May 17, 2002

Encienda Una Vela
Mons. Jim Lisante
Director, The Christophers

Nuestra naturaleza humana

¿Ha tenido alguna vez un día en que se siente bien, todo le sale bien, hasta que de pronto viene alguien y le desbarata todo?

Después de todo, si un automovilista le quita su espacio en el estacionamiento, o un compañero de trabajo se entromete en su área, o alguien critica la conducta de su hijo, la falta es de ellos. Sin duda, es difícil ser tolerante cuando todos ellos pueden ser tan desconsiderados. O peor aún, el comportamiento es tan ridículo que casi seguro es intencional. ¿Por qué son así?

Bueno, cuando nos calmamos, nos damos cuenta de que cometer errores es parte de la naturaleza humana. Y he aquí algunos conceptos que vale la pena recordar:

Cuando la otra persona se comporta así, decimos que es imposible de tratar...

Cuando lo hace uno, son los nervios.

Cuando la otra persona insiste en lo mismo, es obstinada...

Cuando quien insite es uno, somos firmes.

Cuando a la otra persona no le gustan nuestras amistades, tiene prejuicios...

Cuando se trata de uno, somos selectivos y tenemos buen gusto.

Cuando la otra persona trata de adaptarse a los demás, no es sincera...

Cuando lo hace no, usamos buen tacto.

Cuando la otra persona se toma su tiempo, es lenta...

Cuando lo hacemos nosotros, somos cuidadosos.

Cuando la otra persona encuentra errores, es envidiosa...

Cuando somos nosotros, somos detallistas.

Nadie quiere ser juzgado por los errores cometidos, sino sobre la conducta y el carácter. Queremos que se nos dé una oportunidad. Queremos que vean nuestra mente amplia y nuestro buen corazón.

Pero cada vez me convenzo más de que es en las pequeñas cosas de la vida diaria donde demostramos lo que realmente somos. Nuestra personalidad, nuestras convicciones, nuestros valores, nuestras virtudes y defectos, no aparecen solamente en momentos de crisis. Y es por eso que debemos ser generosos, gentiles y sinceros con el prójimo.

El gran escritor sudafricanos Alan Paton, quien luchó contra el aparteid por años, escribió: “La vida me enseño que... el amor al prójimo en acción nos salva de las imperfecciones de la sociedad y de la corrupción de los hombres... la vida me ha enseñado a buscar sustento en el esfuerzo, pero a dejar el resultado en las manos de Dios. El no ilusionarme, el verme a mí mismo, a los demás y al mundo con claridad no significa diluir la felicidad. Pero es algo que no cambiaría por ninguna felicidad formada sobre otra base. Hay una sola forma de sobrevivir la crueldad entre seres humanos, y es tratando de mostrar en nuestra vida la humanidad de un ser a otros”.

Dios no quiere que “el que seamos humanos” sea algo para lamentar, sino algo para disfrutar.

Para obtener copia gratis de ECOS S-211 “Pensamientos claros en un mundo incierto”, escriba a The Christophers, 12 E. 48th Street, New York, NY 10017, spanish-dept.@christophers.org.

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