May 20, 2005

Comentario:

La Socialdemocracia En Guatemala

Por: Manuel R Villacorta O.

Los cambios políticos y económicos que se suscitaron en el mundo en las últimas dos décadas, provocaron una “desarticulación de lo tradicional”, sorprendiendo a todas las instituciones humanas y sus intrincadas actividades. Y en el campo político, la socialdemocracia no podía quedar exenta de ser afectada por el citado fenómeno. Hoy ésta corriente política está tratando de redefinir su carácter para consolidarse como alternativa para nuestros pueblos.

Para sus críticos oficiosos, la social-democracia está en crisis y en vías de extinción. Creo todo lo contrario. Considero que ahora la socialdemocracia posee la mayor viabilidad para convertirse en una alternativa política verdaderamente sólida y efectiva, capaz de proponer alternativas y consumar grandes logros en favor de los pueblos, en particular, de aquellos atormentados por la pobreza, la exclusión y el atraso generalizado.

Cuando surgió la socialdemocracia independiente del modelo socialista radical, como el establecido en la ex Unión Soviética o China Popular, ésta corriente tenía que enfrentar dos grandes enemigos: por una parte ese socialismo totalitario que la acusaba de haber cedido frente a la derecha política al negarse a la lucha armada para conquistar el poder. Por otra parte, los sistemas autoritarios de derecha la consideraban como una “avanzada del socialismo marxistaleninista”, no en pocas ocasiones sus promotores eran acusados de ser “lobos con piel de oveja”.

En Guatemala esta realidad se vivió con toda crudeza. Es necesario recordar que hace tan solo tres décadas Centroamérica fue escenario de dramáticos enfrentamientos armados entre gobiernos autoritarios apuntalados por los aparatos militares, y movimientos insurgentes apoyados por gobiernos de países socialistas. Mientras los líderes radicales de la izquierda insurgente se manejaban clandestinamente o se preservaban en el exterior, líderes verdaderamente comprometidos de tendencia socialdemócrata, enfrentaron con el rostro descubierto e ideas claras y valientes esa compleja realidad, denunciando la injusticia y demanando cambios inmediatos. El sistema respondió violenta y trágicamente. Dos son los casos principales que revelan lo anterior: Manuel Colom Argueta y Alberto Fuentes Mohr. Como ellos, otros valientes dirigentes vinculados al denominado Frente Unido de la Revolución (FUR) y al Partido Socialista Democrático (PSD), también sufrieron las consecuencias del conflicto: exilio, secuestro, persecución e incluso, la muerte. Por tanto la socialdemocracia en Guatemala ha hecho historia, tiene mártires y nadie con mediana sensatez lo puede negar.

Hoy la realidad es distinta como se citó al inicio de este artículo. La radicalidad e intolerancia han desaparecido significativa-mente, hay más apertura y por tanto, mayores niveles de respeto ideológico. Pero no por ello los desafíos políticos y programáticos de los socialdemocratas dejan de ser inmensos. Y quizá el mayor sea convencer a los diversos sectores sociales guatemaltecos de la importancia y vigencia de la socialdemocracia en el país. Si bien antes el movimiento era acusado de “traicionar a la izquierda radical” y era a su vez, enemigo de las derechas autoritarias, hoy posee el camino abierto: la izquierda radical se redujo dramáticamente en el mundo y la derecha -interpretada ésta a través de la multiplicidad de sus variedades- demostraron su total y estrepitoso fracaso en la conducción política de nuestros pueblos. Lejos de la retórica y los argumentos nebulosos lo que se impone es la realidad. Y en los casos de Latinoamérica, Centroamérica y Guatemala en particular, la sociedad vive ahora la peor época de toda nuestra historia: pobreza generalizada, violencia implacable, corrupción política y desprestigio total de las instituciones públicas.

La socialdemocracia no ha gobernado en Guatemala y por tanto, tiene derecho a tener esa oportunidad. Ciertamente ese objetivo no podrá ser otorgado como dádiva del poder establecido, este derecho habrá de ganarse a través de la explicación inteligente de su programa político y de sus principios ideológicos, habrá de conquistarse a través de la inserción de líderes verdaderamente honestos y capacitados que le “arranquen” la confianza a un pueblo que por tanta decepción y mentira anterior, está ahora sumido entre la desesperación y la anomia. Tendrá que ganar voto a voto su derecho a gobernar. Pero puede y debe hacerlo.

Hay una oportunidad para Guatemala. Y está surgiendo ahora. Los líderes caídos, cobardemente asesinados por la derecha intolerante, son una guía, son un referente valioso para poder iniciar y hacer crecer el movimiento socialdemócrata en Guatemala. Dejaron un ejemplo de compromiso incuestionable y favorecieron con sus principios el ideario de lo que habrá de ser la Guatemala posible. Pero hay que salir al paso de las eternas y oficiosas casandras agoreras que no dejan de existir. Habrá que tener toda una estructura científica y política, teórica y práctica para destruir la objeción deliberada. Unos habrán de argumentar con sutileza que la socialdemocracia europea es una y que sus éxitos no pueden reproducirse en un país tercermundista. Habrán de acusarla de ir en contra de la historia (porque para estos, la historia es vertical: la existencia del mercado despiadado lo es todo y nada más), habrán de acusarla de populista, expresarán contra ella toda clase de epítetos. Otros, los otrora “izquierdistas radicales” que demostraron su falta de compromiso ideológico y moral al vincularse con gobiernos corruptos e incapaces (FRG y GANA), no tardarán en acusarla de ser una “alternativa creada por la derecha internacional” dirigida a consumar la dominación económica y política en el globo.

Grandes entonces serán los desafíos para la socialdemocracia guatemalteca. Tendrá que lidiar con sus dos enemigos históricos que aunque agonizantes, aún no cesan la ejecución de peligrosos zarpasos. Y no menos grande es el desafío de heredar un país inclementemente castigado y sufrido, del cual emanan las más potenciadas demandas sociales.

Esta es la realidad a la cual habrán de enfrentarse los nuevos líderes del movimiento socialdemócrata guatemalteco. Pero la sabiduría, el compromiso, la experiencia, la fuerza y el coraje serán suficientes para cruzar esa selva descrita y llegar a concretar el objetivo: que el pueblo por fin encuentre su ruta y conquiste el desarrollo integral que históricamente le ha sido negado y que por derecho le pertenece.

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