May 6, 2005

Demanda Social y Futuro Político en América Latina

Por: Manuel R. Villacorta O.

La mayoría de países latinoamericanos están experimentando la eclosión de grandes demandas sociales que en su proceso,  ponen  a prueba la resistencia y capacidad de los diversos regímenes políticos vigentes. Las advertencias reiteradas de diversos investigadores sociales y de numerosos centros académicos referentes a la urgente necesidad de dar respuesta al incremento implacable de la pobreza, la desigual concentración de la riqueza, el desempleo y al auge de la delincuencia común y organizada, fueron subestimadas por la mayoría de gobiernos en la región.

El empobrecimiento generalizado que ha sufrido la población latinoamericana, unido al incremento constante de población, así como las cada vez más frecuentes migraciones rurales hacia las areas urbanas, han ido potenciando un descontento masivo en la mayoría de urbes en la región; pero ha sido el cualitativo cambio en las estructuras de la economía mundial lo que ha acelerado el inminente estado de insatisfacción y reclamo violento. Muchas sociedades agrarias experimentaron la caída en los precios de sus productos y la dramática reducción de la demanda. La siempre inexistente capacitación para el trabajo y la ausencia de estabilidad política contribuyeron para que muchas inversiones se trasladaran a otras regiones del globo, lo que impidió la expansión en la oferta de empleo, y miles de pequeños empresarios han sucumbido ante el auge de los precios en las materias primas y la incapacidad para competir con los productos industrializados procedentes de Asia.

Los niveles de resistencia social ya han llegado a su límite, el desbordamiento social basado en el reclamo —ge-neralmente violento— habrá de manifestarse cada vez con mayor frecuencia y mayor impacto en toda la región. El detonante habrá de ser el incremento en el precio del petróleo que provocará  una espiral inflacionaria severa. A partir de ello, cualquier oportunidad para materializar el citado reclamo será aprovechada por las diversas organizaciones sociales, de pobladores, campesinos, estudiantes y trabajadores urbanos. El precio del citado recurso no renovable no retornará jamás a sus anteriores niveles, la escasez del petroleo es un hecho: de preservarse la actual demanda mundial y de mantenerse los niveles de producción vigentes, el mismo podría agotarse en solo dos décadas.

A diferencia de los movimientos de protesta contra las dictaduras militares y los regímenes autoritarios ocurridos en las décadas 70 y 80, esta vez no será el elemento ideológico el núcleo de los reclamos, será la desesperación de millones de seres humanos que no resisten vivir más bajo las actuales condiciones económicas vigentes. Irónicamente los desacreditados partidos políticos latino-americanos y la mayoría de autoridades actualmente en el poder, no gozan de credibilidad, por el contrario, son considerados como los responsables directos de la crisis que se vive en América Latina. Por lo tanto, el recurso de la negociación y el diálogo entre las organizaciones sociales beligerantes y los gobiernos de turno, están prácticamente descartados.

Los sucesos acontecidos en Ecuador, El Salvador y Nicaragua  hace tan solo unos días, son  una muestra de lo que inevitablemente ocurrirá en toda la región. Es necesario considerar el rol que las fuerzas armadas habrán de ejecutar ante los inminentes desbordes civiles. No menos importante será la actitud política del gobierno de los Estados Unidos ante la ola de reclamos masivos y agresivos que se darán en la región, a partir de la incuestionable influencia que este país posee como garantía de las inversiones privadas establecidas desde México a la Argentina.

Desde los modelos de sustitución de importaciones, ajuste estructural y liberación de las economías a la fecha, no se habían presentado las movilizaciones que ahora surgen. A la incapacidad política de gobiernos civiles para enfrentar los reclamos sociales se le daba como respuesta el golpe de Estado, que imponía la hegemonía militar sin cuestionamiento alguno. Pero hoy ya no es fácil encontrar militares dispuestos a cubrir el monto de una factura que no les corresponde. Como tampoco el acceso de las instituciones armadas al poder garantizaría la solución de complicados problemas estructurales que se constituyen como la causa principal para tomar las calles y enarbolar las más agresivas consignas en contra de los frágiles gobiernos establecidos en la mayoría de países latinoamericanos.

Prontamente estaremos presenciando más frecuentes misiones de la OEA, destacadas de urgencia hacia países en ebullición. Habremos de presenciar la propuesta desesperada de “ciudadanos notables apoyados por la comunidad internacional”, intentando aplacar los llamados al cambio súbito de autoridades.

América Latina habrá de experimentar a muy corto plazo la mayor ola de agitación política de toda su historia: los elementos para su eclosión están dados.

Manuel R. Villacorta O. es Doctor en Sociología Política. E-Mail: manuelvillacorta@yahoo.com

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