May 23, 2003

¿Amnistía a cambio de petróleo ?

Por Emmanuelle Le Texier

Luis Ernesto Derbez, el ministro mexicano de Asuntos Exteriores ha visitado al secretario de Estado Colin Powell, a la Encargada de asuntos de seguridad nacional de la Casa Blanca Condoleeza Rice en Washington, y al representante de Asuntos Económicos Robert Zoellick, los pasados 7 y 8 de mayo.

Luis Derbez ha intentado poner el tema de la amnistía como número uno en la agenda de las relaciones biltarales de los dos países… después de la lucha en contra del terrorismo. Esta lógica de política exterior se entiende mejor a la luz de los últimos eventos que incrementaron las tensiones entre los dos países. Es un hecho que las relaciones entre los gobiernos de George W. Bush y de Vicente Fox se han deteriorado desde los atentados del 11 de septiembre.

Por una parte, la oposición de México a la guerra en Iraq ha intensificado aun más las tensiones perceptibles desde que dimitió Jorge Castañeda de su puesto de Ministro de Asuntos Exteriores. México, tanto como Chile, formaban parte de los nueve miembros no permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Su historia de tradicional oposición a conflictos armados y de respeto a la soberanía de otros Estados les ha costado el castigo económico del gobierno americano.

El comercio que existe entre México y los EE.UU es de casi 300 billones de dolares al año, pero la política de seguridad nacional impide el buen desarrollo de las relaciones comerciales y perjudica ambos Estados.

De modo simbólico, se ha traducido por la ausencia de participación de George W. Bush a los eventos que se celebraron el 5 de Mayo en los EEUU y sus escasos comentarios sobre la riqueza cultural que llevan los Mexicanos al país.

En la zona fronteriza, se han multiplicado los incidentes desde los últimos meses. El más reciente fue la presencia de un representante militar norteamericano, Sargento Jose Castro Baraja, que intentó reclutar a jovenes mexicanos del Centro Tecnológico Industrial 116 de Tijuana en el ejército de los Estados Unidos. La trágica muerte de 18 migrantes (de los cuales por los menos 12 eran Mexicanos) en un camión en Texas ha recalcado el terrible riesgo que enfrentan los candidatos al sueño americano. Desde la creación del Operativo Guardián en el 1994 y con la militarización de la frontera, son más de 2.500 personas las que han muerto al cruzar por zonas desérticas.

Las discusiones acerca de regularización de unos 3 a 4 millones de Mexicanos sin documentos migratorios se han estancado desde los atentados. La política del gobierno mexicano desde entonces ha sido apoyar a medidas que protegen y benefician a esta población.

Por ejemplo, el éxito de la matricula consular, o el soporte a legislaciones que autorizen la licencia de conducir o el pago de colegiatura a precio de residentes, han sido tres ejes de trabajo de los consulados mexicanos. Pero esos avances no cumplen con la promesa de llegar a un acuerdo de regularización. Además, el comité de relaciones internacionales del Congreso Americano acabo de aprobar una enmienda, encabezada por el republicano Cass Ballenger, para que todo acuerdo migratorio con México sea acompañado de un acuerdo de apertura de Pemex (Petróleos Mexicanos) a inversiones extranjeras.

Este último acontecimiento demostró la falta de respeto a la soberaníia mexicana, no sólo en términos políticos sino económicos. Pemex representa la independencia mexicana desde la nacionalización del petróleo de 1938. Pedir que se venda el petróleo mexicano a cambio de una amnistía viene aumentar los desacuerdos profundos entre los países vecinos y aplazar una ley de regularización que miles de familias – de ambos lados de la frontera - esperan desde hace muchos años. No sólo la esperan pero ya la reclaman con voz fuerte y visible.

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