March 28, 2003

LA COLUMNA VERTEBRAL
El Soporte Informativo Para Millones de Hispanos
Por Yhamel Catacora

Cuando otros hablan por nosotros

A pocas cuadras se siente que el ambiente ha cambiado. El primer indicio proviene del olor equino que emite el transporte de la vigilancia de turno que ahora se encuentra resguardando el exterior de la gran mansión de la Avenida Pennsylvania, de la famosa Casa Blanca. En carros, en camiones y en enormes caballos, se pasean los frígidos policías que de rato en rato deben escuchar, a centímetros de distancia, los gritos lánguidos de uno que otro manifestante anti-guerra que hubiera osado topar con el margen impuesto por la democracia de un país acosado por el terrorismo y los enemigos externos.

Hace falta atravesar la Plaza pública en frente de la Casa Blanca para escuchar a gritos la dura realidad que vive el país: Estamos en guerra, y una que dejó a gran parte del mundo perplejo; impotente y atónito; una que en sus primeros días ya ha causado destrucción, dolor y muerte.

“En la guerra todos perdemos”, decía una canción popular, y al reconocer los rasgos de nuestros seres queridos en los soldados que componen los pelotones, es difícil deshacer el nudo de la garganta; en la guerra se pierde mucho, y en ésta estamos perdiendo la vergüenza.

Sí. Nuestra representación hispana está en las primeras filas en Irak. A veces el ejército promete brindarnos lo que otros caminos nos niegan. Como en todos los conflictos bélicos, unos más justificados que otros, los soldados latinoamericanos han sabido defender a la Patria, inclusive a la Patria nueva y ajena, la madre adoptiva o la madrastra que más de una vez ha mirado a sus hijastros con recelo e inclusive, la que les ha correteado con la migra.

Pero como somos primerizos en el ejército, en la marina  y en las fuerzas armadas, listos para librar las batallas en las que nos ha metido el Presidente, también estamos enfrente de la Casa Blanca levantando una pancarta que lee, “yo me opongo”.

De eso se trata la libertad; la libertad que prometen la ONU y el Presidente Bush; la libertad que venimos persiguiendo desde nuestros países natales; la libertad que muchas veces han pisoteado las dictaduras con botas sucias y peligrosas; la libertad de elegir, de pensar y de opinar; y de no por ello ser eliminado o desaparecer.

No existe peor mordaza que la falta de documentos; la ilegitimidad de siquiera abrir la boca; que en si es una forma de vivir aterrorizado; silenciado. Es por eso que los que pueden no deben callar.

“Todos somos terroristas”, leía otra pancarta anti-guerra; aludiendo al hecho que las bombas y los mísiles están acabando poco a poco con un país del oriente medio, con su infraestructura, con sus armas de destrucción masiva (lo que según la administración Bush, presentaba el acoso) y fundamentalmente con gente inocente, hombres, mujeres y niños, que sufrirán los daños y perjuicios del ataque.

Todos queremos que los soldados lleguen sanos y salvos, que esta guerra ridícula o no, acabe pronto y que los pueblos, grandes o chicos, vuelvan a ser soberanos, y que en el futuro cuenten con la voz de su gente para llevar a cabo acciones en su nombre.

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