar del país, ni para hacer utilidad de los servicios de salud pública (Medical), tampoco para ingresar a las universidades, ni mucho menos para cometer hechos delictivos que atenten contra la seguridad nacional del Estado.

Después del atentado terrorista del 11 de Septiembre, la Seguridad Nacional se ha convertido en el meollo de la política nacional. Y no es para menos, más de 1000 personas perecieron ese día, otros tantos quedaron heridos, y todo el país quedó consternado por el trágico suceso que sentó un precedente mundial. En consecuencia, el presidente George W. Bush barrió prácticamente con los Talibanes en Afganistán en una confrontación militar de Baja-Intensidad. Y recientemente las Fuerzas Armadas fueron con todo contra Saddam Husein en Irak, aunque con resultados encontrados. Todavía no se encuentran las armas de destrucción masiva.

El oportunismo de una facción pequeña del partido Republicano en California no se hizo esperar. Durante la contienda política para destituir al gobernador Davis, Arnold Schwarzenegger, candidato Republicano, se convirtió en ávido portavoz de la cúpula anti-inmigrante, especialmente en contra de la Ley SB60. “Por cuestiones de Seguridad Nacional”, dijo él en el único debate que sostuvo con los otros candidatos. Mientras tanto, esa misma gente que conjuró contra la democracia el pasado Octubre 7, utilizan los mismos argumentos para revocar la Ley SB60 que fue aprobada mayoritariamente en Sacramento.

Existen algunas contradicciones en ese oportunismo infundado. Primero, si el temor es la inserción de elementos extremistas en suelo estadounidense a través de las fronteras Mexicanas, ninguno de los terroristas que violentaron el Estado el 11 de Septiembre entró al país en forma ilícita. Todos tenían “papeles”, incluso algunos tomaban clases privadas de pilotaje y otros estaban registrados en universidades públicas. Segundo, no existe indicios o pruebas empíricas que sustenten la correlación positiva entre licencia de manejar y seguridad nacional. Todo esto es simple vocablo de la retórica conservadora. Irónicamente, el documento permitiría la identificación de millones de personas, concretamente latinos, que viven en la oscuridad de la ilegalidad. Finalmente, la cuestión migratoria no es una problemática estatal, sino federal. El Congreso, la Casa Blanca y finalmente la Corte Federal tienen jurisdicción sobre ella.

Por otra parte, en vez de ser una carga, los inmigrantes indocumentados son importantes activos en California. No se necesita tener un título en economía o ciencia política para apreciar su aporte en la economía, por ejemplo. La hipocresía de la derecha, no les permite apreciar que gracias al sacrificio de los indocumentados, el valor de cambio de los artículos e insumos domésticos están al alcance de sus bolsillos. Para apreciar este fenómeno hay que simplemente comparar los precios de las tiendas Wal-Mart, que utiliza indocumen-tados, y los supermarkets de Ralph, Vons, y Albertson´s.

Si la meta es frenar la migración de los “ilegales”, la estrategia es más tangible que difícil. Muchos especialistas en migraciones reconocen que el flujo migratorio tiene implicaciones económicas. La gente se moviliza de un lugar a otro normalmente por oportunidades laborales. En consecuencia, para calmar el movimiento hay que poner candados a las fuentes donde las estimulan. Es decir imponer sanciones a los empleadores. La Reforma de Inmigraciones de 1986 justamente introdujo esos cambios, sin embargo raras veces fueron implementados.

Asimismo, es necesario reconocer el valor de los inmigrantes. Históricamente todas las nacionalidades contribuyeron enormemente en el desarrollo de este país; no obstante, en su momento, todos también fueron discriminados institucional o/y estructuralmente. Desde los Alemanes, Irlandeses, Polacos, en el periodo de la colonia; los Chinos, Italianos y Japoneses durante la época republicana. Ahora somos los latinos; empero son los indocumentados quienes regularmente pagan los platos rotos. Jorge Castañeda, ex-secretario de Relaciones Exteriores de México, expuso elocuentemente y con bases tangibles la regularización de los inmigrantes Mexicanos en los Estados Unidos. El Presidente George W. Bush debería volver a tomar en cuenta esta estrategia audaz del gobierno mexicano.

Es tiempo de llamar a las cosas por su nombre: al pan, pan; y al vino, vino. La cuestión migratoria está más allá de la confabulación de la derecha republicana. El proceso que pretende dirimir la licencia de los inmigrantes indocumentados es un pretexto que esconde el carácter doloso de quienes la prescriben.

Humberto Caspa, Ph.D., da clases de Ciencias Políticas en la Universidad Estatal de Fullerton y es director del Centro Andino Americano.

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