May 9, 2003

Reseña Crítica

De agua y verdes

Por Claudia Hernández

Aquel día que mi conciencia permitió a mis pasos reconocerse en medio de tan extraño y desconocido mundo, mi piel no solo se estremeció, sino que, la melancolía de saberse alógeno se hizo el pan que tendría que comer a partir de entonces hasta que la fecha incierta me brindáse un poco de vida así como, de eso que lo hace a uno vibrar en tierra madre.

Sin embargo, hoy todo aquello no solo es memoria sino que, gracias a la buena fortuna, provocó en mi la ilusión jamás vivida por cumplir como sea todo lo que siempre he soñado ejecutar a fin de aproximarme congruentemente cada vez más a través de mis actos, con lo que soy.

Factor que casi siempre secundamos prefiriendo una vida de penurias, resultado de una constante y voluntaria represión sugerida por un sistema social que nos empuja a olvidar no solo a soñar sino hasta dejar de creer en nosotros mismos.

No obstante, hoy en mi tierra, quisiera decirles a todos aquellos que me honran leyendo estas humildes pero enormemente sentidas líneas, que he decidido ser su proveedor de memorias y que así, en estas letras encuentren un poco de aquellas callecitas, de aquellas voces, de esos colores y sabores que hace tiempo ya no encuentra su mirar.

Les pido que me permitan proveerles imágenes de este tan hermoso y lleno de corazón espacio que hoy quiero recrearles a través de signos lingüísticos. Y si así lo desean pues comencemos a explotar el lenguaje que nos permita a ustedes y a una servidora a dar un viaje por medio del paradisíaco territorio mexicano.

Enormes extensiones de saúcos se mostraron imperantes a lo largo del estado de Sonora, surrealistas figuras permitían que la imaginación creara un sin fin de personajes, mientras los kilómetros se hacían un ciento más, en este viaje de vuelta a casa, de regreso a lo que un día fuí y me hace.

Horas e ilusión pasaban lentas ante un espectacular paisaje que no solo gritaba cuan majestuoso es este país sino que, nos ofrecía el regalo de sentir otra vez tanto con tan poco, un desierto mágico y millones de cactus por doquier, eran el paso árido de una ilusión aun esperanzada, aun desconocida.

La inmensa voz de esta tierra sonorense resultaba una sacudida a la conciencia y un deleitante reto a la cordura. Y de pronto, el desierto le dio una oportunidad al relax diluyendo, un tanto, la dosis de verdad con la que nos sedaba minuto a minuto, a través de un paisaje un poco más ligero al subconsciente.

Valles y majestuosas montanas vestigio de que todo, absolutamente todo, cambia y se mueve, cuán pequeños somos, ¿no creen? Así pues, el cerro del elefante se hizo presente provocando la sensación de que aquel enorme paquidermo, que le otorga nombre, deseara levantarse pacíficamente y un tanto lento a recorrer esas tierras volcánicas que le acompañan y le decoran su morada.

Por fin, el eterno paisaje de Sonora se fue consumiendo conforme pasaban las horas y el cansancio nos tomaba como sus presas, casi 12 horas de viaje por el camino de la motivación infinita, México.

Al fin, podía gritar esa palabra otra vez, “México”, mientras las horas pareciera que transcurrían cada vez mas lentas… Así, tocamos Sinaloa y casi casi por inercia rodaron en mi el son de una tambora y el oleaje de las aguas que bañan tan proliferas tierras, tomates y un tono un tanto tosco empaparon mi prejuicio.

Adetrándonos, a través de carreteras que parecían solo hacerse más largas, pudimos observar como el hábitat no solo es exuberante sino inmensamente rico y no sólo en lo que respecta a los inigualables capitales que en estos lares circulan los narcos, sino por el olor a vida que irradia tan desenfadado Estado.

Mazatlán, después de 23 horas luce un tanto cansado por tanto humo y por tanta ambición, sin embargo, sus calles huelen a esperanza y al eterno capricho por vivir vibrando, siempre sensual y carismático, como su Carnaval.

Rosario, la tierra de Lola Beltrán, un pueblo desenfrenadamente en crecimiento, presa de la globalización y desesperado por no menospreciarse, complejo que sobre todo afecta a los jóvenes, quienes con mayor frecuencia se dejan seducir por cuanta basura les proporciona Televisa, ¿la recuerdan?

No obstante, los viejos del lugar aun imponen a través de sus sabias charlas, lo que un día fue y que por desgracia se pierde a cada segundo, a pesar de la humanidad misma, la ilusión, la honestidad, la coherencia y las ganas por vivir sonando a pesar de todo…

Así, el olor sinaloense nos acompañó tres horas más hasta que por fin tocábamos lo que seria nuestro destino final, Tepic en el Estado de Nayarit. Así, el verde nos encarceló en el deleitante olor de su savia y nos dejó perplejos al ignorar tanto de nosotros mismos y al así casi como un obsequio se nos entregara de tal forma que podíamos percibir el sabor de su gente.

Después de casi 27 horas de viaje, mis pies sintieron tierra latente, tierra viva, tierra que acogería a mi hijo y a mis ilusiones. Verdes y azules pintan la esperanza de millones de familias, que habitan este Estado, jugosas frutas sacian la sed de una generación deseosa de un sorbo de honestidad, de una probadita de un refrescante cambio.

Así pues, mi querido y muy extrañado lector, de regreso a esta tierra que les ha visto partir a muchos de ustedes, quisiera preguntarles si la próxima vez estaremos juntos en un recorrido por este maravillosamente deleitante Estado.

Espero sus respuestas a través de cartas al Editor, a fin de saber si esperaran noticias de lo que sus ojos no pueden ver y de lo que su melancolía anhela saber, a fin de encontrar a través de una servidora un poco de alivio al leer, acerca de esos olores, sabores y colores que hoy sólo son recuerdos.

Gracias, mil gracias y no olviden nuestro encuentro el próximo número…

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