May 3, 2002

Sharp rinde honores a residente de San Diego que vence circunstancias desfavorables

Tommy Luján recibirá de Sharp HealthCare el premio Espíritu de Aguila

Decir que a Tommy Luján le gusta el golf es como decir que Tiger Woods es más o menos bueno para jugarlo. A Luján le encanta el juego. Y además, lo juega bastante bien.

Pero no fue siempre así. Tommy no empezó a usar sus palos de golf en serio hasta que sufrió una embolia y empezó a jugarlo como parte de su fisioterapia. Antes de eso, él admite que su juego dejaba mucho a desear.

“De chico jugué golf, pero todos mis amigos me llamaban Capitán Gancho porque nunca podía hacer que la pelota se fuera derecho”, dice Luján, quien reside en San Diego.

Ahora, puede pegarle a la pelota con un brazo y hacer que alcance hasta 250 yardas. Nunca se hubiera imaginado Luján que una embolia lo llevaría de nuevo al juego y lo ayudaría a descubrir su amor por él.

Por su fortaleza de espíritu y su perseverancia, Luján será una de cinco personas que fueron galardonados el 2 de mayo con el Premio Espíritu de Aguila 2002 por parte de los Servicios de Rehabilitación de Sharp HealthCare. El programa de premios anual Victories of Spirit (Victorias del Espíritu) hace honores a personas con discapacidades que han triunfado sobre lesiones o enfermedades traumáticas y han recuperado vidas saludables y productivas.

El 7 de diciembre de 1996, Luján acababa de terminar de trabajar en su empleo como lavador de alfombras cuando empezó a toser y notó que se estaba sintiendo entumido del lado izquierdo. Llamó a su doctor y lo refirieron a cuidados urgentes, donde le dijeron que probablemente se había jalado un músculo de la espalda durante su ataque de tos.

Hasta dos días después, cuando despertó paralizado del lado izquierdo, fue cuando se dio cuenta de que lo que tenía no era un estiramiento muscular.

“Sentí como si alguien había dejado caer una pesa de 95 libras sobre mi cuerpo,” dice. “Sentía como si alguien hubiese entrado en mi cuerpo y lo hubiese despojado de todo músculo”.

Lo llevaron al Hospital Grossmont, donde una tomografía reveló que Luján tenía un coágulo de sangre en el lado derecho de su cerebro y había sufrido una embolia. Se pasó cuatro meses en el programa de rehabilitación de Grossmont, en donde empezó a jugar golf como parte de su terapia. Pero el aprender a caminar de nuevo y subir los 92 escalones que están detrás de su casa ha sido uno de sus mayores logros.

“Allí caminaba todos los días. Empecé con un paso. Al siguiente día tomé dos. Ahora, puede subir los 92 escalones sin necesidad de detenerme del barandal”, dice Luján. “Una vez que la hice hasta el escalón de mero arriba, me sentí como Rocky. Fue una sensación maravillosa”.

Los intereses de Luján van más allá del golf. Antes de su lesión él era lanzador de dardos que competía a nivel nacional. Y no ha dejado que su embolia lo detenga de hacer esto. De hecho, la semana del 28 de abril va a Las Vegas a participar en una competencia de equipos nacionales —contra de los mejores lanzadores de dardos del país— tanto fuertes y sanos como discapacitados.

También es activo en Y.E.S.S. —el grupo de apoyo de Sharp para jóvenes que han sobrevivido una embolia. Se le puede encontrar en casas de convalescencia a través del condado de San Diego, visitando a los residentes y entregándoles pequeños obsequios con la sonrisa que lo caracteriza.

Ahora comparte con otros discapacitados sus experiencias y su determinación inflexible. Con el cariño y el apoyo de su familia y amigos, y su fe, Luján cree tener la obligación de ayudar a otros.

“Gran parte de mi vida ahora está dedicada al voluntariado”, dice. “Recibo mucho más de lo que doy. Les digo a la gente que trabajar para el Señor no paga mucho pero el plan de jubilación está fuera de este mundo. Yo estoy feliz simple-mente por estar vivo”.

Return to the Frontpage