May 27, 2005

LA COLUMNA VERTEBRAL
El Soporte Informativo Para Millones de Hispanos
Por Ricardo J. Galarza

El debate migratorio en el Congreso y el gran convidado de piedra

Existe hoy en día en el Congreso de Estados Unidos una encarnizada puja respecto a cómo se debe tratar el tema migratorio.

Por un lado se encuentran los legisladores moderados, que buscan darle al tema una salida de consenso —derivada de un análisis realista de la problemática migratoria—, procurando legalizar a los indocumentados que trabajan y contribuyen al crecimiento de este país. Esta es la visión que prevalece en el Senado, entre la mayoría de sus miembros, independientemente del partido al que pertenezcan.

Al mismo tiempo, persisten en la Cámara Baja ideas que van a contramano de la realidad migratoria que vive el país, con cerca de 12 millones de indocumentados viviendo a las sombras del sistema. Estas ideas, impulsadas por un sector de legisladores encabezados por el republicano Tom Tancredo, proponen lisa y llanamente deportar a todos los indocumentados  y sellar la frontera.

Esta dicotomía disolvente en el Congreso es lo que ha llevado a que en un mismo periodo legislativo asistamos a la presentación de proyectos tan divergentes como el llamado “Real ID” (que busca privar a los indocumentados de algo tan vital en este país como una licencia de conducir) e iniciativas bipartidistas como la de los senadores John MacCain (republicano) y Ted Kennedy (demócrata), destinadas a legalizar a millones de trabajadores indocumentados en un proceso ordenado y razonable.

Enmedio de esta endiablada interna parlamentaria se encuentra el presidente Bush, con el agravante de que la gran mayoría de esos legisladores anti-inmigrantes pertenecen a su propio partido, con el que además le ha resultado prosaicamente difícil romper amarras; y a menudo se ha visto obligado a negociar con las duras posiciones de sus correligionarios.

Es así que hace unos días vimos al presidente firmando, prácticamente a hurtadillas, la ley del “Real ID”, a pesar de haber preconizado la idea de la reforma migratoria desde que asumiera la presidencia en 2001.

En realidad, Tancredo y sus aliados habían tratado de introducir las provisiones anti-inmigrantes contempladas en el “Real ID” en varios proyectos anteriores, en los que habían sido repetidamente rechazadas.

La última vez, acaso la más notoria, había sido en noviembre del año pasado, cuando trataron de incluirlas al proyecto de reforma de inteligencia, forzando un impase de semanas con el Senado —que se negaba a introducir las medidas anti-inmigrantes en esa ley— y avergonzando al presidente, que había impulsado la reforma de inteligencia y que hasta los había llamado desde Chile, pidiéndoles que desistieran de su tozudo propósito.

Finalmente Bush optó por una salida salomónica: les prometió que si renunciaban a incluir esas medidas en el proyecto de inteligencia, podrían introducirlas en el próximo periodo legislativo, es decir, en el periodo en curso. Fue de esta manera que este mes el “Real ID” apareció amarrado a la legislación de la partida extraordinaria para financiar las operaciones militares en Afganistán e Iraq, y el Senado se vio obligado a aprobarlo por unanimidad.

Hasta ahí, todo parecía haber llegado a su fin. Después de todo, los anti-inmigrantes habían logrado su cometido. Durante años, sus propuestas se han limitado a tratar de coartar las posibilidades de los indocumentados para funcionar en este país y buscar la manera de deportarlos. Y todo parecía indicar que tras la promulgación del “Real ID”, se quedarían satisfechos.

Pero como decía Manrique, cualquier tiempo pasado fue mejor. No contentos con todo eso, ahora estos legisladores pretenden una medida similar a una militarización de la frontera.

Esta semana, a pocos días de la presentación del proyecto de reforma de MacCain y Kennedy, la Asamblea del Congreso por una Reforma Migratoria (un grupo de 71 congresistas liderados por Tancredo) dio a conocer un informe que solicita el despliegue de 36 mil efectivos de la Guardia Nacional y la milicia estatal para detener el flujo de indocumentados en la frontera.

El informe de 33 páginas, viciado de contenido anti-inmigrante y no del todo inocente de racismo, exhorta además a los gobernadores de los estados fronterizos a solicitar inmediatamente fondos federales al secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, para la movilización de las tropas que reclama en la frontera.

Esto ya está pasando de castaño a oscuro. Es hora de que el presidente Bush tome el toro por las astas y llame al orden a los legisladores de su propio partido.

Por ahora, no ha mostrado la voluntad política para hacerlo; y de seguir así, continuará también este interminable tire y afloje en el Congreso. Y el gran convidado de piedra en todo esto, que es la población indocumentada sin voz ni voto, seguirá padeciendo en el limbo migratorio, cada vez con mayores restricciones a su accionar en este país.

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