May 26, 2000


Refugiados Aún Escapan Del Huracán Mitch

NOTA DEL EDITOR: Mientras miles de refugiados por razones ambientales continúan escapando a Estados Unidos 18 meses después de que el huracán Mitch azotara Honduras. Isabel Alvarado, quien vende calcetines en el Mercado de la Calle Quinta en Tegucigalpa, contempla el peligroso e ilegal viaje al norte como su única ruta de escape de la devastación dejada por el huracán. Mary Jo McConahay transcribió y editó la historia de Alvarado como un ensayo en primera persona.

Por Isabel Alvarado
PACIFIC NEWS SERVICE

TEGUCIGALPA, HONDURAS - La idea de emigrar llegó al final de noviembre, cuando me dejaron sin trabajo y empecé a vender calcetines y otras prendas en este mercado. Tengo educación secundaria, mucho más de lo que la mayoría de las mujeres de este país pueden decir. Y soy una mujer independiente. Nunca he estado embarazada. Se me ocurrió que, como está la situación económica aquí, la única manera de sobrevivir era irme.



Isabel Alvarado at Fifth Street Market, with children of market women.


Antes nunca había considerado irme - hay tanta incertidumbre en el camino, especialmente para las mujeres. Pero este hombre de Guatemala ha llevado una chica de una familia de otro mercado, y eso te hace sentir más segura. Me estoy yendo con una sobrina de la mujer que vende allá en el puesto de al lado.

El hombre dice que al máximo seríamos ocho, hombres y mujeres. Nos está costando 2500 dólares a cada uno. Algunos, como la sobrina de mi vecina, consiguieron el dinero de familiares en Estados Unidos, pero otros como yo tuvimos que pedirlo prestado. Se supone que tenemos que usar zapatos cómodos y traer un pullover, pero sólo tenemos que llevar una muda de ropa. No podemos llevar mochila o maleta. Dicen que el viaje es todo por tierra, pero hay una parte entre Guatemala y México en la que tienes que ir en una especie de bote; esa es la parte que me asusta: no sé nadar.

Mi madre ha sido vendedora en el mercado toda mi vida. Su madre también lo fue, en un pueblo pequeño lejos de aquí, hasta que murió en un parto cuando mi madre tenía 17 años. Esa es la razón por la que mi madre vino a la ciudad por primera vez, para alimentar a sus hermanos y hermanas en casa, ya que ella era la mayor. No había ningún hombre en esa casa: era un caso típico aquí, en el que el hombre abandona a la mujer.

Siete años atrás, cuando mi hermano Juan Carlos tenía 20 años, él también se fue a Estados Unidos - a Santa Ana, California - y trabajó en una compañía de mudanzas de muebles. Después de como un año dejó de escribir, y no sabemos que pasó con él. Él se fue por la misma razón por la que me estoy yendo yo, para mejorar nuestra situación. Aquí, él trabajaba para una compañía que fabricaba harina, cargando las bolsas desde el camión a las panaderías, y ganaba 75 dólares por mes. Eso está bien si eres soltero, pero si quieres tener una familia no es suficiente.

Ahora yo. Nunca me imaginé que estaría planeando emigrar a Estados Unidos, porque tengo algunas nociones políticas. Hace 20 años, cuando apenas tenía 11, saqué provecho de un taller de electrónica dado por un grupo de capacitación de mujeres. En los 80 fue uno de los grupos que protestó las políticas de Estados Unidos en Honduras, y me gustaban las sentadas, las protestas ... porque aunque era joven sabía que esas políticas no funcionaban para nosotros, que eran la raíz de los problemas. No me gustó que los americanos ocuparan la base de Palmerola. Y ahora estoy yendo a América. Es difícil para mí asimilar este hecho, pero si lo miras desde el punto de vista económico lo puedes entender.

Antes, cuando tenía un salario, podía pagar el alquiler de un apartamento que costara 70 dólares al mes. Ahora estoy alquilando un cuarto pequeño por 35 al mes, que aún es demasiado caro. No puedo volver a vivir con mi madre, porque en estos años me he hecho una persona independiente.

Pero tengo que encontrar la manera de construir un lugar seguro para que vivan mi madre y el resto de la familia. Mi padre murió de un ataque al corazón en diciembre, y nuestra casa está en un área de deslizamientos, una de las que llaman de "alto riesgo" desde el huracán Mitch (1998). Es una pequeña casa de tablones de madera, y no cabemos. Mi hermana melliza, que también vende en este mercado, también vive en la casa con su hija de 14 años; y también una sobrina más joven, hija de otra hermana que murió el año pasado de meningitis. Tenía 23 años.

A mi madre le gusta la idea de que emigre porque podría existir alguna posibilidad, nunca se sabe, de que mejoren las cosas. Pero no le gusta por el peligro. Hay violencia en las calles y ciudades por las que una tiene que atravesar, y (también) cuando llegas allá.

La mayoría de las mujeres de mi edad sólo dejan sus casas para vivir con sus maridos, o con un hombre con el cual tienen hijos. Pero yo he pensado en esto: ¿de qué vale ser independiente si no puedes ganarte la vida en tu propio país? Es útil emocionalmente no tener que pasar por lo que mi madre u otras mujeres han pasado, aguantando la violencia, o el alcoholismo, preguntándose cómo mantener a los chicos en la escuela, cómo seguir adelante. Claro que quiero tener niños, pero siempre he pensado que es una idea para dos personas, no una, y que aquí la mayoría de las mujeres que tienen niños no tienen el apoyo del padre.

Ahora estoy yendo a Estados Unidos a trabajar, pero no hay manera alguna de que alguien como yo, soltera y sin propiedad, consiga una visa para ir legalmente. La idea es recoger cebollas en Florida. Puedo recoger otros cultivos cuando se acaben las cebollas.

Muchas mujeres que viajan al norte para hacer dinero se hacen prostitutas, con lo cual ganan un montón. Yo no creo que tenga la capacidad emocional para hacer eso, aunque otras mujeres tampoco empiezan como trabajadoras sexuales: parece ser algo que se aprende. Yo respeto a las mujeres que hacen eso, porque tienen que hacerlo, pero yo no quiero porque no quiero perder todo lo que he logrado hasta ahora - mi manera de respetarme a mí misma, todo el aprendizaje que he hecho acerca de ser una mujer independiente. Y ahora con el SIDA, bueno, sé de eso: tienes que cuidarte. Los condones son un 90% seguros, dicen, pero no estoy considerando esa clase de trabajo.

No soy muy religiosa, pero creo en Dios. No sé de dónde me viene, pero tengo una especie de valentía en esto de ir al norte, una fe de que va a funcionar. Voy a extrañar a mi familia, y la comida, y los hábitos serán extraños donde voy. Es increíble: esta es la primera vez en mi vida que voy a hacer algo ilegal. Pero una tiene que adaptarse.

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