May 21, 2004

Comentario

La tormenta se avecina (repetición)

Por Andrés Lozano

(Parte uno de tres partes estoria)

Como arrancado de las páginas de la tragedia griega; Moira, la diosa del infortunio se cierne sobre México. Qué cierta es la afirmación de Lord Acton: “Quienes desconocen la historia se arriesgan a repetirla”. En su aturdimiento, incultura cívica, atenimiento e idolatría, la grey mexicana se apresta a elegir a López Robador en el 2006 como tirano. ¿Cómo puede ocurrir esto? Es fácil entenderlo: Como gato distraído con mosca, parte del electorado sufre síndrome de atención deficiente. Abrumado con información variopinta y evasivas infantiles, no prioriza temas importantes, se ocupa de bobadas y abre espacios para el tirano en un peligroso ejercicio de amnesia. Grecia y Roma ofrecen lecciones sin aprender entre nos del ciclo tiranía-demagogiatiranía. Pillo astuto, AMLO desvía con facilidad la atención del respetable con tinglados rudimentarios. ¿Dónde quedó la bolita?

En este momento la Procuraduría General de la República solicitó al Congreso de la Unión el desafuero de AMLO para juzgarlo por delitos varios. Si esta moción fracasa o si procede, mas no se procede contra él por la vía penal y es hallado culpable de los delitos que se le imputan, saldrá reforzado e invencible de su ordalía. Como Hitler salió invencible y prominente de su prisión.

En analogía con los arquetipos arios de escala sobrehumana insuflados por los nazis; simples siluetas en la pared hechura de contrahechos físicos y mentales como Goebbels y Streicher, los mexicanos creen la historia es la representada por los monitos de los muralistas. Las caricaturas de Orozco, Diego y Siqueiros son perversas en intención como las publicadas por su contemporáneo Julius Streicher en Der Stürmer, órgano de difusión del odio racial nazi. La diferencia reside en que las caricaturas del infame tabloide alemán cubren el período específico de 1928 a 1945 y los perpetradores fueron expuestos como racistas. En com-paración, los monigotes murales mexicanos manchan edificios públicos y libros de texto, en casos desde hace más de ochenta años y sus autores son considerados próceres. Goebbels se suicidó y escapó al tribunal de Nürenberg el cual halló culpable de incitación al odio racial a Streicher, quien fue condenado a muerte y ejecutado en la horca. Después, Alemania toda fue sometida a un proceso de desnazificación. En oposición, hoy se siguen haciendo sahumerios en los altares paganos de Villa, Zapata y Tata Cárdenas, nuestros Atilas y depredadores, nuestros arquetipos de fabricantes de desiertos en paráfrasis de Rulfo. La tiranía de corte nazi de López Robador, pues, no será de generación espontánea, sino producto de odios sociales cultivados con esmero por generaciones.

Los mexicanos, casi sin excepción, son víctimas del mito fundacional. ¿Cuál es éste mito? Muy sencillo: “En ocasión de la conquista —los malos— los conquistadores derrotaron a los buenos — los aztecas y las desdichas nacionales brotan de ello”. Esta simplificación se antojaría boba si no fuera porque predomina en el imaginario popular. El relato tiene mucho en común con la salida del paraíso terrenal de Adán y Eva: De un estado idílico se pasó a otro lleno de aflicción, peligro y penuria. Los hechos, desde luego, descartan esta quimera, mas los pueblos se aferran a las suyas con irreflexión. ¿O qué las sagas germánicas no están en el germen de Auschwitz y las leyendas paneslávicas no derivan en el Pogromo y el Gulag? El famoso lema vasconceliano de la UNAM: “Por mi raza hablará el espíritu”, es nazismo puro que enorgullece a tantos tontos.

López Robador se nos ofrece como Kukulkán metamorfoseado en Huichilópez.  Derivado inevitable de nuestra incultura ciudadana, se perfila fuehrercito o stalinsito subtropical porque encarna, es sedimento de diversas leyendas sin asidero alojadas en el subconsciente nacional. AMLO representa el potencial de desagravio subliminal en la versión de los frustrados, inventadas y promovidas desde el gobierno y las demagógicas franquicias políticas para desviar la atención de su ineptitud y justifica la astenia de la multitud. Cuando ‘alguien más’ es culpable de nuestras insuficiencias, cuaja la complicidad entre pillos e indolentes, se genera la masa crítica del despotismo, del infortunio inevitable al doblar la esquina. Por ello, AMLO, comete errores egregios, es cogido con las manos en la masa, no justifica las prestaciones de Nico o la naturaleza de su relación comprometida; nada importa: es sumo sacerdote con cuchillo de obsidiana en mano, presto a arrancar los corazones de quienes discrepen con la farsa nahuatlaca representa, tan farsa como la wagneriana de Hitler, tan improbable la redención del sol azteca, como el ario desvarío nazi. Así, AMLO, se yergue esplendente como alguna vez lo hizo Hitler quien se creía la encarnación de Wotan y resultó ser la de Loki; como AMLO se siente la de Huichilopochtli con potencial de Mictlantecuhtli. En su momento será pasto de moneros y mimos, mas falta tiempo; mucho tiempo, para ello. Primero viene la aclamación del caciquito, la entronización del déspota justiciero, del vengador de afrentas imaginarias sobre las cuales el mexicano apático, por acto de magia, se empareja sin esfuerzo con el mexicano trabajador y esforzado; la mayoría por fortuna y sin representación política, por desgracia.

Continuará…

Andrés Lozano alozanoh@msn.com

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