November 4, 2005

LA COLUMNA VERTEBRAL
El Soporte Informativo Para Millones de Hispanos
Por Ricardo J. Galarza

El plan migratorio de Bush: una tomadura de pelo

Finalmente, el presidente Bush presentó su plan migratorio. Tanto esperar, para tan poco. La medida parece querer quedar bien con Dios y con el diablo: por un lado, les ofrece a los indocumentados un programa de trabajadores huéspedes, y por el otro, los obliga a regresar a sus países de origen en un plazo de seis años.

Y para rematar, la militarización de la frontera. En suma, nada va a cambiar con este plan, salvo el número de víctimas en la divisoria, por si ya no fueran suficientes.

Algunos críticos proponen ahora que el presidente cambie su plan por el de los senadores Kennedy y McCain, que es una versión light del de Bush, con un programa de legalización y patrullajes fronterizos más flexibles, pero que tampoco va a solucionar el tema migratorio.

Aun cuando Bush se enrocara en un plan de ese tipo –cosa que tampoco parece factible—, no va a solucionar el problema.

Sucede que todas estas iniciativas, tanto la de Bush como la de Kennedy y McCain, y otras que andan en danza en el Capitolio, erran en el enfoque de la problemática, pues parten de la base de que la solución está en el detenimiento, o reducción, del flujo migratorio. Y esto no va a suceder.

Cuál es la solución entonces, se preguntará el amable lector. Pues bien, si lo que se busca es detener el flujo migratorio (por lo que todos los analistas y columnistas, al igual que los políticos, se devanan hoy los sesos), la respuesta es: ninguna. No hay solución; la inmigración va a continuar; e incluso va aumentar pase lo que pase, a menos que se reduzca también la brecha económica norte-sur, lo cual a esta altura suena más bien a cuento del tío.

Quienes proponen tal cosa y le dedican largas parrafadas a la reducción de la brecha como único remedio para el tema migratorio, no hablan en serio o hablan por hablar; y en los hechos es exactamente a la inversa: la disparidad crece.

La solución, entonces, no pasa por reducir el flujo migratorio (que es lo más parecido a Misión Imposible), sino por legalizarlo.

No vamos a terminar sumándonos a los dislates que se agolpan en nuestra prensa, como un connotado colega, que no pierde oportunidad de brindar asesoría gratuita a Bush a través de sus escritos, y que en su última columna propuso que Estados Unidos tomara como ejemplo a la Unión Europea, donde, según él, “los países más ricos decidieron... ayudar a los países más pobres a construir caminos y escuelas”.

¡Por favor! ¿Y con eso solucionaron el tema migratorio? Europa tan luego, que tiene a la inmigración como el problema más preocupante de su agenda comunitaria.

Seamos serios. A esta altura, la disparidad económica (no sólo norte-sur, sino también al interior de los países expulsores) es tal, es tan abismal, que construyendo caminos ¿qué digo caminos? ni que construyan el New Jersey Turnpike ni la famosa Autobahn alemana en el pueblo más pobre, van a detener la inmigración ilegal.

El planteamiento del citado columnista no es otra cosa que el fiel reflejo del desconcierto que existe en torno al tema. Y es que nos hemos trazado resolver el problema por donde no es, por donde no va. Seguimos buscando el hueco entre la ligazón del nudo gordiano. Pensamos, ideamos y criticamos propuestas bajo la falsa premisa de detener el flujo migratorio.

Dejémonos de pavadas: es in-de-te-ni-ble, por lo menos en este momento y acaso por lo que resta del siglo.

El problema con nuestros políticos, y también con nuestros columnistas y otros forjadores de opinión, es que pretenden dar cátedra sobre el tema sin conocer los lugares de donde emigra la gente, y adonde luego también, desgraciadamente, regresan los cadáveres de aquellos que murieron en el intento.

Desde el sol de Miami o desde la comodidad de Washington, nunca nos vamos a hacer una idea de la real magnitud del drama migratorio.

Está claro que las condiciones en los países expulsores son insufribles. Nadie arriesga la vida a menos que ésta sea una verdadera miseria.

Realmente hay que ver cómo se vive en ciertas zonas rurales de El Salvador, de Guatemala, de México para entenderlo. Hay que ver la pobreza cara a cara, que no es lo mismo que cuando se analiza desde los prolijos guarismos del Banco Mundial con una taza de Starbucks en la mano. Hay que estar en los ranchos de lata, piso de terrón, donde todo se llueve y hay que buscar el punto donde uno, por lo menos, no se empape. Y los niños, decenas de niños en cada rancho, que te miran detrás de esa carita sucia, esas caras de hambre, de días de hambre, que realmente parte el corazón.

¿Qué padre va a soportar eso? Y mientras eso exista, no habrá planes de militarización de la frontera de Bush, ni sugerencias de columnistas que valgan. La inmigración no se detendrá. La opción más viable a esta altura y la menos costosa, tanto en vidas como en recursos, es una amnistía general.

Para mantenerse informado y hacer sus preguntas a un abogado experto en inmigración, puede llamar todos los jueves a las dos de la tarde, hora del este, al 1-800-248-3232, la línea gratuita del Programa radial Bienvenidos a América de la Red Hispana. Para recursos y referidos de inmigración en su comunidad, llame a la Línea de Ayuda al 1-800-473-3003.

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