March 28, 2003

Comentario

La Otra Guerra

Por: Javier Sierra

Mientras las fuerzas armadas de Estados Unidos se encuentran en el Medio Oriente, la opinión pública no habla de otro tema. La inminente guerra en Irak ha absorbido la atención nacional y mundial casi por completo.

Pero como hispano, hoy quiero hablarles de otra guerra, una que se está librando en este país y que afecta a tres de cada cinco miembros de nuestra comunidad. En este conflicto no hay fusiles, ni ametralladoras, ni bombas, ni tanques. Es una guerra silenciosa cuyas víctimas, en su gran mayoría, ni siquiera saben que lo son.

En esta guerra no hay balas ni cohetes. La munición son productos químicos tóxicos vertidos en el aire, el agua o la tierra que causan daños devatadores a la salud de quienes viven suficientemente cerca de ellos.

Se trata de un ataque tóxico contra decenas y decenas de comunidades hispanas situadas cerca de un basural, una refinería, un incinerador, una planta química o una autopista. No es una ofensiva exclusivamente contra hispanos; los afroamericanos y los anglosajones también son víctimas. Pero el porcentaje de latinos que la sufren es superior al de cualquier otra comunidad nacional.

Los ejemplos abundan, pero hoy les voy a hablar de dos casos bien ilustrativos. Empecemos en el Valle de San Joaquín, en California, donde el aire está tan contaminado por los vehículos y la actividad agrícola que vivir allí equivale a fumarse un paquete de cigarrillos al día. Pero para los hispanos del valle —casi el 40% de la población— esos cigarrillos parecen ser sin filtro.

Y si no, que se lo pregunten a Liza Martínez, cuyos dos hijos, Nicholas, de 15 años, y Eileen, de 7, sufren de asma debido a la contaminación. Los dos confirman un estudio publicado del Enviromental Working Group que asegura que en esta caldera de polución, las condiciones son un 36% peor para los hispanos.

“Yo tengo suerte porque mi familia vive en una zona menos contaminada, en Fresno”, dice Martínez. “Pero cuando Nicholas visita a su tío, quien vive en el barrio cerca de los campos de cultivo que se llenan de pesticidas, él se pone grave de verdad y hasta hay que hospitalizarlo”.

El año pasado, en el Children’s Hospital of Central California, en Madero County, la mitad de las 500 hospitalizaciones por asma fueron de niños hispanos.

Según el Dr. Kevin Hamilton, director del Programa de Asma del Centro Médico Comunitario de Fresno, entre los hispanos, el 20% de los niños y el 12% de los adultos padecen asma; mientras que entre los anglosajones, el 11% de los niños y el 7% de los adultos la sufren.

Y las muertes relacionadas con la contaminación son casi el doble entre los hispanos que entre los anglosajones.

La historia se repite en una comunidad en el norte de Denver, CO., llamada Vasquez-I70, donde más de 4,500 familias, la gran mayoría hispanas, viven en uno de los lugares más contaminados del país. Una vieja fundición dejó la tierra envenenada con plomo, arsénico y cadmio.

Estos residuos tóxicos significan un gravísimo riesgo para los más jóvenes. Con potencial para dañar todos los órganos del cuerpo humano, el plomo afecta especialmente a los niños debido a su capacidad de detener el crecimiento mental y físico. La exposición al plomo también puede causar daños catastróficos a mujeres embarazadas y a sus fetos, incluyendo nacimientos prematuros, bebés más pequeños, menor capacidad mental y posible reducción del crecimiento físico.

La situación es tan grave en Vasquez-I70 que el gobierno federal, hace años, lo eligió como “Superfund site”, lo cual lo hizo elegible para recibir fondos federales destinados a limpiar el suelo de estos venenos. No fue fácil. Hizo falta la movilización de toda la comunidad para llamar la atención de las autoridades.

Sin embargo, el año pasado, el gobierno del Presidente Bush canceló los fondos aprobados dando así un portazo a las esperanzas de un mejor futuro para 4,500 familias.

Estos son típicos ejemplos de lo que se conoce como injusticia medioambiental, por la cual a las comunidades más vulnerables les toca vivir en los lugares más indeseables.

Pero no está todo perdido en esta guerra contra la contaminación tóxica. El arma para defenderse se llama el voto. Regístrese para votar, y cuando vote, recuerde quiénes son sus aliados y quiénes sus enemigos en este conflicto.

Para más información sobre este y muchos temas más del medio ambiente, visite la página bilingüe del Sierra Club, http://www.sierraclub.org/ecocentro/index.asp.

Javier Sierra es columnista del Sierra Club. Los 700,000 miembros del Sierra Club, inspirados por la naturaleza, trabajan juntos para proteger a nuestras comuniddes y nuestro planeta. El Sierra Club es la mayor y más antigua organización de base medioambiental en Estados Unidos.

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