March 26, 2004

Comentario

9-11, 3-11 … 10-11?

Por Andrés Lozano

¡Nada prospera como el éxito! La tentativa lograda por al-Qaeda de descarrilar las elecciones españolas e imponer a su candidato, será reiterada aquí para las elecciones de noviembre. La esencia es identificar dónde y cuándo la repetirá, no si lo intentará. Una cosa es cierta: no escatimará medios y vigor para derrotar a George W. Bush. En paradoja, está certitud pone contra las cuerdas a la campaña de John F. Kerry. Así funciona la ley de los efectos inesperados. El éxito terrorista alcanzado en España pudo haberse logrado al costo de prevenir al electorado americano. Cuando se caliente la campaña electoral, entre el día del trabajo y el día de muertos, JFK estará obligado a convencer a los votantes americanos no será el delegado de Osama Bin Laden o peón del terrorismo. Será osado de JFK sincerarse con el electorado y acto de acrobacia supremo, ofrecer alternativa eficaz distinta a la llevada a acabo por el presidente Bush.

Por lo anterior, al-Qaeda, aliada de facto de Kerry, precisa actuar de forma amplía, no disminuída, opciones electorales de su candidato. La opción de intentar nuevos ataques terroristas en EUA no es la mejor. Cualquier acción de este tipo sólo galvanizaría al electorado en torno a Bush a quien refrendarían mandato para acabar con el terrorismo. Los atentados en Europa son de impacto secundario, pues están previstos y descontados. Además, reforzarían y justificarían la postura de GWB. Por estas razones, los escenarios para cometer actos terroristas de gran impacto, bajo costo y elevado rendimiento se reducen a dos opciones principales: Canadá y México. Más sobre esto en mi próxima entrega.

Canadá y México están cerca y fuera de EUA al mismo tiempo. Actos terroristas victoriosos en Montreal, Toronto, la Ciudad de México y Tijuana, por ejemplo, aumentarían la incertidumbre americana sin provocar represalia inmediata. Corroerían el ánimo de muchos electores indecisos a favor del apaciguamiento. Serviría a la campaña de Kerry para argumentar la batalla terrorista dada por Bush no rinde resultados, mantiene y aumenta el nivel de amenaza contra EUA y aliena a ambos vecinos de EUA.

La estrategia de al-Qaeda parte de una certidumbre: Kerry prefiere derrotar a Bush a derrotar al terrorismo. La campaña de competencia desleal de los demócratas da pábulo a esta afirmación. Es una tragedia el partido de Roosevelt, Truman y Kennedy subordine la seguridad de los americanos a la posibilidad de un triunfo electoral inmediato. ¿Qué ocurre si gana Kerry sobre una plataforma pacificadora y, enseguida, para infligir el mayor daño posible, los terroristas desatan atentados en EUA? Hay que aprender las lecciones de la historia. En la campaña de 1916, Wilson obtuvo la reelección bajo la promesa solemne de mantener a EUA fuera de la primera guerra mundial. A escaso mes de iniciada su segunda gestión declaró la guerra a Alemania. El electorado no olvidó el engaño aunque fue correcta la decisión. Durante doce años no eligió un solo presidente demócrata y mantuvo en minoría a sus legisladores en el Congreso.

¿Qué hubiera ocurrido si los republicanos, en plena segunda guerra mundial, hubieran criticado la estrategia de Roosevelt para derrotar al eje y ganado elecciones sobre una plataforma titubeante? ¿Aparte hubieran cuestionado motivaciones, argumentando Roosevelt, sabía -como sabía- sobre la inminencia del ataque a Pearl Harbor? En toda probabilidad habrían provocado un armisticio y reconocimiento del estado de cosas al momento de signarlo. Alemania, Italia y la URSS dominarían hoy a Europa dividida entre la esfera nazi y la esfera comunista. Japón extendería su imperio hasta la India y Australia. EUA sería fortaleza inexpugnable y solitaria dentro del hemisferio occidental. ¿Suena descabellado? ¡No lo es! Es el objetivo del terrorismo: Dominar Levante, mantener sumisa a Eurabia y alejado e indiferente a EUA. El eje Berlín-París ya es Berlín-París-Madrid. Como en 1940, el Reino Unido está solo. Rusia es fuerte para aplastar cualquier invasión musulmana y débil para impedir la contaminación gradual. Kerry presidente sería un apaciguador del corte de Bill Clinton: combatiría el islamoterrorismo con declaratorias conjuntas en las naciones desunidas. De vez en cuando dispararía una andanada de mísiles sobre el desierto para calmar ansias del público americano: mucha forma con poco contenido. Entre las lecciones de la guerra al terrorismo conviene aprender los fanáticos funcionan dentro de tiempo ilimitado. Si logran sus objetivos en cinco años, bien. Si los logran en quinientos, también. El tiempo no es de consideración para el empeñado en difundir e imponer su verdad única. En cambio, en occidente, los apaciguadores sólo quieren ganar elecciones inmediatas para sostener mandatos breves. Son rehenes del inmediatismo y en función suya funcionan. Si Chirac, Schröder, el visir Rodríguez Zapatero y Kerry tuvieran como prioridad la seguridad de sus pueblos y del mundo en lugar de sus estadías y triunfos personales, encararían al terrorismo en vez de esquivarlo.

Por eso, para quienes la supresión del terrorismo es la prioridad de nuestra generación, la victoria de Bush no nos espanta aunque haya diferencias en algunos temas secundarios. En cambio, la de Kerry nos quita el sueño, aunque satisfaga algunos temas secundarios en detrimento del primordial.

Andrés Lozano alozanoh@msn.com

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