May 24, 2002

Comentario

“Sentido Común y ‘Paparazzis’ Eclesiásticos”

Por Ricardo Rivas

     La Semana Santa pasada, grupos de presión con pancartas alzadas bloqueaban las principales catedrales de los Estados Unidos. “Por una nueva Iglesia”, “Más libertad sexual en la Iglesia”, “Sacerdotes casados es la opción”, “Mujeres al altar” y otros sugerentes estribillos eran enarbolados por ex católicos, homosexuales, lesbianas y pro abortistas. Aquello era un verdadero Martes de Carnaval. Mientras, en el interior de las iglesias millones de católicos abarrotaban los servicios religiosos de la Semana Mayor.

Justamente por estos días, la prensa norteamericana reventaba por los cielos las historias de sacerdotes culpables de abusos sexuales en menores, impulsando una de las campañas publicitarias más sobredimensionadas y distorsionadas de los últimos tiempos.

Profundo pesar en la Iglesia pero no es sólo en la Iglesia, la cristiandad entera, con el Papa a la cabeza, ha lamentado públicamente los abusos sexuales cometidos por sacerdotes en jóvenes y adolescentes, y ha mostrado su solidaridad para con las familias afectadas. El delito cobra más indignación, porque estos hombres “han traicionado la gracia del sacramento”, ha dicho Juan Pablo II.

Pero si bien la noticia estremece las fibras del corazón de la buena madre Iglesia, la exposición y el tratamiento del tema salen de todo contexto. Éste, que es el embrollo de un grupo, no es el problema del clero de los Estados Unidos, que suma los 46.000, y que en su mayoría asume con fidelidad el celibato, como un casado procura ser fiel a su cónyuge. Tampoco es un problema de pederastia (trastorno psicológico por el que un adulto abusa sexualmente de un menor -niño o niña-); es de homosexualidad: la mayoría de jóvenes abusados son adolescentes varones. Son, pues, enfermos abusando, como abusan maestros, políticos, empresarios, periodistas y diplomáticos de otros menores varones, cuando tienen la conciencia deformada y el gusto al revés.

El asunto ha demostrado también que, en materia de Iglesia, algunos medios de comunicación y agencias de noticias, jamás se empachan, son unos auténticos “paparazzis” coloreados de amarillo. Medias verdades, esloganes, clichés, suposiciones, datos inventados, imágenes intencionalmente manipuladas, conceptos sacados de contexto o cuidadosamente omitidos resumen el protocolo de tratamiento aplicado a estos y otros temas relacionados. Resulta curioso que en algo que rebalse de homosexualidad, nunca se mencione tan siquiera la palabra “homosexual”. Sólo a guisa de ejemplo: en abril, la revista TIME dedicó al tema su portada y un reportaje de diez páginas, con todo tipo de detalles, sin que en ningún momento se mencionara la palabra “homosexualidad” ni “gays”. NEWSWEEK, en su reportaje de seis páginas, tampoco dice ni mú. Nunca es bueno chuparse el dedo: deforma maxilares y conciencias. La manipulación que algunas de las grandes cadenas y grupos editores ha dado a este tema sorprende e invita a husmear qué hay detrás de la puerta. Y es que las cosas no suceden por casualidad.

TIME es parte del consorcio TIME WARNER (AOL, HBO, Cinemax, etc.), una de las organizaciones que más se lucra del negocio de la pornografía. En Estados Unidos, la porno-grafía audiovisual mueve ya 10,000 millones de dólares (cinco veces el presupuesto anual de El Salvador). Los pornógrafos han cambiado, ahora son respetables grupos empresariales con intereses en el sector de medios de comuni-cación (General Motors, Time Warner, AT&T, la cadena hotelera Hilton...) los que venden más pornografía a través de empresas filiales, que cualquiera de los sellos popularmente dedicados con este negocio. Pero estas máquinas de hacer dinero han encontrado una muralla que les estorba: El Papa y la Iglesia. Y de ahí, las patadas y las mordidas.

Detrás de toda esta historia, el discurso — o el objetivo, en este caso — es el mismo: El celibato de los sacerdotes. “Esto es lo que ocurre — dicen — cuando se suprime el ejercicio normal de la sexualidad de los sacerdotes”. A estos insignes moralistas se les olvidan varias cosas:

Primero, ya dijimos lo pequeño de la muestra, es decir, el número de sacerdotes embarrados versus la mayoría de sacerdotes fieles. Luego, que la relación celibato-homosexualidad es tirada de los cabellos. No tiene ninguna base científica, todo lo contrario, el caso de abuso en menores crece exponencialmente en ámbitos que nada tienen qué ver con el sacerdocio. ¿O es que acaso los que participan en los “sex tours” con menores por los países del Tercer Mundo están repri-midos por la ley del celibato? El celibato sacerdotal no es el problema. Valdría la pena preguntar en la oficina de Naciones Unidas en el país, sobre las denuncias presentadas el pasado febrero por el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados y la ONG británica Save the Children, quienes recogieron cientos de testimonios de menores que habían sido objeto de abusos sexuales por parte de los soldados de las fuerzas de paz de la ONU y de otras ONGs en Sierra Leona, Liberia y Guinea, tal y como reporta una agencia de noticias europea. Sexo a cambio de comida y medicinas. Y como bien señala la agencia: “Ni la ONU ni las ONG exigen el celibato para reclutar a sus trabajadores”.

¿Y es que acaso también a los profesores de escuelas públicas en Estados Unidos se les exige el celibato? Según The Economist, el 15% de los alumnos en estas instituciones sufre abusos sexuales de sus profesores en algún momento de su vida.

Fuera de pasiones y subjetividades, tres cosas quedan claras en todo esto: hay un problema de homosexualidad creciente, y la homosexualidad, aunque no sea pecado en sí misma, es una anormalidad. Hubo decisiones erróneas por parte de algunos obispos, quienes no supieron tratar el problema y ahora han rectificado. Hay una gran cantidad de fuerzas, fuera de la Iglesia, dispuestas a destrozar a dentelladas todo lo que suene a Roma, al Papa, a moral, a castidad, a celibato, a sacerdocio.

Desde los tiempos del mismo Jesús hubo uno que lo traicionó y once que le fueron fieles hasta el martirio. Igual ahora, el escándalo se ha enrollado en estos pocos hombres que han fallado, olvidando, por ignorancia o mala intención, quizá, las decenas de miles de sacerdotes santos que a diario viven su vocación como aquellos once primeros: con heroica entrega, sacrificio y en silencio. De eso se habla poco; de seguro no vende como lo otro.

Rivas Cirujano dentista y columnista de El Diario de Hoy

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