March 26, 2004

Comentario

La Precarización Laboral y el Desempleo

Por Humberto Caspa, Ph.D

Como es costumbre todas los días, en las calles adyacentes a las tiendas Home Depot, muchos trabajadores latinoamericanos esperan que alguien los contrate por una jornada de trabajo. “La espera es larga y son pocos, realmente, los que tienen la suerte de ser ocupados”, dice uno de los interesados. Las mismas pesquisas laborales suceden sema-nalmente en una de las conocidas cafeterías de Starbucks, aunque en diferente circunstancia y con gente mas “refinada”–algunos caballeros vestidos de saco y corbata, las damas en atavíos decorosos de oficina. Todos hablan inglés y muchos tienen un “cartón” académico que acredita sus conocimientos universitarios.

La gente se reúne en una feria de trabajo organizada por esa empresa para contratar a los futuros servidores de capuchino, cafelate, café colombiano; y, tal vez, para cubrir una plaza administrativa. A pesar de la exquisitez de su gente, los resultados en el Starbucks son similares a la gente que busca trabajo en las afueras del Home Depot. Pocos son contratados, la mayoría termina virtualmente en la calle, desalentada/o, con un café en la mano de recompensa y con un futuro lleno de desesperanzas.

El panorama desalentador de la población que busca empleo en el sector productivo, financiero, o de servicios aparentemente contradice los últimos datos estadísticos que presenta el gobierno a través de sus agencias laborales. De acuerdo a estos indicadores, el país creció notablemente en el último semestre económico. El producto interno bruto (PIB), por ejemplo, se expandió en un promedio de 6% desde Julio a Diciembre de 2003. Las mismas fuentes manifiestan que ha existido una reducción mínima de PIB en el presente trimestre. Por otra parte, se estima que las bajas tasas de interés promovidos por la FED y los recortes tributarios a los quintiles más ricos de la población económicamente activa (PEA), propiciados por el actual gobierno, han estimulado positivamente a la inversión interna y a la producción exportadora.

Si la economía está supuestamente en plena recuperación, como manifiestan los indicadores oficiales, ¿por qué el desempleo demuestra una actitud contraria? En la vida real, como vemos en el ejemplo anterior, la PEA no ha logrado concretar un trabajo de acuerdo a sus capacidades y educación. Muchos jóvenes profesionales y algunos con bastante experiencia terminan en estas empresas de servicio, como Starbucks, Diedricks, tiendas comerciales, etc., por falta de alternativas tangibles en lugares de trabajo de acuerdo a sus currículums laborales.

Las cifras oficiales de la Agencia Laboral de Trabajo de los Estados Unidos concuerdan con esta disyuntiva de crecimiento económico y desempleo. En el presente trimestre, el desempleo se mantuvo a 5.6%, teniendo una variación de 5.8% en los últimos seis meses. Este promedio es sumamente altísimo para una potencia industrial que requiere de la estimulación constante de sus habitantes en el mercado interno, que está abarrotado virtualmente de mercancías de todas partes del mundo, particularmente de los países asiáticos.

No obstante que el desempleo viene a serles el meollo del problema económico actual, la precarización del trabajo no deja de ser otra preocupación latente para el presente gobierno y la sociedad norteamericana en su conjunto. El economista y sociólogo mexicano Adrián Sotelo Valencia ha utilizado el término “precarización laboral” a un fenómeno dentro del actual proceso de globalización económico, el cual, según su punto de vista, ha devaluado las capacidades cognoscitivas y, en algunos casos profesionales, de la población económicamente activa. Es decir, existe una alarmante población capacitada que ha sido cesada de sus puestos de trabajo, y no ha sido relocalizada adecuadamente por el sistema a otros centros laborales similares o compatibles. El resultado, por una parte, es la desvalorización del capital humano; y por la otra, la incorporación voluntaria de estos trabajadores en los centros como Starbucks y otras áreas de servicios, cuyas retribuciones salariales están por debajo de las capacidades laborales de sus nuevos trabajadores. En este sentido, uno de los supervisores de Diedricks Coffee se jactaba el otro día, cuando entrevistaba a un potencial candidato y le decía, “mucha gente como tú (la persona entrevistada) tenía licenciatura en Administración de Empresas de una de las Universidades Estatales de California”. Aparentemente el puesto que buscaba era para servir capuchino y café colombiano, y probablemente para limpiar las mesas. Con todo los gastos que implica el proceso de educación, un puesto laboral de este tipo simplemente no tiene sentido económico.

Asimismo, la fuga de trabajos a otros mercados nacionales no facilita la inserción de estos jóvenes profesionales en el mercado laboral. Recientes datos indican que muchos puestos laborales de clase media, que anteriormente eran ocupados por jóvenes universitarios recién egresados, se han esparcido por el mundo, concretamente en la India. Para no ir muy lejos muchas empresas, por cuestiones de competencia y ganancia, se mudaron para México y Centro América; aunque recientemente algunos inversionistas norteamericanos han optado en clausurar sus plantas industriales y entablar directamente con productores en China y otros países asiáticos.

En consecuencia, el problema del desempleo y la precarización laboral tiene raíces sistémicas y está circunscrita dentro de un fenómeno económico global. Lamentablemente, en vez de abordar el problema, tomando en cuenta estos elementos, la actual administración, con sus políticas económicas desreguladoras, simplemente ha fomentado la regeneración de ese mal. El gobierno norteamericano, decía el Primer Ministro electo de España, “necesita una autocrítica de sus políticas en la contienda con Irak”. Del mismo modo, la administración Bush, requiere de una autocrítica económica si no quiere que una generación de desempleados ponga a su líder en las calles adyacentes del Home Depot.

Humberto Caspa tiene una Maestría en Ciencia Política, un doctorado en Estudios Latinoamericanos, y fue Catedrático de la Universidad Estatal de Fullerton.

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