March 31, 2006

Análisis:

El inefable Salinas

Por Dagoberto Márquez

De acuerdo con información divulgada, Carlos Salinas de Gortari emitió algunas opiniones en relación con el viraje de algunos países al terreno socialista, donde plantea inclusive su propia preocupación por lo que toca a México, en referencia clara a la innegable y buena posición de Andrés Manuel López Obrador en la contienda por la Presidencia de la República. Por lo que se entiende, Salinas de Gortari, desde un cuestionable lance y con bastante y clara mala intención, politiza la posibilidad del arribo de López Obrador a la primer magistratura (del país) desde la hipócrita actitud de quien se “preocupa” por su nación pero haciéndolo desde los Estados Unidos.

Si los datos fueron correctos, Salinas se encontraba en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, tal vez impartiendo alguna de sus conocidas conferencias. Sibilino como es realmente, Carlos Salinas se burla de la realidad, modificando la perspectiva de las cosas, camuflando y matizando de tal forma que mucha gente tiende a creerle, no obstante que se sabe, y muy bien, de sus tropelías, atropellos, marrullerías y andanzas. Salinas es un hombre inteligente por otro lado, de eso no cabe duda.

Sin embargo, no tiene sabiduría, la sabiduría es propia de las personas buenas y Salinas no lo es, en efecto. ¿Que qué tiene entonces el ex presidente que cautiva a cierta gente y llama tanto la atención? Bueno, Carlos Salinas de Gortari es inteligente, ya se ha dicho, si a esto le aunamos que posee un amplio cúmulo de información, que posee también cierto sentido del humor, que tiene dotes histriónicas, que en el fondo es sórdido, adinerado, culto y socarrón, bueno, el resultado es lógico, Salinas es un hombre bajo de estatura y hasta orejón pero “lindo” y cautivador, un hombre con calvicie prematura más diestro en el análisis como resultado de su sólida formación, un hombre de “avanzada” en apariencia, pero también frío, frívolo, torvo, pérfido, embustero y calculador. Un Mefistófeles cualquiera, y no, no es exageración.

Su inestabilidad deviene de toda una serie de cosas donde sobresale su tormentosa existencia, aquella donde lo mismo le hizo ser un niño prodigio, que un político perverso y calculador. Sí, un niño prodigio porque aunque sufrió un shock delicado y grave con lo del asesinato imprudente de su empleada doméstica durante su infancia, se sobrepuso llegando incluso a ser un joven atrayente, fino, cosmopolita, aristócrata, culto, de ideología (maoísta) y cautivador.

Su carrera la inició desde un modesto escritorio de pasillo, con malas artes, grilla y argucias, se trepó a las estructuras políticas hasta salirse con la suya, desplazando a muchos, haciéndose del control, primero del Partido Revolucionario Institucional y luego de la nación. Un hombre muy inteligente pues, no cabe duda.

Por si usted no lo recuerda, Carlos Salinas es egresado de la carrera de economía, habiendo hecho sus estudios profesionales en la UNAM. Asimismo y derivado de que fue beneficiado con una beca, tras sus estudios de posgrado éste hizo estudios de doctorado en la Universidad de Harvard, la institución educativa superior más antigua de Estados Unidos, allá en Cambridge. Un hombre preparado pues, sin lugar a dudas. Por otro lado y por si usted no lo sabe, Salinas de Gortari desciende de dos troncos en verdad revolucionarios, uno priísta y otro de izquierda por vocación. Su progenitor, don Raúl, un Salinas originario de Agualeguas (Nuevo León) y su progenitora, doña Margarita de Gortari, una chihuahuense de prestigiada reputación. Un aristócrata y político del siglo 20 pues. Sin embargo…

Carlos Salinas ha dicho que en relación con los cambios escenificados en fechas más o menos recientes en América Latina no ve el izquierdismo, no en los gobiernos, dijo. “No veo mucha izquierda”… habría dicho para referirse pérfidamente a que los regímenes actuales son más farsa y faramalla que ideología tal vez. Al margen de la hermana República de Cuba, la cual se cita por separado, Salinas se refiere a los casos de Brasil, Argentina, Venezuela, Uruguay, Chile y Bolivia, aunque no da nombres el muy cabrón.

Estimado lector, Fina lectora, Andrés Manuel López Obrador no se equivoca cuando dice que Salinas se parapeta y conspira. Esto es así porque Salinas, rencoroso y sucio como es, tiene miedo. Miedo de ir a prisión. Miedo de que se conozca cómo fue que se vendieron algunas instituciones y empresas paraestatales a un cierto valor inferior. Miedo a que se conozca cómo se hicieron algunas operaciones que dieron como resultado una bola de millonarios que anteriormente fueron mandos medios en la empresa, la banca, la riqueza, las finanzas y la producción, cuando de por medio estaba la economía misma de toda la nación. Miedo a que se conozca que para que él fuera presidente, se cometieron ilícitos para apuntalar su candidatura, la cual se ganó a pulso y por la mala comprando conciencias y cooptando or-ganizaciones al por mayor.

Sí, Salinas tiene mucho miedo, miedo de tener que esconderse nuevamente, miedo incluso de poder ir a parar mediante un proceso jurídico, a una prisión. Por eso la estrategia, la estrategia política, la alianza con otros y la conspiración.

Si usted recuerda, Salinas de Gortari, después de dejar la presidencia viajó y vivió en el exilio, en Canadá, Estados Unidos, Cuba e Irlanda donde por más tiempo residió. Su itinerante modo de vida, costoso en sí mismo, le permitió poner tierra de por medio hasta que el presidente Vicente Fox su regreso permitió. Esto fue así porque al salir de su sexenio y no colocar un presidente ad hoc, todo se complicó. Si sus sueños de grandeza no se hubieran roto, Carlos Salinas hubiera hecho el intento para volver a ser presidente, por la vía de la reelección, modificando la estructura jurídica y la práctica política que conocemos en México por nuestra Constitución. Por eso, porque “como el león cree que todos son de su condición”.

Una cierta garantía para vivir lo que le resta sin andar a escondidas, por miedo o por temor, pero, por cierto, más que temer de una revancha que no tiene porqué venir de parte de López Obrador cuando éste sea presidente, Carlos Salinas debe temer por cosas de otra índole, de otro tipo, por cosas de su pasado, por cosas y asuntos personales relacionados con la traición. Si la inferencia del opinante es correcta, Salinas debe sentir miedo porque hay cosas peores, mucho peor, asuntos tormentosos de suyo peligrosos porque si pactó con narcos, nunca podrá eludir el peligro que supone la persecución y el maltrato que proporcionó solo a unos, ni lo que otros juzgan como una vil traición.

Es todo.

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