May 3, 2002

LA COLUMNA VERTEBRAL
El Soporte Informativo Para Millones de Hispanos
Por Elbio Rodríguez Barilari

El telefonazo inoportuno

La embarazosa situación que se ha producido entre México y Cuba, como entre Cuba y Uruguay, no le hace bien a nadie.

Lo peor es la sombra de la política exterior de Estados Unidos sobrevolando la escena.

Hace muy pocos días, el Departamento de Estado tomó una posición entre tímida y cómplice con los golpistas que pretendieron arrancar al presidente venezolano Hugo Chávez de su sitio.

Hugo Chávez, nos guste o no nos guste, le guste o no le guste a la administración de los EE.UU., era y es el Presidente electo constitucionalmente por los venezolanos. Ellos son los que tienen que pedirle cuentas.

Chávez no solamente ha ganado la presidencia, sino que la ha ganado ya dos veces, y además, ha logrado la aprobación por la ciudadanía venezolana de su reforma constitucional.

La democracia no es una cosa que hay que respetar cuando le gusta al gobierno de EE.UU. de turno, y que cuando no le gusta, no se respeta.

La experiencia de Chile, donde con apoyo de Kissinger, de Nixon y de la CIA se desató el golpe de estado que acabó con la presidencia legítima de Salvador Allende (y con su vida), y que instauróla dictadura criminal de Pinochet, debería haber enseñado algo.

Fue hace un par de años apenas, que toda la prensa de este país publicó los documentos, hasta entonces secretos, que documentaban esa complicidad.

Tanto en México como en Uruguay parte de la oposición, y no necesariamente aliados de Fidel Castro, sostienen que en ambos casos se trata de una nueva docilidad frente a los mandatos de Washington, a la que ninguna de las dos naciones nos tiene acostumbrados.

Ya sabíamos, y la resbalosa actitud ante el golpe venezolano ha vuelto a demostrarlo, que el Departamento de Estado de EE.UU. no toma la auto-determinación de las naciones soberanas como un principio sino como un asunto de conveniencia, y lo mismo con el respeto por la institucionalidad democrática.

Es difícil que se lleguen a conocer los entretelones de ambas actitudes, de México pidiéndole a Castro que se fuera de la famosa conferencia, o la de Uruguay presentando en la ONU una moción desfavorable para Cuba.

Y no es que Castro no se merezca ser tratado como un dictador.

Es que la coincidencia de esas políticas, que concuerdan con la de EE.UU., pero que no concuerdan con los antecedentes de ambas naciones en materia internacional, despierta suspicacias.

Como las despierta la paciencia de Bus con Ariel Sharón, quien se permitió — ignorar, olímpicamente, las exigencias de desocupar los territorios palestinos, sin que pasara nada de nada.

Cuánta humildad de Bush ante Sharón!

Es triste que Bush imponga su política en blanco y negro, “con nosotros o contra nosotros”, menos cuando se trata de salvar de la masacre a inocentes civiles palestinos.

Es triste que un presidente democrático como Fox, haya quedado mal por mentirle al pueblo mexicano.

Y es triste que Fidel Castro haya revelado la mentira a través de un procedimiento turbio, como el dar a conocer una conversación privada, que no se suponía fuera grabada.

Fox ha sorprendido la buena fe de los mexicanos, y Castro ha sorprendido la buena fe de Fox.

Uruguay, que todavía no ha esclarecido la situación de sus propios desaparecidos durante la dictadura, ahora sale en la ONU a reclamarle a Cuba que respete los derechos humanos. Algunos dicen que es para hacerle el mandado a Bush, otros lo niegan. Ambos tienen buenos argumentos.

Pero la “gran pintura” como se dirán en inglés, es más bien deplorable.

Todos parecen haber entrado en un juego de “hagan lo que yo digo, pero no lo que yo hago”, del cual la política suele estar peligrosamente cerca.

En este caso, ridículamente cerca.

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