May 2, 2003

Vieques, Primero de Mayo

Por Fernando Martín
Senador y Presidente Ejecutivo
Partido Independentista Puertorriqueño

SAN JUAN -PUERTO RICO — El jueves primero de mayo se oficializa el cierre del polígono de tiro y el campo de entrenamiento de la Marina de Vieques. Aunque falta aún por librarse la lucha por la limpieza y devolución de las cerca de catorce mil cuerdas que siguen siendo propiedad del gobierno de los Estados Unidos en la parte oriental de Vieques ello no significa que no haya causa para una austera y bien merecida celebración.

Las organizaciones viequenses y otras organizaciones de la Isla Grande que participaron activamente en la campaña de desobediencia civil que acabó

por romperle el espinazo a la presencia de la Marina llevarán a cabo un acto ese primero de mayo al medio día frente a lo que era la entrada al extinto Campamento García. Resultaba indispensable que, más allá de las consabidas actividades oficiales y protocolarias de auspicio gubernamental que irremediablemente habrían de llevarse a cabo en esos días, las organizaciones que llevaron el peso de la lucha a través de la desobediencia civil y en contra de los gobiernos de turno estructuraran su propia actividad.

Allí estará el PIP con nuestro Presidente Rubén Berríos, para rendir homenaje a la constancia y al sacrificio de los luchadores viequenses.

Resulta todavía difícil, a tan corto tiempo, valorar plenamente el enorme saldo positivo de la lucha por sacar a la Marina de Vieques. En Puerto Rico sirvió para consolidar y agudizar la conciencia nacional no solo en términos de nuestra identidad de pueblo sino de ser una nación objeto de opresión y tiranía por parte de un gobierno extranjero que nos mantiene en una condición de subordinación política. El tinglado del fraude colonial ardió en llamas dejando al desnudo la vergonzosa realidad de nuestra ausencia de soberanía.

El triunfo de la desobediencia civil pacífica con el apoyo del pueblo, aunque no de los gobiernos generó además en nuestro espíritu colectivo un convencimiento nuevo sobre nuestra capacidad para enfrentar con éxito como puertorriqueños que creemos en nosotros mismos las mayores adversidades. Lo dicho habrá de ser sin duda el preámbulo de nuestro reclamo colectivo por nuestra liberación nacional.

En los Estados Unidos, por otra parte, la lucha contra la Marina produjo también importantes efectos que seguramente habrán de tener consecuencias decisivas. Esta lucha trajo como nunca antes a la conciencia del pueblo y del liderato en los Estados Unidos la realidad de la fundamental incompatibilidad política entre ser buen puertorriqueño y ser un buen estadounidense. La identificación por parte de la gran mayoría de los puertorriqueños de un interés nacional propio frente a lo que pudiera ser el interés nacional de los Estados Unidos constituyó el golpe de gracia al mito cultivado artificialmente por los líderes anexionistas del patio de que Puerto Rico pudiera algún día ser un candidato idóneo a ser parte integrante de la nación que son los Estados Unidos. Lamentablemente, de la misma manera que el entonces Gobernador Rosselló no pudo sostener el reclamo de “cese inmediato y permanente” ante el endurecimiento de las posiciones en Washington, la actual Gobernadora Calderón no ha sido capaz de confrontar al Congreso y a la Casa Blanca con una exigencia coherente de devolución de los terrenos de Vieques. Lo peligroso de esta actitud de renuncia al reclamo de los derechos de nuestro pueblo no es solamente que no podremos determinar ni decidir nosotros el uso que habrá de dársele a esos terrenos sino que se trata de algo mucho peor.

Mientras las tierras del este de Vieques se mantengan bajo el control del gobierno de los Estados Unidos existirá el peligro permanente de que puedan, en cualquier momento en el futuro, ser usadas nuevamente para propósitos de entrenamiento militar. Si no se enmienda la ley federal para trasladar el título de esas tierras al pueblo de Puerto Rico esas catorce mil cuerdas serán de facto una reserva estratégica militar aunque estén de momento administradas por el Departamento del Interior.

La tarea urgente del gobierno de Puerto Rico, además de insistir en la limpieza y descontaminación en Vieques, tiene que ser la de reclamar la devolución de todas las tierras que hoy ocupa el gobierno de los Estados Unidos en Vieques. Para ello debe montar una intensa campaña de cabildeo y de presión en el Congreso dirigida a esos fines. Debe considerar, además, acudir a los foros internacionales correspondientes para hacer valer los derechos de nuestro pueblo sobre esa tierra puertorriqueña y viequense.

En Vieques, el próximo primer de mayo, celebremos nuestros triunfos de ayer pero no olvidemos nuestros retos de hoy.

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