March 31, 2006

Comentario:

La izquierda en América Latina

Por Humberto Caspa, Ph.D.

La semana pasada, dos bombas explotaron en pleno centro de “Chuquiago” (La Paz), Bolivia. La primera sembró desconcierto entre la gente y la segunda produjo dos muertos y un centenar de heridos. Todo ello sucedió mientras la población se prestaba a recordar la pérdida marítima a raíz de una guerra insólita y sin sentido. A más de cien años de ese conflicto bélico, los flamantes líderes de Bolivia titubean entre ser o no ser parte del proceso globalizador o emprender un programa económico altamente latinoamericanista.

Para empezar, el globalismo económico raras veces trajo buenas nuevas a los bolivianos. En 1879, el capital internacional fue una de las razones principales por la cual perdieron su salida al mar. Hoy es también ese capital transnacional –aunque en otras condiciones— el que ha provocado zozobra en los mercados económicos y ha producido una sociedad plagada de disturbios sociales.

Sólo fue necesario una visita mía de pocos días para comprobar que las calles chuquiageñas ya no son tan seguras como antes, aunque todavía se nota la pintoresca cultura Aymara.

Según el conocido historiador económico Inglés Eric Hobsbawn, a mediados del siglo XIX, la Revolución Industrial reconfiguró el orden mundial del trabajo. Latinoamérica tomó parte de ese proceso globalizador como proveedor de materias primas, y su intervención en la economía global refortificó las bases industriales de Inglaterra y Europa Occidental.

Así, las libras esterlinas inglesas llegaron al suelo boliviano debido a la explotación del salitre (sal) y el descubrimiento del huano (excremento de las aves), mismas que los ingleses exportaron a los mercados europeos y algunas regiones de América Latina.

Jurídicamente el huano pertenecía a los bolivianos; sin embargo, eran las empresas transnacionales inglesas y una “rosca” de negociantes chilenos quienes se apoderaban del excedente que producía ese abono. En todo caso, las ganancias del huano no las absorbía el gobierno boliviano sino era el usufructo directo de chilenos e ingleses.

Una vez que el gobierno boliviano decide incrementar los impuestos por tonelada de huano, las empresas transnacionales y el gobierno inglés incitan a los chilenos a apropiarse de esas tierras a través de un ataque armado. Por eso el escritor uruguayo Eduardo Galeano, en su obra seminal Las Venas Abiertas de América Latina, ha señalado al conflicto bélico entre bolivianos (peruanos) y chilenos como “la guerra por la mierda de los pájaros”.

Desde entonces, el argumento del mar perdido ha sido un recurso populista de líderes bolivianos ineptos, especialmente de dictadores militares, que no han sabido solucionar las disputas internas de sus habitantes, por un lado; y no encuentran caminos viables para producir una economía estable, por el otro.

Estas medidas fueron patentizadas re-cientemente por el ex Presidente Carlos Mesa Gisbert, cuya retórica del retorno del mar ya estaba causando gracia entre sus colegas latinoamericanos. Asimismo, Hugo Banzer Suárez y la mayoría de los dictadores militares también utilizaron el argumento del mar para acallar el malestar del pueblo.

La falta de salida del mar, aunque lo parezca, no es el meollo del retardo económico de Bolivia, sino es la apertura descontrolada a capitales internacionales. Fueron las políticas económicas de libre mercado o neoliberales las que, en muchos casos, aniquilaron las fuentes industriales de ese país y las de otros en América Latina.

En consecuencia, el surgimiento del perfil izquierdista de muchos gobiernos latinoamericanos hoy, especialmente del nuevo gobierno boliviano, se explica a partir de los daños que ha causado las políticas radicales de mercado. Y no aparece, como sugieren algunos analistas políticos y un reconocido periodista en Miami, a partir de una contrapuesta a las políticas internacionales del gobierno del Presidente George W. Bush.

Probablemente el carácter quasi-autoritario del Presidente Bush creó más animosidad y zozobra dentro de los grupos izquierdistas de América Latina, pero los problemas ya se habían presentado anteriormente con otros gobiernos. Incluso, la inclinación hacia la izquierda de algunos gobiernos latinoamericanos ya se estaba establecido durante el gobierno de Bill Clinton.

En consecuencia, el liderazgo del nuevo gobierno boliviano parece aislarse poco a poco de la hegemonía estadounidense, y empieza a concretar acuerdos con fuerzas radicalistas de América Latina. Esta estrategia es populista y sólo funciona a corto plazo. Lo difícil es crear una estrategia económica a largo plazo que incluya, paradójicamente, a la globalización y a las poblaciones mayoritarias de Bolivia. Parece que ésta no es la agenda del nuevo gobierno boliviano.

Dr. Humberto Caspa es Profesor adjunto en la Universidad Estatal de California Long Beach. E-mail: hcletters@yahoo.com

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