May 27, 2005

México 2006 (parte 1 de 2)

LOPEZ OBRADOR, EL LENGUAJE ELECTORAL

El popular gobernador de la Ciudad de México ya inició extraoficialmente su campaña presidencial 2006. Las encuestas lo favorecen, su equipo ya está funcionando y sus declaraciones suenan muy “presidenciables”.

Por Eduardo Stanley
Pacific News Service

MEXICO — La campaña por dejarlo afuera de la contienda presidencial del 2006, orquestada por el Partido Acción Nacional (PAN), del presidente Fox, y el Partido de la Revolución Institucional (PRI) demuestra el temor que les inspira Andrés Manuel López Obrador. Este intento de acusarlo legalmente debido a un supuesto caso de abuso de poder fracasó y ahora López Obrador tiene el camino más despejado.

Oficialmente, y de acuerdo a lo anunciado a la prensa el lunes 9 de mayo, renunciará a su puesto el 31 de Julio para dedicarse a la campaña por lograr la nominación de su partido. En este proceso deberá competir con el fundador del PRD, Cuauhtemoc Cárdenas, algo que ha dividido a activistas del partido pues consideran poco oportuna la participación de Cárdenas, quien compitió en tres elecciones presidenciales y su popularidad parece estar en descenso.

López Obrador (Tabasco, 1953) tiene como carta de presentación su administración de la ciudad de México, donde se realizaron obras de infraestructura de gran magnitud (mejoras en las vías de comunicación, incluyendo un moderno sistema de autobuses rápidos y una carretera elevada), subsidios a ancianos y subvenciones para salud pública y educación.

Hasta 1997, la ciudad de México era gobernada por un “regente” designado por el presidente. A medida que la ciudadanía mexicana fue presionando por una apertura democrática, las reglas cambiaron y desde aquel año el puesto de gobernador es electivo. “El PRI nos dejó las arcas vacías y una profunda cultura de corrupción”, dijo Jesús Martín del Campo, Subtesorero de Administración Tributaria de la ciudad. “Parte del presupuesto todavía lo decide el gobierno federal, lo cual pone restricciones a los programas sociales”.

López Obrador impuso un sistema de austeridad y control de gastos y aumentó la recaudación impositiva lo cual le permitió implementar proyectos sociales. Los impuestos sobre la renta generan $35 mil millones de dólares anuales, pero sólo el 10 por ciento queda en la ciudad. Ironicamente, la ciudad aporta el 23 por ciento del Producto Bruto Interno (PBI) del país pero aún padece una deuda acumulada de $3 mil millones de dólares originada en tiempos del PRI.

Los desafios no son pocos, desde la contaminación ambiental hasta la corrupción y la inseguridad—aunque esta última existe también en otras ciudades. Para combatir la delincuencia, el gobierno no recurre solamente a la represión sinó también al apoyo de un amplio espectro de proyectos sociales. Y el interés de los enemigos del gobernador de México por hacer fracasar estos proyectos es porque saben que son parte del modelo que podría llevarlo a la presidencia en 2006.

Pero López Obrador también tiene definida su politica exterior. Respecto al tema migratorio con Estados Unidos, propone un inmediato diálogo bilateral en caso de ganar la presidencia, según detalló durante una breve entrevista realizada el pasado 16 de mayo. “Nos interesan dos cosas: el respeto de los derechos humanos de nuestra gente y la incorporación en el Tratado de Libre Comercio (TLC) del tema de la cooperación para disminuir la migración”. Según el gober-nador, el problema de fondo es que la economía mexicana no crece. “Tenemos que consolidar el desarrollo regional, porque mientras no se generen empleos aquí, ninguna ley ni muralla detendrá a los migrantes”.

López Obrador, quien apoya el voto de los mexicanos en el extranjero, se mostró cauteloso respecto a la posibilidad de realizar campaña política en Estados Unidos ya que la ley no lo permite aún. Conciente de las continuas maniobras de sus enemigos, declaró a periodistas extranjeros que no es de izquierda sino “de centro”, presentando como prueba la cooperación empresarial y de los sindicatos con su administración. La etiqueta de “izquierdista” podría generar presiones—y hasta ingerencia abierta—de Estados Unidos.

“El PRD es un partido de izquierda”, comentó Pablo Gómez, destacado activista estudiantil durante los 60s y 70s y actualmente líder de la bancada de diputados de su partido en el Congreso. “Pero no es lo mismo esta izquierda que la de 1914”, agregó contundente. Y agregó que el llamado “centro” es solamente un espacio electoral donde se ubican los ciudadanos indecisos. Gómez asegura que el PRD busca ser un partido de izquierda moderno “que lucha por un estado democrático y social”. Esta lucha, dice el influyente diputado perredista, aún continúa porque a pesar de los avances logrados por la ciudadanía, todavía hay corrupción y marginación social.

“Tenemos que romper la barrera del atraso y combatir la pobreza”, asegura Gómez. Declaración a la que López Obrador podría adherir y que parece indicará la temática de la campaña presidencial. Como nunca antes, el PRD parece tener los créditos y la fuerza moral para liderar el país. Solo falta ver si los mexicanos están dispuestos a profundizar los cambios democráticos y apoyar el despegue económico tantas veces prometidos.

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