March 25, 2005

La ballena gris: visitante milenario de Baja California

Fotos y texto por Luis Alonso Pérez

Por siglos, los primeros pobladores de la península de Baja California observaban y admiraban a los gigantescos animales marinos, que año tras año visitaban sus mares para aparear o dar a luz a un crío, que años después volverá a sus costas para continuar con un ciclo milenario de vida.

Actualmente, la creciente industria del ecoturismo en Baja California brinda la oportunidad para que los viajeros que visitan la península puedan observar a estos majestuosos gigantes y si tienen suerte, acercarse lo suficiente para tocar su gruesa piel gris.

Es difícil creer la nobleza e inteligencia con la que se acercan las ballenas a algunas lanchas de los turistas para jugar o recibir una caricia, cuando hace menos de medio siglo era conocido como el pez diablo, debido a la fuerza y destreza con la que golpeaban y en ocasiones volteaban embarcaciones de los despiadados cazadores que explotaban esta especie, manchando de rojo las costas de la península y llevando a la ballena gris cerca de una extinción total.

Ahora, el ciclo de amistad del humano y la ballena ha sido enmendado, gracias a la prohibición de su explotación comercial y a la declaración de sus santuarios como patrimonios de la humanidad, lo cual asegura su protección ante las leyes nacionales e internacionales. Como consecuencia, la población de estos mamíferos marinos ha alcanzado niveles estables y aunque ya no estén considerados en peligro de extinción, su futuro sigue en riesgo.

Desde hace varios años se pueden encontrar a lo largo de la península puertos en los que se ofrecen viajes de avistamiento de ballenas. Entre los puntos más conocidos se encuentra el puerto de Ensenada, la laguna Ojo de Liebre en Guerrero Negro y la laguna de San Ignacio, un antiguo y pintoresco pueblo fundado por los misioneros jesuitas en el siglo XVII.

La laguna de San Ignacio es uno de los puntos más importantes para turistas e investigadores de ballenas por la variedad de compañías que ofrecen viajes de avistamiento. Una de las favoritas de turistas nacionales e internacionales es Kuyima, un hotel ecológico que ofrece paseos en lancha, así como servicios completos de hospedaje y alimentación.

Para muchos viajeros, el paseo de avistamiento es una experiencia única que puede disfrutar desde principios de diciembre hasta finales de abril. En un recorrido de una hora y media, los visitantes pueden observar a muy corta distancia los rituales de cortejo y apareamiento entre machos y hembras a principio de la temporada, así como observar a las madres con sus ballenatos a finales de temporada. Si se tiene suerte, las ballenas se acercan a las lanchas para convivir con los humanos.

Muchas ballenas se acercan a jugar con los navegantes de las embarcaciones de la misma forma en la que llega un perro a jugar con su dueño, pero con unas cuantas toneladas de diferencia. La forma tan gentil y juguetona con la que pasean cerca de las lanchas o se dejan tocar por los visitantes demuestra su desarrollada inteligencia y sus bromas como salpicar la lancha de agua que sale de sus orificios nasales demuestran que a pesar de que el humano orilló a su especie al borde de la extinción, han perdonado y las relaciones entre los humanos y las ballenas han vuelto a prosperar.

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