March 22, 2002

Punto de Vista

El Colmo de la Negligencia Federal

Por Jesus Hernandez Cuellar

Si alguien nos hubiese dicho que el Servicio de Inmigración y Naturalización (INS) de Estados Unidos podría otorgar visas a terroristas, habríamos pensado que errar es humano. Ahora se nos ha dicho que este organismo ha concedido nuevos visados a terroristas que murieron hace seis meses en los atentados contra Nueva York y Washington.

Kafkiano, ¿no! Pues así es. Exactamento el 11 de marzo, cuando se cumplían seis meses de la tragedia, a la escuela de capacitación de pilotos de Venice, Florida, donde Mohamed Atta y Marwan Al-Shehi recibieron su entrenamiento, llegó una notificación del INS en la que se informaba de que los visados de ambos terroristas, ya muertos, cuyas fotos e historial han sido ampliamente divulgados por la prensa, habían sido aprobados.

El secretario de Justicia, John Ashcrof, iracundo y frustrado, dijo que estuvo a punto de destruir su televisor cuando escuchó la noticia. El presidente George W. Bush y un número significativo de congresistas han pedido que se delimiten responsabilidades entre los funcionarios del INS que tuvieron que ver con el asunto.

Otros muchos funcionarios y legisladores, que desde hace años quieren eliminar el INS o modificar sus funciones, han aprovechado la situación para volver a la carga.

Activistas dedicados a la defensa de los emigrantes han señalado que mientras esto ocurre, miles de mexicanos que laboran en los campos agrícolas de California, en los restaurantes de Texas y en la industria de la construcción de Arizona, no consiguen una salida honorable a su irregular situación migratoria en Estados Unidos.

Las organizaciones cubanas, dominicanas y haitanas, igualmente han manifestado su preocupación por las deportaciones de emigrantes de esas nacionalidades, capturados en alta mar luego de largas y peligrosas travesías por el Estrecho de la Florida.

Los 19 secuestradores de los cuatro aviones estrellados el 11 de septiembre, entraron en Estados Unidos legalmente, y sólo tres de ellos habían estado más tiempo del que permitían sus visados. Atta y Al-Shehhi fueron inclusive beneficiados con un cambio de estatus, de visitantes a estudiantes, y esa fue la notificación que llegó a la escuela de pilotos el 11 de marzo. Ambos participaron en el atentado suicida contra las torres gemelas del World Trade Center, y por lo menos el rostro de Atta, que se cree era el cabecilla del grupo, es desde hace seis meses tan familiar como el de Al Pacino o Marlon Brando.

El 15 de marzo, después de un aluvión de críticas, el INS anunció que cambiará de puestos de trabajo a unos cuatro o cinco empleados no identificados que aparentemente tuvieron que ver con la decisión de otorgar visados a los terroristas. La medida no comprende despidos ni castigos.

Ineficiente, burocrático y mediocre como organismo federal, el INS tal vez debía desaparecer como proponen algunos legisladores. Pero ése no es el punto. De nada valdría eliminarlo y crear otro organismo al que fueran a trabajar los mismos funcionarios que examinaron los casos de los terroristas y aprobaron sus visados, después de que éstos habían muerto y eran mundialmente conocidos.

El punto clave a tomar en cuenta debe ser la capacidad de los funcionarios, no el nombre y la estructura del organismo. Este enorme y más reciente ridículo del INS, debía ser un llamado al gobierno y al Congreso, respecto al nivel de eficiencia de los organismos federales, especialmente de aquellos que directa o indirectamente, tienen una res-ponsabilidad con la seguridad de la nación.

Si verdaderamente se desea combatir el terrorismo internacional, inclusive el que opera dentro de las fronteras de Estados Unidos, la limpieza en busca de la eficiencia y la seguridad ha de empezar por casa.

Si esa limpieza se hiciera ahora mismo, con efectividad, muchos, muchísimos empleados federales tendrían que ir a cobrar su seguro de desem-pleo, en silencio, con la cabeza baja.

Cuellar es editor de CONTACTO Magazine (http://wwwcontactomagazine.com). Publicado en CONTACTO Magazine el 15 de marzo de 2002.

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