May 10, 2002

El Buque Fantasma y Richard Wagner

Por: Paco Zavala

Richard Wagner a los veintidos años de edad compró una gruesa libreta para usarla como su diario, pensando que tal vez más tarde podría escribir una autobiografía. Por esa época ya incursionaba en el mundo de la ópera sin éxito, pero él ya sabía que tenía una cita con el destino y además de que con el tiempo se convertiría en un músico inmortal. Wagner decía que el era el músico más grande que jamás haya existido y uno de los mayores poetas, dramaturgos e intelectuales de su generación. Había algo muy inusual y sui generis, el egocentrismo de sus últimos años, que le imposibilitaba ocuparse de ninguna otra persona que no fuera el mismo y que le impulsaba a usar a todos los seres y todas las situaciones exclusivamente en beneficio propio, se rebeló en hora muy temprana. Esto no era un rasgo muy agradable de Wagner, pero debemos agradecerselo, porque sin esta vanidad y esta anormal admiración por si mismo, creemos que jamás se hubiera atrevido a concebir una estructura musical sin paralelo por la inmensidad de su propósito, o de haberla concebido nunca hubiera tenido el valor suficiente para darle vida; o tras darle existencia jamás hubiera tenido la agudeza necesaria para interesar en ella a un mundo excéptico.

Estos son algunos conceptos vertidos sobre la personalidad de este verdadero coloso de la música.

En el verano de 1839, el velero en el que viajaba Richard Wagner desde Konisberg a la ciudad de Londres fue atacado por una furiosa tempestad y arrojado sobre las costas escandinavas; los relámpagos de la tormenta, la impresionante ronquera del mar, dejaron grabada en la mente del artista un recuerdo inolvidable y evocaron en ella el espectro del marino condenado, (que es el holandés del buque fantasma), errante sobre la fantástica nave, en busca desesperada de salvación. La famosa fábula del holandés errante, recogida por Heine, ya era tradicional desde el siglo XV entre las gentes de mar del norte de Europa, tal vez como inconsciente trasposición de la leyenda del judío errante, derivada a su vez del mito de Ulises, heróe de la mitología griega, protagonista de la Odisea en la que también se le llamba Odiseo. Las tres leyendas tienen como elemento común un aspecto esencial del alma humana, en la búsqueda de: “la aspiración a una paz infinita”.

En la dramática aventura marina de Richard Wagner, amalgamada con el recuerdo de la leyenda nórdica, es fácil reconocer la idea original de esta ópera romántica. El excelso Richard Wagner le dió forma al libreto en París en el año 1841 y compuso la música en solo seis semanas, durante la primavera de 1842 en Meudon, sitio a donde se había retirado huyendo de los ruidos y distracciones de la ciudad.

En esta ópera están presentes los grandes temas de la concepción wagneriana, que son: la maldición, la redención y el deseo de muerte como la única certeza interior, motivos presentes desde Tristán a El Anillo de los Nibelungos y al Parsifal, serán las constantes fundamentales del gran artista. En esta ópera aparece también por primera vez el “ Leitmotiv, esto es el motivo conductor que individualiza un personaje, define una idea o un sentimiento, las formas cerradas, aunque conservadas con arias, duetos, baladas en las que se muestran la exigencia de aquella fusión que se realizara completamente en las óperas de la época de la madurez de este extraordinario artista, Richard Wagner.

La compañía de Opera de San Diego presenta ante el público la ópera del Buque Fantasma o el Holandés Errante de Richard Wagner los días 11, 14, 17, 19 y 21 de mayo en el Civic Theatre de las calles 3ra y “B” en el centro de San Diego. Extraordinarios artistas participarán en esta puesta en escena tales como Robert Hale uno de los más famosos baritonos wagnerianos del mundo y la dirección musical estará a cargo de Karen Keltner. Ordene su boleto al telefono (619) 570-1100 o solicite información al (619) 232-7636.

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