May 27, 2005

Comentario:

Anacronía del Filibusterismo

Por Dr. Humberto Caspa

Seamos conscientes; el filibusterismo o prebenda senatorial obstruccionista, el cual impide el curso de la legislación en este recinto representativo por medio de la demagogia, es un artificio político no democrático.

Ayer fue una maña de los racistas sureños; hoy sirve a la facción liberal de los demócratas; mañana los ultraconservadores nuevamente lo estarán utilizando. A pesar de que su defunción haría mucho daño al progreso de la nación, el filibusterismo no simplemente debe ser enmendado sino desaparecer por completo.

Obviamente, el objetivo central del filibusterismo se originó con los padres de la independencia. Se hizo para impedir que una mayoría popular en el Senado, aparentemente representantes del “pueblo”, pueda dictaminar la agenda política en este recinto. Por consiguiente, ha sido, desde su inicio, un artificio político antidemocrático que justificó los intereses, no solamente económicos sino también ideológicos de las elites agrarias del sur y empresarios del este.

La utilización del filibusterismo no se hizo tan patente como en la década de los años 1950 y 1960. Durante estos años, el país trajinaba por el proceso más revolucionario de su historia –claro que la administración de Franklin D. Roosevelt se lleva la medalla. La sociedad civil, particularmente el movimiento afro-americano liderado por Martín Luther King, se había movilizado en las calles para romper con las leyes de segregación que permitían el racismo sistémico en las escuelas y en otras instituciones gubernamentales.

Cuando el país en su conjunto estaba listo para emprender cambios racionales en el sistema, fueron los líderes sureños quienes utilizaron el filibusterismo para obstruir la desegregación en las escuelas y otras instituciones del gobierno. En 1957, el senador Strom Thurmond de Carolina del Sur marcó el récord por mantenerse hablando –es decir “filibustereando” u obstru-yendo— por más de 24 horas en el podio del senado en contra de una legislación de derechos civiles. Y fue precisamente ese año cuando el Congreso aplicó la Ley de los Derechos Civiles para impedir más obstruccionismo senatorial.

Sin embargo, el filibusterismo sobrevivió, claro que no con la misma intensidad de antes, y sigue siendo hoy un artificio político antidemocrático. Paradójicamente, cuando los Republicanos fueron minoría en el Senado, ellos se convirtieron en sus defensores más acérrimos; los demócratas, por el contrario, gritaban por su clausura. Ahora que la báscula política ha cambiado –los demócratas son minoría— el papel de los republicanos es hacerlo desaparecer.

Se requiere 60 de los 100 senadores para acallar a un filibustero. Durante la presente administración de Bush, los demócratas utilizaron este artificio político a menudo para obstruir a los nominados del Presidente, particularmente a los candidatos a jueces federales. De acuerdo a la visión ultra-conservadora, la corte es el último bastión liberal. De los 52 jueces candidatos a la Corte de Apelación, 10 fueron “filibustereados”.

Ahora bien, el miedo de los demócratas de liquidar el filibusterismo tiene su lógica, aunque no es válida. Se estima que en este año, entre Junio y Agosto William H. Rehnquist, máximo magistrado en la Suprema Corte de Justicia, se jubilará por cuestiones de salud. Se cree también que el gobierno de Bush, acosado por una facción religiosa retrógrada encabezada por Pat Robertson, nominará a un juez con principios ideológicos que reflejen el ultraconservadurismo de su partido, particularmente en torno a cuestiones sociales y religiosas. Poner fin al caso jurídico de Roe Vs. Wade, el cual definió la libertad individual de las mujeres y sentó las bases del derecho al aborto, es objetivo máximo de la agenda nacional del gobierno de Bush.

Es probable que el filibusterismo detenga la nominación de un juez conservador. Empero el uso de este artificio sigue siendo anti-democrático y no encaja dentro de un sistema de gobierno moderno.

Si se trata de eliminar a candidatos radicales, el proceso debe ocurrir en la plataforma (on the floor) del Congreso, no debe ser una prebenda política del congresista.

En consecuencia, es mejor que el filibusterismo desparezca. El conservadurismo social en el país es simplemente una tendencia y no un fenómeno. Muy pronto la fachada en el Congreso cambiará a una línea más progresista, entonces nos estaremos arrepintiendo por no haber puesto fin al filibusterismo.

Dr. Humberto Caspa, Profesor de economía política en la Universidad Estatal de California San Marcos. E-mail: hcletters@yahoo.com

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