May 14, 2004

Una Madre Ruega: Socorro, No Destruyan A Mi Hijo En Una Cárcel Juvenil

Por Laura Talkington
PACIFIC NEWS SERVICE

FRESNO, Calif.—No he podido ser madre desde que mi hijo está en el sistema de prisiones juveniles, la Autoridad Juvenil de California (CYA). He pasado los últimos cuatro años viéndolo aparecer en la sala de visitas de la CYA con cortes, moretones y rayones, Ha sido atacado por otros jóvenes o por el personal más de 40 veces. Lo he visto perder confianza en él mismo, volverse frío, deprimido y temeroso por su vida. Y todo el tiempo, no he podido hacer nada al respecto. Excepto perder el sueño. Lo que CYA llama rehabilitación, los demás denominamos tortuosos abusos.

La CYA es la peor pesadilla de cualquier padre o madre, y nuestros líderes estatales deberían actuar ahora para asegurar que ningún otro jóven es abusado y marginado mientras está bajo su “cuidado”. Como madre, pido a California que reemplace de inmediato las 10 cárceles masivas con rehabilitación auténtica.

Antes de ser encarcelado, mi hijo era un muchacho alegre y algo payasesco, lleno de ener-gía. Cuando estaba en primer grado, le diagnosticaron un desorden de hiperactividad (ADHD). Los médicos le dieron medicinas y entró en educación especial. Más tarde, un neurólogo estableció  que padecía ataques epilépticos leves y le recetó medicamentos que lo volvieron agresivo. Empezó a tener problemas en controlar sus emociones. Aunque intenté ayudarlo, no podía pagar los tratamientos especiales.

Un oficial de policía me dijo que si mi hijo era arrestado, podía ser tratado dentro del sistema judicial juvenil. Por eso, la siguiente vez que mi hijo se puso agresivo contra mí, llamé a la policía. Hice arrestar dos veces a mi hijo. No sabía qué otra cosa hacer.

Fue emplazado a un hogar colectivo que no ofrecía ayuda. Cuando no funcionó, vino a vivir a la casa. La siguiente vez que fue arrestado, le pedí que asumiera responsabilidades por sus actos, y lo hizo. Se declaró culpable y, debido a que tenía antecedentes en el sistema judicial juvenil, el juéz lo mandó a la Autoridad Juvenil de California.

Ahora, a los 19 años, mi hijo ocupa una celda solitaria durante 23 horas al día, simplemente perdiendo el tiempo. Le llaman custodia de protección. No puede ir a la iglesia porque está bajo protección, y no puede ir a la escuela o tomar clases vocacionales porque está bajo protección. Sin embargo, fue asaltado y golpeado unas cuatro veces estando bajo protección. ¿De qué lo están protegiendo?

Si yo hubiera golpeado a mi hijo de la misma manera como él ha sido golpeado en CYA, seguramente estaría ya en la cárcel. Si no lo hubiera man-dado a la escuela, o proveído alimentación o servicios, seguramente estaría enfrentando cargos por abuso infantil. Y sin embargo, así es cómo el estado de California trata diariamente a sus jóvenes con problemas. Este es un programa estilo CYA.

Con el tiempo, mi hijo se volvió duro y temeroso. No confía en nadie. Me dijo que tiene miedo de venir a la casa porque le llevará tiempo co-nectarse con la sociedad otra vez. Tiene miedo de no saber cómo actuar con la gente otra vez. Estoy aterrorizada por él y por lo que el futuro le depare cuando salga de la cárcel.

La realidad es que, cuando salga, mi hijo tendrá que ser rehabilitado de CYA. Y no será fácil. Han tratado de quebrarlo durante los últimos cuatro años.

Una nueva dirección de CYA o la eliminación de lo peor de sus prácticas no son suficientes. El problema fundamental está claro: California cumple con su obligación de rehabilitar jóvenes problemáticos tirándolos a un depósito que no es diferente a una cárcel.

Reconozcámoslo, las pri-siones nunca podrán ayudar a nuestros jóvenes. La CYA tiene que transformar completamente la forma de encarar el problema. Necesitamos programas comunitarios de base que trabajen con las familias para ayudar a los jóvenes. Aquellos que necesiten estar en un ambiente seguro deberían ser remitidos a un pequeño centro de rehabilitación que ofrezca consejería, entrenamiento y apoyo. Estos cambios no pueden esperar más.

Mi hijo perdió su adolescencia en el sistema. Como madre, lo único que puedo hacer es luchar por su futuro y luchar por detener esta locura. No dejaré de organizar hasta que lo que mi hijo y yo pasamos no vuelva a suceder.

Laura Talkington integrante de Familias por Libros, No Barras, una red californiana de familias cuyos hijos menores están en custodia del sistema judicial juvenil. La red lucha por oportunidades y rehabilitación en lugar de encarcelamiento.

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