May 30, 2003

Explotando el concepto

“The Italian Job” cumple con su promesa, pero a que precio

Por Daniel Bort

Se puede decir que el subgénero policial del “gran robo” no aporta nada nuevo a la narrativa cinematográfica, pero, cuando está bien hecho, divierte como pocos. La formula siempre se repite, con un poco de atención se podría adivinar las escenas exactamente como suceden. Así como tiene de previsible, de la misma forma que un buen Rock & Roll, el espectador sale a la calle después de ver una de estas películas queriendo manejar el volante del auto en la persecución y deseando poner sus manos en el botín.

The Italian Job, un “remake” de la misma película hecha por los ingleses en 1969, cumple con esta premisa. Tal como su antecesora de hace dos años “Ocean Eleven”, se permiten revisitar el género sin mayores propuestas o cambios definitivos, pero la manufactura funciona intachable a través del tiempo. El problema es que si se comparan las dos películas, Mark Whalberg no es George Clooney, Edward Norton no es Brad Pitt y Charlize Theron no es Julia Roberts.

El gran problema es que F. Gary Gray, director de ésta película, tampoco es Stephen Soderbergh. El director de Ocean’s Eleven puede equivocarse con frecuencia, pero su versión del capo de la mafia que roba una red de casinos para vengarse por su chica es un ejemplo en su clase. Lo más que Gray llega a hacer es poner todas las secuencias en orden.

En el “trabajo Italiano” Wahlberg representa a Charlie Croker, la cabeza de la banda que posee algo que Steve Galberg, el numero 2, interpretado por Edward Norton, es incapaz de entender: imaginación. Esto le permite a Charlie realizar los más arriesgados “trabajos” sin olvidar la capacidad de afrontar el reto, divirtiéndose.

Cuando el grupo roba 35 millones de dólares en lingotes de oro desde una caja de seguridad en Venecia, no pueden estar más felices. Han hecho el trabajo de sus vidas. Charlie no lo hubiese podido hacer sin la ayuda de su mentor, John Bridger (Donald Sutherland), al que su apellido lo delata como el abridor de cajas fuertes.

Sin embargo, Steve le guarda una sorpresa a Charlie, y en una emboscada les roba el dinero y mata a Bridger. De ahora en adelante, Charlie y su equipo (donde se añade después la hija de Bridger, Cristina, quien por supuesto es el interés romántico del protagonista), se encargarán de poner al ex-camarada en su lugar, eso sí, con un poco de imaginación y humor.

Y lo logran. Lo mejor de este film es su verdadera intención de entretener saliéndose de la norma. Lo que al principio parece un gran comercial para la marca de carros Mini-Cooper, se convierte en un audaz e interesante uso del elemento automotriz, haciendo cosas que solo un carro tan pequeño puede hacer.

El otro gran acierto de la película es el “truco” (secuencia donde se logra el objetivo de manera inusitada y audaz). Aquí la sorpresa funciona de manera convincente y atrevida, ya que nadie se lo esperaba. Kudos para los escritores.

El trabajo italiano cuenta con un equipo de actores un poco desesperado por crear simpatía en el espectador. Cada personaje cumple una función especifica dentro de la banda (el genio de la computadora, el conocedor de explosivos, el romántico conquistador) y estas características definen a los personajes, por lo que se sienten acartonados y bidi-mensionales. Si no fuese por la eterna acción que la película exige todo el tiempo nadie simpatizaría con este grupito.

Sale del lote Mark Wahlberg, que aunque todavía no se puede quitar la personalidad de blanco de orígen humilde con la que ha hecho un nombre, su seguridad en escena es más concreta. Este es el mejor personaje con el que ha podido lucirse Charlize Theron, quien por fin entrega lo que sus empleadores han tratado durante tanto tiempo: una mujer hermosa más larga que la vida. Sutherland hace lo que sabe hacer mejor y Norton se siente tratando de hacer el ser egocéntrico más insoportable que el cine habrá visto, cosa que para él es juego de niños.

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