May 21, 2004

¿Cómo? ¿Un día sin mexicanos?

Por Jose Daniel Bort

El fuerte de Yareli Arizmendi son las palabras. Por ella fluyen con la agudeza y sensibilidad del poeta. (¿Como haces lo invisible, visible? Desapareciéndolo). El fuerte de Sergio Arau son las imágenes. Juntos son la fuerza creadora de la película “Un día sin Mexicanos” que se estrena este fin de semana.

Ademas de ser marido y mujer, ambos artistas construyeron el libreto. Mientras que Arau dirigió, Arizmendi estuvo frente a las cámaras como uno de los personajes principales. El resultado es una atractiva y simpática comedia de situaciones, que quizá se preocupa demasiado por no ofender a nadie.

Amanece en California, y de repente, sin previo aviso, todos los latinos (un tercio de la población) brillan por su ausencia. Nótese que la película se llama: Un día sin mexicanos, pero para no confundirse con un serio documental (lo que le daría el título “Un dia sin latinos”). El cambio propone el racismo intrinseco que la palabra “mexicano” sugiere, esa relación amorodio hecha por propios y extraños, y que gracias a Dios está en vías de cambio.

El resto de la película experimenta con la debacle que significaría que los latinos desaparecieran de California. No solamente aquellos “trabajos” de labor a los que usualmente se sugiere que los latinos hacen, las escuelas colapsan porque una gran mayoría de maestros son latinos, el gobierno se las ve negras ya que el gobernador y su segundo en comando son latinos (supuestamente), y la patrulla de control de fronteras (los migras) se quedan sin trabajo, mirando al techo.

Si bien, muchas de las palabras y las imágenes de la película están en su lugar adecuado (La migra levantando en los hombros a dos mexicanos y ellos celebrando su llegada a América se podría contar entre las imágenes más hermosas del cine latino americano), la película se diluye en su desesperada búsqueda de conseguir una trama. Lo que parece una estupenda idea para un cortometraje, se desgasta inmediatamente que las primeras situaciones se plantean. La resolución melodramática de los mismos es la salida sencilla de los autores tratando de estirar su idea fabulosa.

La otra disparidad del libreto es su necesidad de estimar a todo el mundo y no ser capaz de jugar más efectivamente riéndose de sí mismo y de los demás. Si bien la pareja del senador Abercrombie (John Getz) y su esposa Ellen (Mellinda Allen) manejan la comedia con dulzura y buen tino, la película desaprovecha un monton de oportunidades de lanzar una bola baja y provocar la risa. Una vez que establecieron una premisa increíble de forma convincente, los cineastas se asustaron y no “volaron los tapones” ya que su posición didáctica no se lo permite.

Lo mejor de la película es la participación póstuma de Eduardo Palomo. A pesar de que las fanfarrías se deben sonar en vida, el actor verdaderamente demuestra un exquisito talento por la comedia sin pujarlo, sencillo, simplemente estando ahí. Palomo se convierte en el alma de la película. Arizmendi y Arau tendran muchas oportunidades de demostrar lo mejor de su talento gracias a este esfuerzo. Lo mejor está por venir.

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