May 10, 2002

LA COLUMNA VERTEBRAL
El Soporte Informativo Para Millones de Hispanos
Por Elbio Rodríguez Barilari

La ley golpea a la puerta de la Iglesia

El escándalo de los sacerdotes que han abusado de menores, o que han cometido otro tipo de faltas en relación a sus fieles y a sus votos de castidad, no está siendo manejado de una manera tranquilizadora.

El aparatoso y promocionado viaje de los cardenales de EE.UU. al Vaticano, convocados por el Papa Juan Pablo II, no ha tenido ningún resultado práctico.

La impresión de los fieles en EE.UU., y en el resto del mundo, es que las altas jerarquías de la Iglesia Católica están más preocupadas por el aspecto interno del escándalo, que por las víctimas y por la crisis de confianza que esto está provocando.

El Papa hizo una declaración de tono fuerte, diciendo que éstos eran pecados graves, y que la gente los percibía como delitos, pero no tomó ninguna medida.

Rápidamente altos personajes del Vaticano comenzaron a tender varias cortinas de humo. Una de ellas, fue comenzar a hablar de poner filtros para que los homosexuales no pudieran ejercer el sacerdocio. Algo que bien se sabe es imposible de imponer: primero, porque nadie puede saber qué es cada quién en lo íntimo de su alma, y segundo, porque los estudios más conservadores dicen que por lo menos un 30% de los curas católicos actualmente en ejercicio serían homosexuales.

Lo peor de todo es confundir a los fieles, creando la impresión de que ser homosexual, que es una opción sexual, es lo mismo que ser pedófilo, que es una perversión y que en la mayor parte del mundo, además es delito.

Otro tema, traído y llevado por sus partidarios y por sus opositores, es que los curas católicos puedan casarse, terminando con casi mil años de celibato.

El celibato no fue impuesto por Jesús, no es un requerimiento de la Biblia. Durante los primeros mil años de historia católica los curas podían casarse, como lo hacen ahora los pastores protestantes y los rabinos judíos.

El tema del celibato o no celibato, que tendrá que ser discutido y resuelto dentro de la Iglesia, tampoco es lo que aquí importa. Una cosa es no ser célibe, otra cosa es ser un abusador de niños y adolescentes.

Parece claro, también, que un día las mujeres católicas van a ganar el derecho a poder ejercer el sacerdocio, más tarde o más temprano. Que es otro de los grande debates de las últimas décadas dentro de la Iglesia. Pero eso tampoco está en el centro de este problema.

Lo que importa es que, si alguien, sacerdote o no sacerdote, comete un abuso sexual contra un menor, es delito. Tiene que ser separado de la sociedad y atendido psicológicamente, además de la pena que le corresponda.

Y si alguien oculta ese delito, se convierte en cómplice. De ahí vienen las tribulaciones que está pasando el obispo de Boston, que sabía y en vez de denunciar a la justicia a esos malos sacerdotes, los fue trasladando de una parroquia a otra.

Por algo ahora están apareciendo tantos casos que tienen 20 o 30 años de antigüedad. Porque los estaban ocultando.

Hay que terminar con ese privilegio medieval, esa pretensión anticuada, de que los delitos de los curas sean tratados de una manera diferente a los del resto de los humanos.

Ya no hay una justicia eclesiástica y una civil, como en las épocas de la Inquisición.

Por el bien de la propia Iglesia, de los fieles, y de la justicia misma, la ley no puede detenerse en la puerta de los conventos y las iglesias. (c)La Raza

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